martes, 3 de octubre de 2017

Cuba, la tierra de los niños felices


A la luz de los tímidos intentos de reforma introducidas por el gobierno castrista a partir del último pleno del Partido Comunista celebrado en 2011, se evidencia ya gran discrepancia entre estas políticas que determinan los rumbos económicos de la nación y las necesidades e intereses de la población. Entre otras problemáticas nos encontramos ante la realidad incontrovertible de que para muchos, estas políticas resultan cuando menos insuficientes para crear un ambiente apropiado para el desarrollo verdadero y tangible del ser humano como individuo, más allá de la masa y de los mecanismos de control, el hombre nuevo y los desgastados discursos de izquierda, un ser social que logre la suficiente solvencia económica que le permita realizar un proyecto de vida, crear una familia disfrutando cada etapa adecuadamente.


Prácticamente finaliza el verano, o al menos la etapa vacacional, donde muchos tenemos en casa a nuestros pequeños por casi dos meses. Como de costumbre las opciones recreativas se hacen cada temporada más difíciles de encontrar. Lugares emblemáticos como el Acuario Nacional, El Parque Zoológico, el Rodeo de Rancho Boyeros o las instalaciones del campismo popular se encuentran en franca decadencia, otro tanto ocurre con las áreas deportivas municipales, y que decir de los prácticamente desaparecidos cines de barrio, que hicieron las delicias en las tardes de domingo de nuestros padres y abuelos.


Interesante asunto es el azaroso viaje hacia las playas del este de La Habana, dígase El Mégano, Mar Azul, Santa María o Guanabo, que requiere un temple de carácter digno de admirar, pues abordar una ruta 400 (el A40 como la designa ahora Transporte Habana) en horas de la tarde o de la mañana puede resultar incluso hasta peligroso entre las grandes aglomeraciones y los muchos tragos de más de los bañistas, mientras otros, los que pueden, pagan los 30 o 50 pesos moneda nacional por pasajero que cuesta un taxi almendrón en la ruta Habana - Guanabo y los más privilegiados, toman los autos de alquiler que por 25 o 30 CUC te dejan en la puerta de la casa casi al salir del agua.


Para una familia cubana de hoy de abajo y de a pie, resulta particularmente embarazosa la etapa vacacional. Como padres queremos lo mejor para nuestros hijos. Pero, como lidiamos con ese sentimiento de frustración, de impotencia cuando no podemos dar a los niños el merecido tiempo de distracción que necesitan y que también necesitamos nosotros porque no, pues en definitivas son esas las memorias que atesoraremos siempre, las que ellos guardaran para cuando sean mayores y ya no estemos, las que le servirán de guía e inspiración al tomar las manecitas pequeñas de sus futuros hijos o nietos y como lo hicimos con ellos, llevarles de paseo e inculcarles entre sonrisas esa sabiduría cotidiana, esos valores que tanta falta nos hace, como individuos y como sociedad.


Entonces, como le explicas a un niño de 8 u 11 años que, aunque te pasas la semana y los meses trabajando, a tal punto que a veces no tenemos tiempo de jugar un rato con ellos o revisar sus tareas de la escuela, que a la hora de una salida hay tantas cosas a las que no podrá acceder, tantas golosinas o juguetes que no le podrás comprar, ropas y zapatos que ni siquiera podrá pensar en usar, tecnologías con las que solo podrá soñar.  Como sacarlo a pasear sin comprometer luego la compra de insumos semanal. Como le haces para salir del aprieto en que te pone el niño cuando frente a todos y en medio de una tienda te pide que le compres unas confituras cuando tú apenas traes en tu cartera lo indispensable para un litro de aceite y un paquete de detergente. Sin mencionar lo complicada que se tornara la situación cuando los chicos crezcan, lleguen a la adolescencia y con ello el estar a la moda, la aceptación del grupo y los pagos a los profesores particulares para así atenuar las deficiencias del sistema educacional y que el muchacho logre llegar medianamente encaminado a la universidad.

Hoy día los precios de la ropa y los juguetes de los niños adquieren valores cada vez más altos. Y que conste que tomamos para hacer esta afirmación el listado de precios oficiales, los que encuentras en los productos de cualquier establecimiento estatal, por lo general en divisas.


Así por ejemplo, un par de zapatos para un niño de 2 o 3 años de edad puede costarte desde los 15 hasta los 30 CUC (equivale al dólar) , para niños de 8 y 12 años siempre más de 25 CUC, un jueguito de short y camiseta unos 12 a 15 CUC, una camisa 12 CUC y unos jeans 18 CUC.  Un coche para bebe entre los 45 y 120 CUC. La cuna más de 150 CUC, (en las tiendas TRD no las he visto pero si las sacan superan los 200 CUC).  Los pañales desechables oscilan entre los 6 y 15 CUC dependiendo de la talla y marca. Algunos productos son asignados a través de las canastillas o tiendas en moneda nacional con precios subsidiados, pero donde la calidad y la variedad dejan mucho que desear y donde además para adquirirlos has de hacer largas filas a riesgo de no alcanzar.

El alto precio que el gobierno impone a los juguetes resulta insultante, toda una burla al ciudadano medio, a ese proletariado que es supuestamente la razón de ser de la Revolución.


