lunes, 28 de septiembre de 2015

El estigma de haber luchado junto a Huber Matos


A sus 92 años, Tomasa Guerra aún recuerda el día que conoció al comandante que se negó a ser comunista

Tomasa Guerra, excombatiente de la Revolución, sobrevive hoy con una escasa pensión y rodeada de necesidades (foto del autor)

LA HABANA, Cuba – Muchas historias de la lucha en la Sierra Maestra contra el gobierno de Batista sobreviven en el olvido, igual que sus protagonistas.

Tomasa Guerra, de 92 años, natural de Palma Soriano, fue mensajera, cocinera y en ocasiones guía de la columna 9 “Antonio Guiteras”, bajo el mando del comandante Huber Matos, uno de los artífices del triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959, defenestrado en octubre de ese mismo año por negarse a seguir el camino del comunismo.

Aunque muy enferma y a tan avanzada edad, Tomasa goza todavía de buena memoria. Cuenta que anduvo con la columna 9 desde su fundación; por sitios como El Toro, El Cristo, La Herradura, Sao Grande y San Pablo de Yao, cocinando y llevando mensajes.

“Tenía treinta años, era una revolucionaria comecandela (convencida). Recuerdo como si fuera hoy el día que llegué al campamento. Colé un café pasado de azúcar, y en vez de criticarme el comandante Huber dijo que ese era el punto que le gustaba”, recuerda. “Seguí con la tropa hasta el final, cocinando y cumpliendo misiones por todo Oriente, siempre acompañada de mi hija Silvia, de 11 años, que me ayudaba a romper cercos y burlar operativos haciéndose pasar por enferma. Llevábamos los mensajes rápido, montadas en camiones, en tractores, en lo que apareciera. Silvia era un combatiente más, porque también se exponía como yo a los peligro y a los bombardeos”.

Sonriendo, confiesa: “Fuimos el correo electrónico de ese tiempo. Con los mensajeros se coordinaron las mejores acciones. En el combate de Cayo Espino logré traer un mensaje importante de Fidel, y al rato, escondida con mi hija en la tienda del pueblo, escuché a la aviación bombardear las posiciones donde ya no estaban nuestros hombres, gracias a que mi mensaje llegó a tiempo”.

Emocionada, recuerda cuando en medio del combate de El Cristo, logró pasar un recado del doctor Casanellas para Huber Matos, anunciándole el nacimiento de su hija Carmen Luisa, “noticia que dio un giro importante a las acciones, porque entonces el comandante se volvió un león y el enemigo huyó en desbandada”.


La contribución de la columna 9 a la victoria contra Batista es innegable, como las misiones cumplidas por la mensajera, cocinera y guía Tomasa Guerra, quien después del triunfo jamás fue contactada para reconocer sus méritos rebeldes, ni engrosa hoy en la lista de combatientes de la revolución cubana.

“Es como si nunca hubiera existido una columna 9, ni un comandante Hubert Matos. Haber luchado con él se convirtió luego en un estigma. Tuve que trabajar en Gastronomía, donde me retiré como dependiente. Sobrevivo con 135 pesos de jubilación, que se me van en medicinas. Gracias a mi hija Silvia, que vive conmigo y me ayuda en lo que puede. ¡Sí, aquella que se hacía pasar por enferma para romper cercos y burlar operativos! Ahora está enferma de verdad, como yo, y retirada con una pensioncita de bodeguera que no alcanza ni para mal morir”.

“Mamá padece diabetes, hipertensión, problemas renales y una cardiopatía isquémica”, dice Silvia. “Necesita urgentemente tres tipos de medicinas que no las hay en la farmacia, y un glucómetro, que buscamos durante mucho tiempo, y cuando apareció no servía”. Otros elementos indispensables tampoco aparecen para la ex luchadora.

La anciana no olvida jamás una anécdota en el campamento. Después de la comida, en vísperas de la toma de Palma Soriano, cuando el comandante Huber Matos habló a la tropa: “Recuerden siempre que con el triunfo revolucionario, todos gozaremos de los bienes necesarios para vivir”.

“A veces pienso que aquella idea se perdió, porque mírame, que en la guerra me jugué la vida cien veces, no tengo ni siquiera derecho a culeros (desechables, por su problema renal). Orinarse arriba es la peor humillación por la que se puede pasar. Yo hablé varias veces con Camilo, y con los capitanes Napoleón Béquer, Raúl Barandela, Miguel Ruiz, Rosendo Lugo, Roberto Cruz. Me parecieron hombres que luchaban por una verdad, ¿pero dónde se metió? Si volviera a nacer dudo mucho que expusiera a mi hija otra vez al bombardeo. Me hubiera buscado un extranjero, como hacen las jóvenes de hoy, y hubiera resuelto mi problema de futuro de otra forma. Seguro tuviera hoy el dichoso glucómetro, y los culeros, y las medicinas, que tanto necesito”.

Por Frank Correa, Guantánamo, 1963. Narrador, poeta y periodista independiente. Ha ganado los concursos de cuento Regino E. Boti, Ernest Hemingway y Tomás Savigñón, todos en 1991. Ha publicado el libro de cuentos La elección beilycorrea@yahoo.es  
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