viernes, 23 de junio de 2017

Si nadie nos atrapa sigamos adelante



Vivimos en un país en que la línea entre el bien y el mal se encuentra en el mejor de los casos desdibujada. Todos los líderes políticos hablan de transparencia y de la urgente necesidad de mantener la ética en todo lugar.  En realidad lo que se vive día a día es la codicia que encierra a cada persona que tiene un cargo en una empresa, ya sea director, sub director, administrador, comercial control y calidad u otro cargo importante, y como dicen muchos, el jefe es jefe aunque se haga pipi en la cama. 

Un importante suceso pasó en El Ligerito, local en que se venden helados y dulces.  Cuando una joven en estado de gestación se tomaba unas bolas de helado se encontró con un gusano bastante grande que le provocó vómito. Al reclamarle al personal del local, le contestaron que no era culpa de ellos porque su oficio es despachar el pedido que se está ofertando.  Sin más explicación  la joven tuvo que pagar el helado con gusano y retirarse sin la disculpa que los trabajadores estaban obligados a darle.  En cada centro donde se elaboran alimentos hay un responsable de control y calidad que es el que autoriza si el producto está listo para el consumo y si para la venta a la población.  Ahora bien, el mensaje está claro: si nadie nos atrapa sigamos adelante.

La ética suele ser entendida como los principios morales que gobiernan la conducta de una persona o un grupo. Esos principios son fundamentales para  vivir y trabajar en una sociedad justa. El elevado nivel de vida que disfrutan los dirigentes no puede justificarse con los salarios que reciben. Ni tampoco pueden achacar al bloqueo el hecho de vivir como burgueses en una sociedad empobrecida por la explotación y la corrupción. 


Por Daudy Hermelo Lago, Defensoría del Pueblo

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