martes, 25 de febrero de 2014

Tomando posiciones


Corren tiempos en que todo el mundo parece estar tomando posiciones provechosas. Cuba saldrá a la venta en cualquier momento, parece, y mientras más temprano se marque en la cola del desguace tal vez toque un pedazo mejor de chatarra.

China está posicionándose hace tiempo, aunque el gigante asiático no se limita a La Mayor de las Antillas. Brasil le ha seguido los pasos, poco más o menos. Ambas son economías emergentes que se están perfilando como potencias globales y les interesa hacer lucrativos negocios, definir áreas de influencia… en fin, las cosas lógicas que hacen las potencias.

Otros, a medida que ven cómo anda la situación en la isla, se suman a la contentilla a como dé lugar aunque haya que tolerar un régimen cuyos principios son inaceptables para la civilización occidental, aquella que marca el ritmo del mundo. Esos actores vienen entonces pidiendo el último mientras intentan colarse, husmean, miran de reojo al país que será Cuba dentro de unos pocos años. No es que vean que las reformas que tratan de llevarse adelante vayan cuajando: lo que ven es un régimen que irremisiblemente va desapareciendo tal cual lo han conocido. Es un hecho que Cuba está cambiando porque nada es eterno, y mucho menos el cada vez más debilitado castrismo.

Así es que muchos se están preparando para la Cuba que será. Nadie querría quedarse fuera de la subasta. Si bien los viejos detractores de la dictadura cubana se muestran conservadores en cuestiones clásicamente peliagudas, como las libertades civiles, algunos pudieran acabar por ceder ante el peso de la política, el dinero y sus veleidosos intereses.

De igual forma puede ser cierto que el gobierno cubano hoy necesite más que nunca de un reconocimiento desde el exterior; la capacidad de lograrlo hacia el interior del país es el menor de los problemas de la dictadura.

Entre tanto, hay un grupo selecto de países que se niegan a modificar su punto de vista respecto a la isla. Al menos, no lo modifican en su esencia porque, en concordancia, el régimen de La Habana tampoco ha modificado una cuestión vital: todavía Cuba sigue siendo un país sin libertad, básicamente. Y ya todos sabemos lo que semejante carencia implica.

La movida europea que acabará con la Posición Común está condicionada por el (in)cumplimiento por parte de La Habana de la Carta de Derechos Humanos. La pelota parece estar en el tejado cubano, veamos qué inventan ahora los políticos de aquí. La cuestión es si Europa les es imprescindible, lo cual no es probable; lo otro es si Europa cede a la tentación de un mercado turístico casi virgen en un país destruido. Hay empresas europeas radicadas en Cuba que les da igual que a sus empleados locales los contraten como a esclavos. Vienen a hacer aquí lo que no pueden en sus países.

Una política exterior coherente sería muy útil para el pueblo cubano, que una vez más estará a merced de decisiones que vengan de afuera. Por su parte, la gente casi ni se ha enterado de lo que sucede. Una vez más, La Habana guarda silencio.

Por Víctor Ariel González










Fuente:  Bloqueo informativo al pueblo cubano, suplemento de La Nueva República


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