miércoles, 10 de noviembre de 2010

“Profilactando”* a Mayita: testimonio de una dirigente del CID

En un recorrido por las provincias orientales en actividades del CID confronté dificultades al llegar a Santiago de Cuba.


Viajé en el ómnibus Bayamo - Santiago con salida a las nueve de la mañana. Llegué a las doce del día a la terminal de Santiago. Estaba lloviendo y busqué un teléfono público para hablar con mi familia. Cuando terminé la llamada, un señor me tocó en un brazo, me enseñó un carné y me dijo: Señora, acompáñeme. Y me indicó una oficina. Entrando se presentó como el Capitán Andrés de la Seguridad del Estado. Vestía ropa civil, trigueño de mediana estatura.


Estando en la oficina, me pidió el carné de identidad llamándome por mi nombre. Se lo entregó a un funcionario de la terminal y, cuando le pedí una explicación, me pidió que esperara callada. Estuve así hasta pasadas las doce y media, que regresó con un pasaje para Camagüey y me pidió que abonara el costo del mismo. Le dije que tenía que hacer gestiones en Santiago. Muy calmado me condujo hasta un militar que me acompañaría en el viaje y llevaba mi identificación. Le dio instrucciones de que yo no debía bajar en ningún lugar, solo una vez al baño hasta Camagüey.


Hice el viaje sin alimentos, reprimida de hablar ni siquiera con el mismo militar. No me respondía nada. Me permitió una vez el ir al baño en Las Tunas. Cuando llegamos a Camagüey, 8:30 de la noche, me estaba esperando el teniente coronel Boris. Al recibir el carné, pronunció Mayra Sánchez Sorit, caramba. Y movió la cabeza agitándola y con rostro de mala persona, como lo que es. Me llevaron en un Lada blanco hasta Garrido, la unidad de seguridad del estado en la provincia de Camagüey.


El coronel Boris me indicó una silla, y me ordenó sentarme. En unos minutos salió y me dijo:


-Tú no me vas a joder la noche


Le dijo al oficial de guardia que, cuando llegara el guardia me diera de comer.


En esa silla pasé toda la noche. Solo me paré para ir al baño y para cubrirme del frío de la madrugada con una toalla del maletín que tenía conmigo. Con las horas, comenzaron a aparecer las memorias difíciles de hechos ocurridos en años anteriores. En una ocasión fui expulsada también de Las Tunas, en reuniones de las bibliotecas con otros opositores de Ciego de Ávila y Bayamo. Nos sacaron en la cama de un camión hasta Camagüey.


Recordaba también otras detenciones en La Habana, y una en particular en Pinar del Rio, con el señor Manuel Infante, de 76 años de edad. Eran pasadas las 10 de la noche y a empujones nos montaron en un ómnibus. A las 2:30 de la madrugada nos bajaron. En aquel lugar tan frío tuvimos que esperar a que amaneciera. Era una mañana de enero. Entonces vimos un caserío, Cuatro Caminos, y así pudimos ubicarnos.


Sentada en aquella silla fluían memorias que nos marcan para siempre. La de aquellos jóvenes que conocí y que añorando libertad se lanzaron al mar en la costa sur de Camagüey. Algunos murieron víctimas de la furia del mar, o tal vez de sed y de hambre. Otros perdieron su vida cuando fueron capturados por el régimen.


Recordé aquel niño que desde cinco años crié con esmero. A los veinticuatro, desesperado por la opresión, trató de huir de Cuba. Se fue con la fe de que un día podría volver a reunirse con la esposa y dos niños que dejaba en tierra. Nunca más supimos de él. Se lo tragó una tormenta o lo mataron. Según se comentaba, a los que huían a veces les tiraban sacos de arena desde los helicópteros. Cuántas preguntas sin respuestas. Cuánto hemos padecido por esta tiranía.


Las horas pasaban lentas en aquella incómoda silla. A ratos sentía un profundo temor: ¿Me pasaría lo mismo que en Santa Cruz como en el año 1997? ¿Me despojarán de mis ropas para obligarme a hacer cuclillas desnuda, delante de cuatro policías hombres y una mujer?


