martes, 4 de septiembre de 2012

MARCO RUBIO Y EL PODER CUBANOAMERICANO


El senador Marco Rubio está haciendo historia en la relación entre Cuba y los Estados Unidos. Su importante intervención en la convención republicana lo consagró como un político de estatura nacional en ese país.  

Si hasta ahora el grupo de representantes cubanoamericanos en Washington han sido decisivos en la formulación de la política del gobierno norteamericano hacia Cuba, la ascensión de Rubio eleva la importancia de los cubanos que luchan por la democracia en Cuba a niveles nunca imaginados.
 
El asunto no se limita al tema del embargo; ni a que Washington pueda dar el visto bueno al turismo estadounidense para que visite Cuba; o si se llegan a permitir inversiones en la isla.  Hay algo de mayor consecuencia: la legitimidad y capacidad que tienen el gobierno de los Estados Unidos y el exilio cubano para decidir si se acepta o no un determinado modelo de transición de parte del régimen castrista. 
 
La transformación de Marco Rubio en una estrella en el firmamento político del Partido Republicano seguramente será objeto de estudio. El hecho es que una mezcla de atributos personales y una coyuntura política lo convierten en un líder en los Estados Unidos. Por esta razón el senador cubanoamericano fue seleccionado para presentar a Mitt Romney, candidato a la presidencia, en la convención republicana.

El  30 de agosto en esa convención Marco Rubio pronunció un discurso que en opinión de muchos, entre ellos el prestigioso analista político Al Hunt, fue el mejor de todos.  En su intervención Rubio aprovechó la oportunidad para plantear, magistralmente, ante más de 22 millones de televidentes, su posición sobre Cuba, y al mismo tiempo pedirles su apoyo.  Estas fueron sus primeras palabras:

 “Gracias, antes que yo comience… esta es una noche tan importante para nuestro país… con su permiso quiero tomarle algunos segundos para hablar de otro país… un país que está a algunos cientos de millas de esta ciudad, el país donde mis padres nacieron. No hay libertad en Cuba y esta noche yo les pido sus oraciones para que pronto haya libertad allí también”.
 
Estas palabras provocaran aplausos y exclamaciones de apoyo entre los delegados que se repitieron con frecuencia durante su mensaje de aproximadamente 15 minutos. 

Cuando Mariela Castro, la hija del dictador, insultó a Marco Rubio en su reciente viaje a los Estados Unidos, acusándolo de que él era parte de "la mafia cubana de Miami", cometió un error garrafal.  

No solo estaba calumniando a los más de dos millones de cubanos y sus descendientes que viven en los Estados Unidos.  Estaba insultando al sistema político de los Estados Unidos y a los millones de norteamericanos que respetan a los cubanoamericanos y son solidarios con sus deseos de que Cuba viva algún día en democracia. 

Los insultos de Mariela Castro no fueron un hecho aislado. La dictadura castrista ha creído que atacando a los cubanos de Miami disminuye su influencia en la política de Washington hacia Cuba. Pueden estar logrando lo contrario.  Lo menos que necesitaba el castrismo en su desesperación por reciclarse como una nueva clase en Cuba, era enfrentarse a un individuo como Marco Rubio. Mariela Castro, su padre y su tío pagarán un alto precio. 

Quienes crean que los Estados Unidos no es un factor decisivo en el tipo de transición que se materialice en Cuba, no han comprendido el inmenso poder político y económico que tienen los cubanos exiliados en ese país.  

El hecho es que quienquiera que sea el próximo presidente en los Estados Unidos, a la hora de tomar decisiones sobre Cuba, tendrá en cuenta la opinión del grupo de cubanoamericanos, congresistas y senadores, en el Congreso. Y tendrá especial interés en saber lo que piensa el senador Marco Rubio.  

No sabemos cuál será el futuro político de Marco Rubio, pero su presente y su presencia, para efectos de la libertad de Cuba, no podían ser más oportunos. 


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