lunes, 5 de diciembre de 2016

Se respira un aire de incertidumbre


Después de la muerte del dictador, el luto impuesto por el hermano menor y todo el espectáculo mediático para resaltar la figura de quien llevo este país a la miseria, es necesario hacer una pausa y reflexionar sobre el futuro de Cuba. 

Aunque esta sería una buena oportunidad para empezar a implementar cambios importantes y democratizar al país, es muy probable que el heredero ponga todo su empeño en continuar apostando por el sistema que los ha mantenido en el poder durante 57 años.  Seguirá empeñado en propagar las ideas de su hermano y comenzarán por todo la Isla campañas de adoctrinamiento. Este camino será el peor error de la dictadura de Raúl porque en el pueblo cubano solo existe odio y rechazo contra quienes lo han esclavizado por más de medio siglo y los deseos de un cambio crecen bajo la máscara de la obediencia. 

Si el camino que se toma es el de tratar de mantener el aparato represivo y los privilegios de la clase dominante, le será difícil a Raúl Castro y a sus pocos seguidores confiar en quienes les rodean.  En el círculo de poder hay dirigentes que no quieren ni tienen por qué hundirse en el abismo de más y peor castrismo.  Raúl Castro se moverá sobre arenas movedizas porque los Carlos Lage de esta etapa serán más cuidadosos pero estarán al acecho del momento oportuno. 

Por otra parte, en el ámbito popular han sido muchas las injusticias y sufrimiento de quienes al principio creyeron en la revolución pero han visto la realidad y ahora, ante la muerte del tirano, no tienen excusa para continuar rindiendo una lealtad a seudo dirigentes que se enriquecen a cuenta del sacrifico y sudor del pueblo.  

Con la muerte del dictador se respira un aire de incertidumbre en el pueblo y dentro de todas las esferas de gobierno, nadie sabe a ciencia cierta que pasará, pero la rueda de la libertad a echado andar y ninguna estrategia podrá impedir que se instaure en Cuba una verdadera democracia donde los cubanos sean protagonistas de su propio destino, donde reine el amor y no la venganza, donde se haga justicia y se ponga a cada cual en el lugar que corresponda.

Por Rolando Pupo Carralero, Coordinador de Occidente, miembro del Comité Ejecutivo Nacional y Defensor del Pueblo.   


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