lunes, 28 de abril de 2014

El último año del chavismo



Luego de un año de electo, el gobierno de Nicolás Maduro todavía respira, aunque con dificultad. ¿Habrá un próximo cumpleaños para la gestión del actual Presidente de Venezuela?

“La Revolución Bolivariana no retrocederá ni un milímetro”, ha declarado el huésped de Miraflores en varias oportunidades. Sin embargo, su gobierno ha tenido que ceder ante las presiones populares para facilitar un diálogo entre la oposición y el oficialismo. Si no aceptaba los diálogos, el régimen chavista mostraría debilidad; aceptándolos, también ha tenido que ceder.

En los últimos meses, el pueblo venezolano ha vivido duros enfrentamientos durante multitudinarias manifestaciones en contra de la criminalidad, el desabastecimiento y la creciente falta de libertades luego de 15 años de régimen chavista. La respuesta de las autoridades ha sido reprimir a cualquier precio. La escalada de violencia ha dejado un saldo superior a 40 muertos, además de centenares de heridos y miles de detenidos.

Las protestas masivas han exigido también la renuncia del Presidente de la República, a quien acusan de incapaz para lidiar con la profunda crisis venezolana. De paso, sus detractores lo han calificado de peón del gobierno de La Habana, que habría estado beneficiándose de la economía de Venezuela, expoliada por gobiernos populistas con el sistema cubano como modelo a seguir. Primero fue Hugo Chávez y ahora es Nicolás Maduro: ambos son aliados de los hermanos Castro y seguidores de sus doctrinas.

Pese a que ha intentado convertir Venezuela en una versión de Cuba, el chavismo no ha conseguido en todo este tiempo acabar con la oposición o acallar completamente a la prensa independiente del gobierno. De hecho, en las últimas elecciones presidenciales, la oposición venezolana no ganó por un margen ínfimo. Abril de 2013 fue el inicio del peor año que ha tenido que atravesar tanto el chavismo como el pueblo de Venezuela, marcado por la polarización ideológica y una ingobernabilidad creciente.

El motivo fundamental para que este haya sido un año tan funesto es la pérdida de credibilidad de una administración que se niega a aceptar la derrota, y la incapacidad de dicha administración para competir con adversarios políticos que demostraron en la mesa de negociaciones tener más preparación para lo que no ha podido hacer bien Maduro: dirigir una nación. El gobierno venezolano actual fue designado por su predecesor y legitimado a duras penas; ahí fue donde comenzaron los problemas para Maduro, quien heredó las dificultades económicas y los profundos problemas sociales y políticos del ejecutivo anterior. 

El actual presidente no tiene el carisma de Chávez ni tampoco su inteligencia. No quiere esto decir que el fallecido Hugo fuese bueno, sino que Nicolás es todavía peor. Este último no está a la altura de las circunstancias y ha pasado mucho trabajo para gobernar su país.


Por Víctor Ariel González



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