jueves, 31 de marzo de 2016

El adiós de Obama


LNR, La Habana. Cuando en diciembre de 2014 el Presidente Obama anunció el establecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba (después de 18 meses de negociaciones secretas) la mayor parte del pueblo cubano creyó que las cosas en Cuba mejorarían. Con el tiempo los esperanzados fueron dándose cuenta que en Cuba las cosas no cambian, o cambiaban muy poco o cambian para lo peor. 

Por eso la visita del Presidente Obama a Cuba despertó interés entre los cubanos, pero esta vez no se dejaron llevar por las ilusiones.  La población sabe que los únicos cambios que quiere la dictadura son aquellos que fortalezcan su control del poder y le permitan seguir explotando al pueblo. Por eso Raúl Castro teme las críticas del pueblo y cualquier apertura que permita que la gente, en lugar de despertarse día a día con la obsesión de buscar comida para alimentar a sus hijos, tenga tiempo para meditar sobre el origen de sus penurias e imaginar una solución que no sea la resignación o el camino del exilio. 

Por estas razones las palabras del Presidente Obama se las llevó el viento tan pronto tomó su avión hacia la Argentina y los medios de comunicación controlados por el régimen comenzaron a invalidar con mentiras, medias verdades y demagogia el mensaje del visitante.  Ya el prehistórico Fidel Castro le lanzó a Obama ataques absurdos e improcedentes y el Canciller Bruno Rodríguez también saboteó las buenas intenciones del presidente estadounidense.  

Hay algunos –en la Isla y en el exilio- que aplauden las palabras de Obama como si hubieran sido una revelación para el pueblo cubano despertando su fe. Lamentablemente no es así. Tampoco la reunión del Presidente con algunos de los miembros de la oposición legitimó a nadie.  En las luchas de los pueblos los líderes se dan a respetar por su visión, por su sacrificio y por su grandeza. 

Obama dijo muy claramente que los Estados Unidos no tienen interés en participar en un cambio de sistema en Cuba.  Esto nos hace pensar que mientras él esté en la presidencia, o quien lo siga piensen igual;  el pueblo cubano y los militares que respalden un levantamiento popular no podrán contar  con el apoyo de los Estados Unidos. Ni habrá simpatía ni respaldo a los esfuerzos del exilio por apoyar la oposición democrática en la Isla. Como los acuerdos han sido secretos, es decir a espaldas de los cubanos, tal vez hasta Radio y TV Martí estén en peligro. 

No obstante hay que tener claro que Obama deja la presidencia en menos de un año y lo que dijo en Cuba tiene la validez de una despedida. Si su nueva política la hubiera puesto en práctica al principio de su presidencia hace más de siete años, el tiempo habría demostrado cuánto éxito o fracaso habría tenido.  Ahora, es un gesto simbólico y nada más.  

El panorama está lejos de ser desalentador. El régimen castrista está acabado política, moral e ideológicamente.  Su mandamás, Raúl Castro, es un anciano sin imaginación, sin energía y lleno de temor.  Sus acólitos saben que la aventura castro-chavista en Venezuela está en la quiebra y que en Latinoamérica y en los Estados Unidos hay millones de personas que quieren la libertad de Cuba. Ellos no van a aceptar con pasividad que el pueblo cubano languidezca en la miseria y la esclavitud sin un sólido respaldo.  Apoyarán a quienes dentro y fuera de Cuba enfrentamos a la tiranía porque: 

“La resistencia es el camino de la victoria”.  ¡Viva Cuba libre! 



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