viernes, 15 de abril de 2011

Dos consejos para un castrista arrepentido



En Cuba el cambio viene. No porque lo diga o lo decida Raúl Castro. El cambio está en marcha. La historia no se detiene. Si usted se considera un revolucionario, o si lo fue, si fue castrista o si lo es, tómese unos minutos para leer estos dos consejos. Luego resuelva si enfrenta o empuja la rueda de la historia.


1) El castrismo no es ninguna filosofía o teoría política. Es el hacer de Fidel Castro y desde hace cinco años es el hacer de su hermano Raúl. El castrismo fue la forma en que Castro pudo convencer al pueblo de que lo llevaría a la justicia, la felicidad y la prosperidad. Para eso tuvo medio siglo, cien mil millones de dólares de subvención soviética y quién sabe cuántos miles de millones de dólares de subvención chavista. Fidel, durante ese tiempo, les vendió y les compró a todos los países democráticos del mundo: Canadá, España, Alemania, Francia, Inglaterra, Japón, Brasil, Argentina, etc. Hoy ninguno le quiere dar créditos porque no paga. No siga creyendo que el embargo es el responsable de un desastre congénito al sistema comunista. Sea honesto. El balance del castrismo no se lo voy a dar yo, ya se lo dio Raúl Castro cuando dijo que el país estaba al borde del precipicio. El castrismo no es ninguna teoría y su praxis ha sido un fracaso.



2) Si usted creyó que ser revolucionario era ser castrista, le aseguro que estaba equivocado. Ser revolucionario era y es apoyar todos los cambios necesarios para beneficiar al pueblo de Cuba. Ser castrista era seguir a Fidel como se sigue a un ídolo. Tal vez usted fue un fanático de Fidel, pero eso no era ni es ser revolucionario. Madona tiene fanáticos, Maradona también. Si usted creyó que ser revolucionario era ser marxista también estaba equivocado. Ser revolucionario no es casarse con un dogma y estar dispuesto a aplaudir el aniquilamiento de todo el que no cree en él y seguir apoyándolo aun cuando las experiencias demuestran que no tiene validez. Carlos Marx fue un revolucionario en el siglo XIX. Los marxistas también. Pero hace tiempo que ya el marxismo es retrógrado. Mijail Gorvachev, el Secretario General del Partido Comunista de la URSS, se dio cuenta de eso hace más de dos décadas. Deng Xiaoping, el heredero del poder en China, a la muerte de Mao, rechazó el marxismo hace más de 25 años. Si usted es marxista hoy, usted es tan retrógrado como era la Iglesia Católica cuando quemaba a quien no creía en sus dogmas o cuando condenó a Galileo Galilei por apoyar la idea de que la tierra giraba alrededor del sol.



Así que le aconsejo que no siga defendiendo el castrismo que fracasó y al marxismo que es reaccionario. Apoye el cambio. El que traiga prosperidad para todos, el que traiga justicia y libertad. No siga más hombres, siga ideas, pero tampoco se fanatice con ellas. Los tiempos cambian y exigen siempre nuevas soluciones. Rechazar el castrismo y el marxismo no lo hace un fanático de los Estados Unidos o del capitalismo. Sea revolucionario de verdad, preocúpese por Cuba y su pueblo. No defienda los fracasos de nadie, no sea cómplice. Defienda su futuro, el de sus hijos y el de su pueblo.

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