Estamos hablando primeramente del desabastecimiento que sufren la gran mayoría de las propias tiendas recaudadoras de divisas, pero si diriges tus pasos hacia las selectas tiendas de hoteles como El Habana Libre, El Tritón o El Comodoro, hallarás los estantes de las jugueterías colmados de productos, eso sí, necesitaras también unos bolsillos colmados de billetes, pues los precios superan en muchos casos los 40 y los 60 CUC, es decir más de 1500 pesos moneda nacional, unos tres salarios mensuales aproximadamente, para comprar a tu hijo o hija un camión de bomberos o un juego de cocina o una muñeca.


¿Serán acaso estos fenómenos los detonantes de que desde finales de la década de 1990 en Cuba se experimente un acelerado descenso en los niveles de fecundidad afectándose así el crecimiento demográfico de forma negativa?  Desfavorable situación que conduce a la nación hacia el envejecimiento poblacional, que aunado al complejo fenómeno del éxodo de los jóvenes hacia otros países, constituye una seria problemática que deja en ciernes el relevo generacional y productivo, comprometiendo así irreversiblemente el futuro económico y social de la nación.


Como parte del dilema inicial nos encontramos primeramente la ausencia de un espacio propio donde desarrollar el clima necesario para la creación de una nueva familia. En los hogares cubanos encontramos, en una misma vivienda, cierta mixtura generacional que conspira incluso contra la indispensable privacidad de la pareja, la convivencia se torna entonces irresistible al confluir las limitaciones económicas en contraposición con algo tan cotidiano como los gustos televisivos y culinarios, las distintas costumbres y hasta el tiempo dedicado al cuidado de la higiene personal (imagine usted la rutina de un amanecer  cualquiera, en un apartamento concebido originalmente solo para cuatro personas que consta por lo general de un solo baño, donde habite una familia conformada por tres matrimonios de distintas generaciones, incluido dos niños pequeños en edad escolar, los inconvenientes que conllevaría el mero hecho de aprestarse a salir cada mañana). Historias así se repiten tras las puertas de miles de hogares cubanos.

No nos llamemos a engaño con eso de que: Donde caben dos caben cuatro, quizás suene bien al oído, pero no al estómago ni responde a la noción más elemental de confort.  Al parecer el gobierno prefiere ignorar esta situación como una de las tantas que aquejan a la población cubana y que por lo visto acaso se supone sea resuelto por obra y gracia del santoral mítico propio del proceso revolucionario.


Permitir o justificar posturas que pretendan el desentenderse o disgregarnos del tema nunca precipitará por si solo una solución que revierta este complejo y serio proceso.  Disimiles son las causas del fenómeno, la mayor parte de ellas relacionadas con la incompetencia e indolencia de un gobierno que no es capaz de implementar un programa que fomente y torne en una posibilidad real y viable algo tan natural e inherente a la humanidad misma como la maternidad y sobre todo que coadyuve a su normal desarrollo psíquico espiritual y material.


¿Cómo enfrentar estos retos cotidianos con un mísero salario, siendo honestos y sin que nos tiemble las piernas de solo imaginarlo?


Parecería pura banalidad, cosas que pasan; pero cuando tienes que elegir entre comprarle un par de zapatos a tu hijo para que calce lo más decentemente posible en la escuela y no sea presa de las burlas, regalarle algún juguete o comprarle la leche del mes para que pueda desayunar; entonces ves estos pequeños detalles desde otra óptica. Para que luego en los noticiarios oficialistas o en algún programa de horario estelar te hablen de altruismo, austeridad y solidaridad; o pretendan convencerte de que todo va bien en Cuba y que los problemas solo se hayan más allá de nuestras fronteras, que la economía del país está en crecimiento, y lo que falte es por culpa del bloqueo, así tan cínicamente.


Entonces, como le explicas a un niño de 8 u 11 años que toda la educación escolar que recibirá en su vida está basada en una mentira, en el miedo, la tergiversación de la historia y la represión, que la sociedad cubana ha degenerado en una masa servil a merced de los caprichos de una turba de burócratas mediocres e incapaces que secuestraron la nación para simplemente convertirla en una extensión de su potrero.


Que la figura de el enemigo es un actor imprescindible para las dictaduras totalitarias en su puesta en escena , que el hombre nuevo fue la gran estafa, que el populismo “ama” tanto a los pobres que los multiplica y que aun habitamos en una burbuja que tiene mucho de Macondo y del 1984 de Orwell, que no se puede estar pendiente insidiosamente de La Vida de los Otros y que si algún día logra salir de Cuba tendrá que chocar con la falta de eficiencia con la que nos educaron, pero que aun así descubrirá que más allá del telón de acero existe un mundo real rico en matices, que con sus luces y oscuridades no es perfecto, sí, pero donde al menos encontrara la posibilidad de escoger por sí mismo y de conocer el verdadero significado de las palabras libertad y democracia.


Si la cúpula gubernamental concientizara en realidad todo esto e implementara a su vez medidas que realmente fomenten y beneficien el florecimiento del individuo sobre la masa, del sector privado, sin verlo como una amenaza para su ideología, y si como una herramienta útil para viabilizar una solución a la necesidad imperiosa de generar un proceso de crecimiento y de cambios para que finalmente, la población cubana mejore la calidad de vida, demostraría así, de una manera clara y sencilla, sin tanta consigna o palabrería, que verdaderamente respeta a ese pueblo al cual se debe.


Ya lo acotó de manera provisoria Winston Churchill y la historia se ha encargado de demostrar su vigencia: “el socialismo es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia y la prédica de la envidia, siendo su virtud inherente la distribución igualitaria de la miseria”.

Por Steve Maikel Pardo Valdes, Defensor del Pueblo y activista del CID en el municipio 10 de Octubre.

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