lunes, 5 de agosto de 2013

Omar Linares fue otra víctima de la demagogia: Editorial de La Nueva República


La pelota es un deporte de los mejores contra los mejores sin que el origen social o la política determinen quién participa.  Antes del castrismo, cubanos humildes alcanzaron la fama mundial jugando en  los Estados Unidos. No dejaron de ser cubanos dignos por recibir el aplauso del mundo y por ganar sumas fabulosas por su propio talento y esfuerzo. Cuando llegaron los Castro al poder contaminaron la pelota como hicieron con muchas cosas, la convirtieron en un arma más de sus planes para controlar el poder de por vida. Las víctimas de envenenar el deporte con el comunismo fueron los jugadores y el pueblo.

Omar Linares era sin dudas el mejor pelotero de Cuba y pudo ser de los mejores del mundo. En 1985 los canadienses le hicieron ofertas millonarias para que se quedara en Canadá a jugar profesionalmente, luego los Yanquis de Nueva York le ofrecieron 40 millones de dólares.  Omar no aceptó.  El era un niño que creía que todo se lo debía a la “revolución, como si su capacidad no fuera algo muy personal. 

Entonces, de haber aceptado una propuesta para jugar en el extranjero la dictadura no le habría permitido ver a su familia. Era una forma de secuestro y extorsión con la cual el régimen castigaba a quienes acusaba de desertores.  Linares era un idealista que lo sacrificó todo por la “revolución”, mientras tanto los líderes se aprovechaban del poder para enriquecerse y mandar a sus hijos a estudiar y a pasear fuera de Cuba. Tony Castro, el hijo de Fidel,  ha viajado y viaja y en Cuba tiene un Mercedez Benz, un BMW y un Peugeot.  ¿Qué no tendrá afuera?

Engañado por la demagogia Omar que se quedó en Cuba y del 1982 a el 2002 ganó un sueldo promedio mensual de 600 pesos cubanos, el equivalente a más o menos unos 150 dólares al año.  Ahora ha salido a trabajar al extranjero, algo que siempre rechazó. Es un entrenador para pulir a los bateadores de los Tigres de Chinandega en Nicaragua.

En una reciente entrevista le preguntaron: ¿Y usted cree que hubiese sido un grandes ligas? “Yo hubiera triunfado”, responde. Hoy en vez de tener los millones de dólares dice que tiene el amor de su familia y la admiración del pueblo cubano, algo que vale mucho más que el dinero para él.  Omar Linares fue un cubano más de los que se dejó engañar por el castrismo. Pudo haber hecho historia estelar en la pelota mundial. Habría sido admirado por el mundo entero y por supuesto por el pueblo cubano. Con sus millones y su talento hoy podría ayudar al desarrollo de deporte en Cuba que falta le hace y no tendría que estar en un pueblito de Nicaragua lejos de su familia.



 
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1 comments:

Anónimo dijo...

omar no se quedo en cuba engañado por la demagogia cubana, sino porque todo en la vida no es dinero.omar siempre grande entre los grandes.

8 de febrero de 2014, 10:27

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