viernes, 14 de marzo de 2014

Los cubanos apolíticos


Hay dos motivos principales por los que muchos cubanos se califican a sí mismos como apolíticos: uno, es la imposibilidad para influir en el gobierno de su propio país; otro, es la persistencia del discurso oficial, saturado de ideologías caducas y monopolizador de la vida nacional.

Todo cuanto se habla en la televisión tiene que ver con supuestos logros que se atribuyen al Gobierno Revolucionario. Pero cuando la gente sale a la calle y tiene la posibilidad de constrastar con la realidad lo que se dice en TV, lo primero que ve es que tales logros son falsos o, al menos, muy cuestionables.

El pueblo cubano –sobre todo su sector más joven– se muestra particularmente apático hacia los asuntos de la política. Amén de que la información ofrecida por los medios del régimen sobre temas internacionales gira en torno a lo mismo (lo “malo” que ocurre en EE.UU. y en el “mundo capitalista”, principalmente), los jóvenes no tienen interés por la forma en la que otros países funcionan desde el punto de vista legislativo o cívico. No hay un conocimiento medianamente profundo de los conflictos principales que sacuden al mundo, y hasta son comunes las repeticiones, palabra por palabra, de lo que se dice en la prensa.

Sería demasiado absoluto decir que ningún joven cubano está interesado por la política, como también sería absoluto afirmar que quienes se interesan sobre tales cuestiones lo hacen desde la óptica del gobierno. Este último ha dejado ver que la apolítica en la juventud constituye desde cierto punto una forma de disidencia: el desencanto es el paso previo a la rebelión.

Un periódico oficial se queja de que a algunos jóvenes cubanos les ha dejado de interesar la política –¡gran declaración!– porque  “los arpones ideológicos del modelo [neoliberal] lograron penetrar la conciencia de los más débiles, con el uso de medios sutiles de adormecimiento”. Los verdaderamente débiles de mente son aquellos que se dejan engañar por la propaganda del régimen, o quienes tienen la verdad ante los ojos y la niegan rotundamente. ¿O será que, en vez de débiles, estos últimos son malsanos y lo hacen con premeditación?

A los cubanos les volverá a interesar la política en cuanto tengan políticos que no sean unos incompetentes, cuando vean sus más variados intereses reflejados en diferentes partidos políticos compitiendo entre sí. Cuando en Cuba haya un gobierno legítimo por democracia e institucionalidad cívica, entonces ya se hablará más de política.

Artículo relacionado:

•“Maikel, el (a)político” Diario Juventud Rebelde, 02 de marzo de 2014, pág.3


Por Víctor Ariel González











Fuente:  Bloqueo informativo al pueblo cubano, suplemento de La Nueva República


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