jueves, 6 de noviembre de 2014

Tanto nadar para morir en la orilla


Desde 1959 en Cuba se inició una lucha entre los cubanos demócratas y los comunistas.  De un lado han estado los que –desde diferentes posiciones ideológicas- han creído en el respeto a los derechos humanos, en la democracia representativa y en la empresa privada como fuente de progreso y del otro, los que apoyaron “la dictadura del proletariado” marxista-leninista. Dictadura que le sirvió a Fidel Castro para controlar el poder en forma absoluta durante medio siglo y eliminar a quienes no le eran incondicionales o él pensaba que le hacían sombra. Luego, ignorando al pueblo le pasó el poder a su hermano en forma dinástica. 

El dictador se dedicó a la sistemática persecución y eliminación de los “gusanos contrarrevolucionarios y vende patrias”, tuvo el control total de una economía que llevó al fracaso por sus caprichos y sus derroches.  El castrismo fusiló a miles de compatriotas demócratas, mandó a prisión a cientos de miles y obligó a huir al exilio a tres millones de ciudadanos.  La represión bajo Raúl Castro ha continuado con abusos, crímenes, corrupción y errores. Los resultados están a la vista: Cuba, que antes de 1959 era un país pujante y camino al convertirse en una nación del primer mundo, vive empobrecida y atrasada.  Hasta en Haití hay más teléfonos móviles que en el nuestro. La juventud huye a cualquier parte del mundo buscando un futuro que sabe que no tendrá en su tierra. 

Por mucho tiempo el pueblo confió en Fidel Castro, un mentiroso patológico que le hizo creer que sus penurias se debían al “bloqueo” de los Estados Unidos cuando en realidad la pobreza ha sido consecuencia de la innata ineficacia de la economía estatal y  la incompetencia de ambos hermanos. Fue la subvención soviética la que por 30 años evitó  el colapso de la tiranía hasta que en 1990 la URSS por similares razones desapareció. Luego del periodo especial el régimen castrista ha podido sobrevivir hasta nuestros días debido a  la subvención venezolana.

Ahora el gobierno sabe que el pueblo desprecia al castrismo y quiere una democracia. Y ahora que la crisis económica y política en Venezuela puede terminar con la subvención chavista, la familia Castro ha decidido que el camino que le queda es vender lo mejor de nuestro país al capitalismo extranjero para asegurarse miles de millones de dólares que serían enviados al exterior y así si no pueden mantenerse en el poder en Cuba, podrán vivir como supermillonarios en el extranjero.  Por esto el apuro de llegar a un acuerdo con el presidente Barack Obama, un arreglo que haría apetecible a los capitalistas extranjeros la compra de los hoteles, industrias y tierras de Cuba. 

Un acuerdo - que no garantizaría una transición a la democracia - ni algo parecido, porque eso les impediría acabar de robar y vender los activos de nuestra nación.  Esta es la razón de la subasta pública al mejor postor que anunció la dictadura este lunes 3 de noviembre en La Habana.  Dicen necesitar inversiones extranjeras por 2000 millones de dólares anuales para activar una economía moribunda  pero Cuba necesita mucho más que eso para salir de la pobreza y el atraso... necesita libertad y seguridad jurídica.  

Después de tantos errores, atropellos, corrupción, adoctrinamiento, charlatanería y fracasos, el castrismo se ha quitado la careta ante el pueblo: ahora el capitalismo es la solución.  Los Castro tienen miedo y si no pueden quedarse en el poder están llenando aún más sus bolsillos para huir como lo que son: traidores a la revolución, asesinos, cobardes y ladrones. 

Por Rogelio Matos, Secretario General del CID.






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1 comments:

PANCHO dijo...

Cuba; cincuenta años de soledad, hambre y opresión...

7 de noviembre de 2014, 9:21

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