lunes, 18 de noviembre de 2013

Desbalances en el sistema de salud cubano


Con el envío de miles de médicos al extranjero para cumplir “misión internacionalista”, lo que sucede inmediatamente es que disminuye el número de profesionales de la salud en Cuba y empeora la situación de la población para acceder a un servicio no ya necesario, sino fundamental. 

La paradoja es que, luego de tanto pregonar un aparato estatal de salud perfecto, últimamente se prioriza llenar las plazas que abren gobiernos foráneos para completar sus propios programas de salud en sus respectivos países, dejando descubiertas las plazas de trabajo en Cuba. El motivo para tal movimiento es el dinero que va a parar al Estado Cubano directamente por concepto de contratación de personal altamente calificado y exportación de servicios médicos.  

Mientras tanto, ¿qué pasa en la Isla?

La situación higiénica de los centros urbanos es muy precaria. Dada la obsolescencia de las redes hidráulicas y sanitarias, así como la ausencia de un sistema efectivo de recogida y tratamiento de desechos, la exposición a brotes epidémicos es alta. De hecho, este problema ha dado lugar a que en los últimos tiempos hayan resurgido enfermedades que estaban erradicadas no ya en las ciudades, sino en todo el territorio nacional. Los medios oficiales de difusión siempre echan tierra sobre el asunto y lo tratan de forma distorsionada por tal de ocultar la realidad a una población cada vez más enterada de que ya la salud no es la misma de antes (refiriéndose a los tiempos en que Cuba sí llegó a tener índices en el tema que eran verdaderamente envidiables). 

Hacia las zonas rurales es todavía peor, porque a la falta de infraestructuras adecuadas hay que sumar la carencia de transporte para trasladar a las personas que requieran servicios de urgencia. Los habitantes del interior de Cuba que necesitan tratamientos especializados deben realizar larguísimos viajes y sacrificar varias jornadas para moverse a las cabeceras provinciales o, inclusive, a la capital del país para ser atendidos. Esto suma una carga más a ese sistema de salud del que se habla.  Pero volviendo al tema de exportación de doctores, véanse las consecuencias de la política actual en las clínicas municipales y hospitales: la ausencia de médicos que “están de misión” ha creado un vacío que dificulta una atención de calidad.

Ni hablar de las instalaciones y centros de atención destinados “al pueblo”. Las grandes quintas que antes albergaron cómodos hospitales en La Habana se han convertido en ruinas que carecen de las más elementales medidas profilácticas, y en donde los ingresados sufren las desatenciones de un personal quizá cada vez más rebajado moral y éticamente, pero que tampoco tiene las condiciones para brindar un servicio medianamente bueno.  A modo de ejemplo, vale mencionar que ya servicios como los de dentista y oftalmológicos, han pasado a ser casi completamente privados. Es un secreto a voces que para obtener un buen tratamiento dental o hacerse unos lentes es necesario tener mucho dinero. En caso contrario, pasarán meses antes de conseguir que el Estado, ese “generoso padre” que dice garantizarlo todo, finalmente resuelva el problema.

No pasa lo mismo con los centros hospitalarios donde se atienden militares y dirigentes. Por supuesto, si se pertenece a la clase social de “los ungidos” (aquellos que desempeñan algún cargo en los aparatos del Poder) se tendrá una mejor atención y mayores posibilidades de bienestar. Mientras tanto, los cubanos comunes, “de a pie”, deben utilizar tanto sobornos como amistades para acceder a estos lugares exclusivos.


Por Víctor Ariel González
 
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