En aquella ocasión trajeron a la celda a una señora para que me agrediera. Se llamaba Bertha. Tenía problemas mentales. Me golpeó salvajemente mientras desde otras celdas me gritaban que no me defendiera porque se pondría más agresiva. La revolución cubana, si el mundo supiera las atrocidades que se cometen en su nombre.


Otros ingratos recuerdos me acompañaron hasta las 6:40 de la mañana en que apareció el teniente coronel Boris y me pregunto cómo había pasado la noche. Era todo ironía y derroche de poder. Es lo que los caracteriza. Aprovechan la desigualdad de condiciones.



T. -¿Cómo pasaste la noche?



M. - Muy mal, como no lo pasa en ningún lugar del mundo civilizado una persona que es detenida sin haber cometido un delito.


Entonces me pasaron a una oficina con un guardia que escribía todo cuanto él me iba "profilactando". Esa fue la frase que empleó.


B. -¿Qué estás haciendo en Santiago de Cuba, Tunas y Bayamo? Me lo vas a explicar todo rapidito. ¿Quién te mandó, Huber Matos, que es tremendo ricachón y está sentado en su casa mientras tú desandas los caminos revolviendo a la gente tranquila? Dime que te falta inteligencia para darte cuenta de esto.


¿Cuánto te pagó para que fueras a esos lugares por evidencias para emigrar? No es eso, lo sabemos.


Violento, golpeó el buró.


M. -No me paga. Lo hago con mucha satisfacción, de mutuo acuerdo. No es bajo presión como lo hacen ustedes. Nosotros, a diferencia de ustedes, lo hacemos con gusto. Buscamos libertad.


Contestó muy violento:


B. -Que imbécil eres. ¿De qué libertad hablas? Ya verás lo que te va a pasar por hacerte la guapa.


M. -¿Qué me vas a quitar la ropa? Porque aquí los guapos son ustedes, que tienen el poder, el ejército y temen al pluripartidismo y a la democracia.


B. -Cállate, que el pueblo no los quiere. Con esos métodos violentos te estás aliando a lo peor, a Huber Matos, que es de Alfa. El pueblo nunca los aceptará. No me faltes el respeto. No te voy a pedir que te quites la ropa. Esos son errores de la policía.


M. -Las actividades que estamos haciendo no corresponden con lo que usted dice. Son pacíficas, buscando la libertad sobre la base de la democracia. El pueblo nos quiere. Lo que no tenemos son los medios de prensa, que son controlados. No los podemos usar para dar a conocer nuestras actividades, nuestro pensamiento.


B. -Eres fresca, tú no te das cuenta que te usan. El único partido será siempre el partido comunista.


M. -No me usan. El vínculo lo busqué yo. Soy responsable de mis hechos, confió en Huber Matos y en el CID.


B. –Mayra, no seas bruta. Abandona eso. Esta es la peor organización, porque eso te traerá problemas.


M. -El CID es una organización seria y pacífica y crecerá en el pueblo.


B. –Pues, mira nos vamos a ver otra vez y será peor. Piensa en tu familia.


M. -Mi familia está de acuerdo con lo que hago.


B. -Si pones un pie en Santiago de Cuba, te va traer problemas. Y no quieres ver esto. El ricachón te usa, y no quieres verlo, estás ciega.


Sin dejarme otra respuesta a las seis y cuarenta de la mañana me entregó el carné de identidad y me dejó ir. Desde el día anterior, que había salido de Bayamo a Santiago, ni comía ni dormía. Me tuvieron sentada en una silla la noche completa para que, como él dijo, yo no le jodiera la noche.


Un día en Cuba habrá derechos y se respetarán. Por eso no me rindo y por eso lucho, por el pueblo, la patria y la libertad.


Mayra Sánchez

Santa Cruz del Sur, Camagüey



* Profilaxis es la prevención o conjunto de medidas para evitar una enfermedad. "Profilactando es un barbarismo del termino, es decir un vicio del lenguaje que consiste en pronunciar o escribir mal las palabras o en emplear vocablos impropios. Parece que es el resultado de la pobre educacion que reciben estos oficiales represivos.

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