domingo, 2 de marzo de 2014

Hasta luego a un patriota cubano



Por Frank Calzón*

Corría el año 1958 y él era un maestro de escuela y pequeño productor de arroz en Manzanillo, cerca de la Sierra Maestra, en la antigua provincia de Oriente en Cuba. Decidió oponerse a la dictadura de Fulgencio Batista y le llevaba rifles y escopetas a los rebeldes en los camiones que utilizaba para transportar los vegetales de su finca.

Le alertaron de que la policía de Batista lo buscaba y escapó al exilio en Costa Rica; para regresar en un pequeño avión cargado de armas. El avión aterrizó en Cienaguilla, cerca de las montañas, y él se unió a las guerrillas y alcanzó el rango de comandante en el Ejército Rebelde. Dos años después, preocupado por la influencia creciente del comunismo en el gobierno, le escribió a Fidel Castro renunciando. Fue condenado a 20 años por un tribunal donde su antiguo jefe declaró por varias horas. Cumplió su sentencia y se convirtió en un símbolo de la oposición de los cubanos al totalitarismo. Después marchó al exilio y acaba de morir en Miami. Su nombre: Huber Matos.

La revolución llegó al poder en enero de 1959, después que Batista huyó a Santo Domingo. Fidel llegó a La Habana al frente de una marcha triunfal, rodeado de miles que lo adoraban y lo aplaudían, y a su lado, arriba de un tanque, de pie, iba Huber Matos. La fotografía se convirtió en un ícono y, en una de esas ironías de la historia, cuando Matos se distanció del Líder Máximo, su imagen desapareció de la foto en las publicaciones cubanas. Como en el caso de José Stalin, la historia de la revolución se reescribe con cierta regularidad y lo mismo nombres que fotos consideradas subversivas desaparecen como por arte de magia. Matos no es el único, también borrados de las fotografías fueron el primer presidente del Gobierno Revolucionario, seleccionado por Fidel, el ministro de Agricultura (fusilado), el jefe de la Fuerza Aérea Revolucionaria (exilado) y varios comandantes que murieron frente al paredón de fusilamiento por oponerse al comunismo. Algunos, al darse cuenta de que sus amigos habían muerto en vano, se suicidaron.

Después de la victoria de 1959, Matos era parte de la alta jerarquía revolucionaria, fue nombrado gobernador militar de Camagüey, entonces una de las seis provincias en que se dividía el país. Raúl Castro también fue nombrado gobernador de Oriente por su hermano, y el comandante William Gálvez, más tarde fusilado, gobernador de la Provincia de Matanzas.

Meses después de que Fidel Castro nombrara a su hermano Raúl ministro de las Fuerzas Armadas, preocupado por la infiltración marxista en el Ejército Rebelde, Matos renunció. En una carta privada, le escribió a Fidel Castro: “No quiero convertirme en un obstáculo para la Revolución y creo que, ante la elección entre adaptarme y dimitir para evitar males mayores, lo honesto y ‘revolucionario’ es abandonar”. Agregó que “Creo que… todo el que haya tenido la franqueza de hablarte del problema comunista, debía hacerlo… Creo conveniente recordarte que los grandes hombres empiezan a decaer cuando dejan de ser justos”.

“Si después de todo me expusiera a ser ambicioso o a conspirar, esto sería un motivo no solo para abandonar la Revolución, sino para lamentar no ser uno de los muchos camaradas muertos en la lucha”. Si Matos todavía tenía alguna esperanza de que Fidel Castro no quería llevar a la Revolución al comunismo, sus esperanzas desaparecieron cuando Fidel lo denunció públicamente por difamar la revolución y ordenó que las Fuerzas Armadas tomaran la ciudad de Camagüey.

Matos ya había regresado a su casa, donde, a pesar de los consejos de varios de sus oficiales de que se defendiera con las armas en la mano, aguardó pacientemente a que lo arrestasen. Fidel ya había estado transmitiendo por radio desde el aeropuerto, acusándolo de traición y, según el escritor inglés Hugh Thomas, “una gran cantidad de personas fueron a la ciudad ese día como si se tratara de un carnaval”.

El comandante Camilo Cienfuegos, jefe del Ejército Rebelde, llegó a Camagüey y se reunió con Matos. Después de estudiar la situación y visitar el cuartel militar, Cienfuegos le dijo a Matos que no se preocupase que él –Cienfuegos– le explicaría todo a Fidel, que no había tal conspiración, que todo era paz y tranquilidad en la ciudad. Cienfuegos despegó en un pequeño avión, pero nunca llegó a La Habana. Desapareció en aquel vuelo fatídico sobre tierra y nunca se encontraron sus restos.

Catorce de los oficiales de Matos renunciaron y uno se suicidó. En la corte militar, varios oficiales fueron condenados junto a Matos en un juicio en el que el acusador principal fue Fidel Castro, quien insistía en que Matos había traicionado a la Revolución porque la había difamado. En aquella época, Fidel Castro insistía en que ni él ni la Revolución eran comunistas, de forma que la acusación de Matos “ayudaba” a los contrarrevolucionarios, incluyendo a Estados Unidos, ya que Washington había objetado fuertemente a los fusilamientos y los Tribunales Revolucionarios.

Muchos de los líderes del movimiento 26 de julio, el movimiento de Fidel Castro, renunciaron, y Matos fue condenado a 20 años de prisión. Matos cumplió su condena y salió al exilio, donde fundó Cuba Independiente y Democrática (CID), y escribió sus memorias, Como Llegó La Noche.

El comandante Huber Matos acaba de morir. Con su muerte desaparece otra figura icónica de la insurrección cubana. La generación de Matos creyó en Fidel Castro, y muchos murieron por una revolución democrática que nunca fue. Fidel Castro, en su juicio, después del asalto al Cuartel Moncada, donde murieron muchos hombres, dijo: “La historia me absolverá”. Pero la historia que ya es parte de la historia de Cuba no lo ha de absolver, mientras que el legado de valentía y honor de Huber Matos vivirá para siempre.

*Director ejecutivo del Centro para Cuba Libre, radicado en Washington. 


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