jueves, 5 de junio de 2014

Una contradicción en la Carta de los 40


Distribución de las torres de telefonía de ETECSA en La Habana que demuestran su baja densidad

La Carta abierta a Obama sobre la flexibilización del embargo a Cuba, firmada por 40 importantes figuras políticas, ha tenido notable circulación en los medios. En la misiva, se propone al presidente estadounidense que tome medidas para ayudar a la sociedad civil y a los emprendedores cubanos.

El tema es debatible pues en primera y última instancia es la dictadura castrista —como cualquier otra dictadura en el mundo— la que decide el nivel de libertad que permite a los ciudadanos en un momento político determinado. En Cuba, cada vez que le ha convenido, el régimen ha dado ciertas libertades, pero solo para volver a quitarlas, por lo que es difícil concebir cambios auténticos y permanentes en el país si éstos no están garantizados por transformaciones legales, institucionales y políticas.

En el caso de la Carta, quiero señalar una contradicción que demuestra que quienes firmaron ese documento no parecen estar suficientemente informados de la realidad cubana. Entre sus peticiones al presidente de los Estados Unidos, está la de que permita la "venta de torres telefónicas". Esta solicitud es como plantearle al presidente Obama que ayude a los cuerpos represivos castristas a ser más eficiente en la vigilancia y represión de los cubanos demócratas.

Las comunicaciones telefónicas en Cuba están controladas por la empresa ETECSA, un monopolio estatal. Esta compañía tiene muy baja densidad de cobertura porque cuenta con apenas poco más de 300 bases en todo el país. Esto, a su vez, le limita la posibilidad de localizar con exactitud a una persona que posea un teléfono móvil, pues es el número de antenas lo que facilita la técnica de "triangulacion", por medio de la cual los cuerpos represivos pueden saber, por ejemplo, dónde se halla un opositor.

Actualmente, cuando una persona con un teléfono celular se mueve por la zona del Vedado, en La Habana —una de las de mayor cobertura móvil en Cuba—, puede hacerlo con determinada libertad, pues el rango de localización electrónica del Gobierno es mayor a un kilómetro. En la primera imagen ilustrativa, al pie de este texto, la policía secreta no podría saber con exactitud dónde se encuentra el individuo. Lo mismo podría estar en el Hospital Cira García, en la zona de la embajada de Canadá, en el restaurante Vistamar o simplemente caminando por la 5ta Avenida.

Si los 40 firmantes de la carta convencieran a Obama de vender más antenas a la dictadura, la capacidad para ubicar a un opositor aumentaría considerablemente. El Gobierno podría llegar a saber con una exactitud de metros dónde están uno o varios opositores reunidos o hacia dónde se dirigen. No solo por el aumento de la densidad de torres sino por el uso de antenas con tecnología moderna o "sectores". El Gobierno podría fácilmente seguirle la vida y los pasos a cualquier cubano del que sospechara infidelidad política. Y no hay dudas de que lo va a hacer.

Los  técnicos de la policía secreta castrista utilizaron la inexacta tecnología que tienen para localizar los movimientos de los dirigentes opositores Oswaldo Paya y Harold Cepero, en un operativo de vigilancia y seguimiento en que ambos perdieron la vida en un misterioso "accidente". Con la nueva tecnología que se le pide a Obama que permita vender a La Habana, se podría vigilar con exactitud los pasos de los extranjeros que vayan a apoyar a la oposición democrática. Y con toda seguridad, los 40 firmantes estarían en la lista de objetivos a seguir. Esta poderosísima arma en permitiría además al régimen hacer un seguimiento a distancia, evitando sospechas e incluso ahorrando recursos.

Una alternativa

Las dictaduras no temen a la tecnología per se, sino a que ésta se encuentre en manos de la sociedad. Este debería ser el enfoque de los pedidos; liberar tecnología que llegue directamente a la sociedad. Partiendo de una idea elemental: tecnología para consumidores finales. Esto incluiría teléfonos satelitales, dispositivos para redes inalambricas, multiplicadores de señal, receptores satelitales, dispositivos para encriptar y transportar datos.

Lejos de pedir "licencias de mercadeo y ventas", el foco debió estar en promover viajes de entrenamiento que permitan a emprendedores construir redes wifi encriptadas. En grandes ciudades y con altos volúmenes de densidad poblacional, estas redes serían imposibles de desmantelar y podrían proveer a la sociedad de una internet paralela a bajo costo.


La carta de estas más de 40 personalidades al presidente Obama pidiéndole que flexibilice su política hacia el régimen castrista puede estar llena de buenas intenciones, pero quienes la escribieron demuestran una ignorancia inexplicable. La petición de vender tecnología moderna directamente al régimen, tecnología que será inmediatamente usada para mejorar la represión y hacer más difícil la lucha por la libertad y la democracia de Cuba, es uno de los aspectos cuestionables de ese documento.


Por Karel Becerra

Secretario de Relaciones Internacionales del CID. Es licenciado en Ciencias de la Computación (Universidad Central de Las Villas, Cuba).

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