lunes, 7 de octubre de 2013

La conjura de 'La Divina Pastora'




Por Miriam Celaya
La Habana

Un título tan cursi podría parecer sacado de la más mediocre novela negra, sin embargo, se refiere a hechos reales: el restaurante La Divina Pastora, perteneciente a la oscura corporación Gaviota, del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Minfar), enclavado en áreas del Parque Histórico Morro-Cabaña, en La Habana, ha sido cerrado para iniciar un proceso de licitación. Sus trabajadores han quedado "disponibles" en la "bolsa de trabajo". Son las nuevas víctimas de otra conjura de la mafia verdeolivo.


La conjura  

Meses atrás comenzó a rumorearse que La Divina Pastora estaría entre los restaurantes que formarían parte del experimento piloto de las cooperativas no agropecuarias que se proponía desarrollar el Gobierno, inmerso en sus controvertidas “reformas”.  Los trabajadores se preocuparon que esto provocara un plan de despidos; pero "desde arriba" se les aseguró que no habría despidos y esto creo expectativas de los que pensaban que sería un nuevo y ventajoso comienzo.   Pronto se entusiasmaron ante la perspectiva de trabajar de manera autónoma en un restaurante de posición privilegiada, justo a la entrada de la bahía con una vista panorámica de la capital y una plaza frecuentada por numerosos turistas extranjeros. 

La primera sorpresa sobrevino cuando en una Mesa Redonda de la TV un periodista declaró que "los trabajadores de La Divina Pastora" no querían cooperativizarse.  Atónitos ante la calumnia escribieron al programa y elevaron su queja a diversas instancias. Los medios oficiales no rectificaron el error.  Poco después el presidente de la corporación Gaviota se presentó conciliadora y paternalmente en el restaurante y les explicó s los trabadores que la cooperativa sería algo favorable por lo que debían elegir a cuatro en representación de todos, para que recibieran un seminario acerca de lo que sería la empresa cooperativa y sobre el proceso de transformación al nuevo modo de explotación del restaurante. Los elegidos pasaron su seminario con el mayor empeño, mientras las expectativas de sus compañeros subían de punto ante la inminencia del cambio.


El golpe 


Un primer impacto contra las ilusiones llegó en otra reunión en la que  a los empleados aspirantes a cooperativistas se les habló de que tendrían que abonar todos los impuestos por disímiles conceptos y 40 CUC por cada metro cuadrado de superficie ocupada, incluyendo las áreas de parqueo, que no generan los mismos ingresos que el salón-restaurante.  Además para iniciar la cooperativa ellos tenían que aportar un adelanto de 116 mil CUC, un monto alucinante. Cundió una sensación de irrealidad que arrancó un clamor general. Aquello debía ser un error, no podía ser serio. Pero no, la cifra había sido asignada por especialistas y la directiva de Gaviota. ¡Ah, compañeros, hay que pedir un crédito bancario y acordar con éste los plazos de devolución y los intereses!  Se decidió que una representación de los trabajadores iría al Banco a solicitar el préstamo y acordar las condiciones. Nadie quería descorazonarse.   

La amable empleada del Banco no entendía qué era lo que solicitaban aquellas personas. ¿De qué crédito estaban hablando?, ¿sobre qué fondos creían que podían acceder a un préstamo, en especial tan elevado? De hecho, les explicó, La Divina Pastora jamás había ingresado un centavo a las arcas del Banco, como si de una entidad fantasma se tratara. ¿Y entonces, qué podían hacer los trabajadores? La gentil empleada bancaria no sabía; solo conocía lo que no podían hacer: obtener crédito.  

Ante las quejas y reclamaciones de los trabajadores se presentó  el señor director de Gaviota, esta vez ceñudo, autoritario e investido de todos los poderes, y les espetó sin ceremonias que las cifras asignadas por concepto de impuestos sobre el espacio, así como el capital inicial, "no eran negociables".
 

Epílogo

A los atribulados trabajadores les fue informado que el viernes 20 de septiembre de 2013 el restaurante quedaría cerrado y se procedería a su licitación. Porque resulta que ya hay (en realidad siempre hubo) un inversor con capital disponible para asumir la "cooperativa". Como habrán adivinado los lectores, se trata de un miembro prominente de la casta de los ungidos que seguramente no precisó de un crédito bancario ni de una declaración de ingresos para colocar el dinero requerido. En cuanto a los trabajadores, bien, gracias, cada uno en su casa procurando tragar el buche amargo. 

Quizás se estén preguntando de qué valió que durante años pagaran puntualmente sus cotizaciones al sindicato, que asistieran a las marchas "revolucionarias" convocadas por el mismo poder que ahora los desalojó, y que —procurando "no señalarse"— obedecieran mansamente y sin rechistar cada orientación de las alturas.   

Septiembre 30 de 2013

Condensado para La Nueva República del artículo original en Diario de Cuba


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