martes, 24 de septiembre de 2013

Adulando al causante de una crisis alimentaria que no se resuelve



Por Víctor Ariel González

 “Agropecuarios por la seguridad alimentaria y el avance de la economía”

El sábado 14 de septiembre comenzó la Reunión Nacional con representantes de la base productiva agropecuaria. En ella se “instó a superar deficiencias objetivas y –sobre todo– subjetivas que entorpecen el proceso productivo”, seguidamente se “reconoció el aporte al desarrollo agropecuario en el país del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro…”


El vicepresidente del Consejo de Ministros, Marino Murillo, ofreció datos como los siguientes:


•  “Por concepto de importación de alimentos el Estado debe erogar cada año unos dos mil millones de dólares. Una cifra de la cual podría ahorrarse cerca del 50%, toda vez que responde a rubros con posibilidades reales de ser obtenidos en territorio nacional.”

•  “De la población laboral activa en la Isla –unos cinco millones de personas– el 20% se encuentra vinculado al sistema del MINAG (Ministerio de la Agricultura), pero solo aporta del 3% del Producto Interno Bruto.”


 

Asimismo Granma señala: “Este encuentro […] se caracterizó por un amplio debate entre los participantes, el espíritu autocrítico, crítico y la disposición de enfrentar y solucionar los problemas que corresponden a cada uno…” Como era de esperarse, se “leyó la Declaración de Compromiso de estos (los campesinos y trabajadores del sector), que redundó en la voluntad y responsabilidad de garantizar la seguridad alimentaria de nuestro pueblo y la decisión irrevocable de contribuir al avance de la economía como garante de la continuidad del socialismo”.

Comentario:

Cabría preguntarse si quienes presidían la reunión, altos cargos del Buró Político, también se responsabilizaron con la seguridad alimentaria, fueron autocríticos y mostraron disposición a enfrentar los problemas que le corresponden a cada uno de ellos, como dictadores del país. Es poco posible, porque la humildad y la modestia no son rasgos distintivos de los máximos líderes del Partido Comunista de Cuba.

Se ofrecieron datos alarmantes acerca del papel del sector agrícola en la economía cubana, pero se insistió en que las deficiencias subjetivas eran el principal obstáculo para el proceso productivo. Es decir, los fabricantes de las políticas castristas se lavaron las manos, e indirectamente responsabilizaron a los productores, por la crisis alimentaria que azota a la población. Al parecer, los grandes burócratas del Comité Central desconocieron una vez más su gran responsabilidad por el estado actual de la agricultura.

La principal “deficiencia subjetiva” que entorpece el proceso productivo y que es preciso y urgente eliminar sería el sistema político actual, que tras décadas en el Poder sólo ha sabido sembrar destrucción y cosechar miseria.

La desfachatez de los individuos que presidieron la reunión con los productores agrícolas, los llevó incluso a hablar de un presunto aporte al desarrollo agropecuario del país por parte de Fidel Castro. Un disparate total, si se recuerdan todas aquellas titánicas campañas agropecuarias ordenadas por el Líder Supremo:

•  La Zafra de los Diez Millones: el año 1970 vio fracasar este megaproyecto que dejó paralizado al país. Una de las campañas azucareras más ineficientes de la historia, cuyos pésimos resultados gravitaron sobre la economía nacional durante años.

•  Planes genéticos ganaderos: la cantidad de ganado que había en Cuba en 1959 era abrumadoramente superior a la actual. Aún con todos los planes diseñados por el castrismo para construir una potencia en este ramo, consumiendo gran cantidad de recursos, las “vacas mágicas” fracasaron en un final y hoy en día la carne alcanza precios impagables.

• Cuba llegó a ser un importante exportador de cítricos a nivel mundial, pero actualmente es raro encontrar siquiera una naranja. Los cítricos son muy escasos en los mercados y también se han vuelto excesivamente costosos.

• Los gigantescos cordones cafetaleros, que también fracasaron: la producción de café en Cuba es poquísima, y sus resultados se comercializan mayormente en CUC, por lo cual para los cubanos de a pie es casi imposible tomarse un buen café, que no esté mezclado con sucedáneos.

La lista de ejemplos de prolonga espantosamente. Nada más hay que observar lo que ha traído como resultado la Revolución de 1959 para la agricultura cubana: al viajar por los campos, se constata que lo más abundante es el marabú, cuya espinosa presencia se pierde en el horizonte, como legado del castrismo.

Si algo se ha aportado a la agricultura durante las últimas décadas, es el estado ruinoso que parece planificado por la mente más sórdida. Ahí está el desmontaje casi total de la industria azucarera, alrededor de la cual se tejen siglos de la propia historia de Cuba. Muchos pueblos cuya tradición giraba en torno al cultivo de la caña y a la zafra, hoy parecen fantasmas. 


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