lunes, 22 de abril de 2013

Lecciones de Venezuela para los cubanos


Muchos cubanos se compadecen por la suerte de los venezolanos y  les brindan consejos sobre lo que ellos deben o no deben hacer. Son actos de buena fue basados en nuestra terrible experiencia con el comunismo castrista. Quizás convenga aprovechar la oportunidad para aprender de los venezolanos cómo es que ellos enfrentan al chavismo.

a) La primera lección que tenemos que asimilar de estos latinoamericanos que se parecen tanto a los cubanos, es que ante el peligro de perder su país han superado las diferencias de todo tipo y se han unido.

¿Cómo lo han logrado?

Tal vez se vieron en nuestro espejo y comprendieron que si seguían el camino de los cubanos estaban perdidos. Pueden haber aprendido de nuestro error y del alto precio que hemos pagado y no quieren repetirlo. Lo extraño es que nosotros no hayamos hecho lo mismo en tanto tiempo y continuemos sin enmendarlo.

Puede ser que la unidad entre los venezolanos se haya facilitado por otras razones. Tal vez tenga orígenes culturales, puede que sean menos individualistas que los cubanos, y por esta razón les haya sido más fácil ponerse de acuerdo.

Podría ser una manifestación de  madurez política. Antes de Hugo Chávez los venezolanos vivieron varios gobiernos democráticos, en los cuales la tolerancia entre partidos políticos rivales fue parte de su vida diaria.

El tema puede servir para que otros con más capacidad y conocimiento lo estudien; nos podrían ayudar a entender cuáles han sido las razones por las cuales los venezolanos han logrado la unidad política que nosotros no hemos podido conseguir.

b) De la unidad de los venezolanos se desprende otro asunto de similar importancia. Fácilmente los cubanos atribuimos nuestro fracaso ante el castrismo a la falta de unidad. Hay toda una argumentación autocrítica que convierte a la falta de unidad en la clave y responsable de la tragedia del último medio siglo. El mea culpa ignora que Fidel Castro recibió el apoyo soviético y también desconoce unos cuantos factores más que forman parte de este complejo asunto.

La creencia de la unidad como la solución y salvación en la lucha contra la dictadura es un error que justifica la inacción y la frustración en demasiados cubanos. El caso venezolano nos demuestra que aun unidos el castro chavismo es un adversario difícil. 

Si seguimos creyendo que la unidad de los cubanos es la solución final, el día en que la logremos podemos caer en el pesimismo, como resultado de un diagnóstico superficial y una solución simplista.

Aun unidos los cubanos, como los venezolanos, tendremos por delante una tarea compleja porque en la solución hay que tener en cuenta  otros factores importantes. 

c) Otra lección que podemos aprender de los venezolanos es cómo están lidiado con la hipocresía, la cobardía y el cinismo de un grupo de líderes políticos en el mundo.

Los dirigentes venezolanos manejan esta situación con habilidad. Ellos enfatizan a quienes sí los respaldan. Los cubanos, que hemos sido saturados de la indiferencia-complicidad de muchos de esos líderes, fácilmente caemos en el derrotismo. A nuestro favor está el hecho de que más de medio siglo de lucha tiene sus consecuencias.

La indiferencia de políticos y pueblos demócratas ante las desgracias de otras naciones han sido parte de la historia. El 3 de febrero de 1941, cuando Hitler estaba a menos de cinco meses de lanzar una ofensiva contra Rusia que implicaba el genocidio masivo de millones de personas, se dirigió a sus generales y les dijo:

“Cuando la operación Barbarrosa comience, el mundo va a sostener la respiración y no va a hacer ningún comentario”.

Los venezolanos han manejado la ausencia de solidaridad con mucha cautela, casi convencidos de que tarde o temprano lograrán el apoyo de los indiferentes, quizás nosotros podamos hacer lo mismo.

Los cubanos no somos exactamente unos cavernícolas en este sentido, pero aprender un poco de los venezolanos nos podría servir.

d) Otra útil experiencia de los venezolanos es que, aunque ellos escogieron a Henrique Capriles como el dirigente de la Mesa Unidad Democrática, no lo han convertido en un salvador, elegido o líder único. Lo han apoyado en dos elecciones nacionales, lo respetan y lo admiran, pero no lo “adoran”.

Nosotros los cubanos cometemos con bastante frecuencia el error de esperar a un salvador, y cuando creemos que ha aparecido lo adornamos con todos aquellos atributos que queremos que tenga. Esa idolatría tan enraizada en nuestra cultura política nos ha traído desastres y decepciones. 

Tal vez somos tan autosuficientes que solo podemos aceptar el liderazgo de una especie de dios viviente, por lo que el líder del momento o es un sol o es estiércol.

Esta actitud nos lleva fácilmente a comparar a los dirigentes cubanos de diferentes organizaciones de oposición democrática con el arquetipo del “salvador” que esperamos. Como ninguno da la talla, entonces los criticamos y los descartamos. 

A la persona en cuestión, lejos de aceptar que puede aportar algo, la consideramos un verdadero peligro en la lucha por la democracia en Cuba.

Tomemos nota porque no son pocas las cosas que lo cubanos podemos aprender de los venezolanos en la lucha por la democracia: han logrado la unidad que nosotros no hemos podidos alcanzar;  saben que la unidad es un requisito en la lucha pero no es la solución; no caen en el derrotismo ante la indiferencia o complicidad de muchos dirigentes extranjeros y han evitado la idolatría.


Por Huber Matos Araluce
Fuente Cubanalisis
 
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