sábado, 23 de agosto de 2014

Una visión sobre el Medio Oriente


Apenas regresa el estruendo de las bombas israelíes sobre objetivos en Gaza, la prensa cubana oficial se apresura a sacar las imágenes de palestinos muertos o mutilados, de sus familiares llorando desconsoladamente, en fin, las marcas terribles de una guerra que ha durado generaciones. En la televisión, una reportera obviamente fanatizada y para nada imparcial se refiere a las víctimas del lado árabe como “mártires”. Pero tratar de añadir dramatismo a las escenas de desolación, por sí solas tan desgarradoras, sólo demuestra que los medios propiedad del Estado cubano promueven el odio contra Israel.

No pasa lo mismo cuando los cohetes que lanzan grupos radicales islámicos sobre territorio israelí matan a civiles. En esos casos son muchos menos los muertos, gracias a los millones en defensa que el gobierno de Tel Aviv se ve obligado a gastar para evitar males mayores. Lo que se critica en Cuba, entonces, es que un misil interceptor cuesta decenas de miles de dólares, y no que su objetivo era una casa israelí, que, por cierto, podría estar habitada lo mismo por un judío que por un musulmán.

Para la prensa cubana, Hamás y Hezbolá –quienes disparan indiscriminadamente sobre Israel– no son terroristas. Tanto una como otra organización, a diario efectúan ataques contra poblados israelíes. Aun así, no son reconocidas como responsables de que el conflicto en Oriente Medio se extienda y profundice.

No se trata de justificar que el gobierno de Tel Aviv haya autorizado el bombardeo de instalaciones civiles (en caso de que sea cierta su responsabilidad, y no se trate de una estrategia de los radicales árabes para inculpar a Israel). La guerra es un hecho lamentable en todos los sentidos: es muy posible que algunos efectivos militares hayan cometido crímenes. También hay que reconocer que del lado judío se encuentran algunos extremistas tan terribles como los musulmanes radicales. Es el resultado de tantos años de odio y revanchas, de interpretaciones aberradas de la historia y la religión. Por supuesto, la manipulación política ha jugado otro importante papel en el mantenimiento de las hostilidades.

Israel es un país desarrollado. Sin grandes recursos naturales y rodeados de enemigos que en varias ocasiones le han hecho la guerra, los israelíes han logrado una nación próspera y libre, donde conviven varias confesiones. A diferencia de muchos de sus vecinos, países árabes ricos en petróleo pero sumidos en la ignorancia y la pobreza, en Israel, por ejemplo, las mujeres pueden estudiar, trabajar y manejar un automóvil (en Arabia Saudí esto último está prohibido). También existe una economía de mercado, hay partidos políticos y se realizan elecciones periódicamente. Israel es, en efecto, una democracia reconocida.

Es decir, que Israel es un mal ejemplo para casi todos los que le rodean, regidos por monarquías antidemocráticas que viven de acuerdo a leyes arcaicas, incompatibles con la modernidad. Naciones que están condenadas a permanecer en el obscurantismo y la miseria mientras sus jeques tienen automóviles de oro, u organizan fastuosas delegaciones que acuden a la Cumbre de los No Alineados para pedir dinero a los “países ricos”.

¿Cómo quedan los palestinos en todo esto? La respuesta es, precisamente, la reformulación de esta pregunta. No se trata de cómo quedan, sino qué son: rehenes. Los palestinos son rehenes. ¿Cuánto se benefician las organizaciones en la Franja de Gaza que se encargan de distribuir los millones en ayuda humanitaria que le envía el mundo? ¿Quién garantiza que Hezbolá y Hamás no se hacen del control de la ayuda o al menos una parte de ese control, y lo utilizan para reclutar a jóvenes sin futuro?

No valen la pena los shows mediáticos. Ni los palestinos son mártires, ni los terroristas héroes, ni el ejército israelí una legión de feroces asesinos. ¿Alguien ha intentado siquiera ponerse en el lugar de Israel? ¿Pero en el de los palestinos, sí?

La justificación que utilizan muchos para no hablar del conflicto árabe-israelí es que se trata de un tema muy complejo, pero eso no significa que su solución sea imposible. Más bien es un aviso que lleva años: es imprescindible seguir buscando una vía de entendimiento. O mejor, tantas vías como sea posible.

La prensa del régimen cubano, al alimentar el odio contra el Estado de Israel, se parcializa y, por lo tanto, desinforma. El antisemitismo ha traído no pocos problemas en el pasado, como los han traído las discriminaciones de toda índole. Aunque ya se sabe que el castrismo, por tal de demostrar su punto, es capaz de recurrir a los más bajos instintos, y que su interés real dista mucho de la paz duradera.

Por Víctor Ariel González



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3 comments:

Conchi Dopazo dijo...

En entrevistas a los representantes de Hamas, decian que ellos no habian matado casi ningun civil, claro sin explicar que no fue por NO TRATAR, YA QUE DISPARARON MAS DE 2000 COHETES, sino por la Defensa de el DOME sobre Israel que explotaba las bombas en el aire. Pobre palestinos, Hamas no los deja ni hablar, ni moverse, es en realidad una tragedia.

23 de agosto de 2014, 10:49
Anónimo dijo...

Yo no se como se meten con Israelí, recuerdo en NY las colas de judíos haciendo colas en los aeropuertos para ir a defender a Israel,y los miles de tanques abandonados en el desierto y como se hiban a pie huyendo del combate.Son criminales y cobardes.

31 de agosto de 2014, 18:38
Anónimo dijo...

Eso mismo opino yo sobre la forma que en cuba maneja las noticias si es que ellos ponen aa cuba como el paeaiso eso jacen creer al pueblo cubano y ante el mundo y cada vez se estan quedando atras nada cosas de las dictaduras comunistas con doble moral

31 de agosto de 2014, 22:00

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