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Ni pies secos ni mojados, explotación y miseria


En enero de 1959 escuché lo que se contaba como un chiste en Camagüey -que resultó profético y macabro - atribuido al comandante campesino del Ejército Rebelde, Víctor Mora,  a quien mi padre había reemplazado como jefe militar de la provincia.  Se decía que Mora afirmaba  que ésta era la revolución de las tres A: “Aquí se adaptan, se asilan o se afusilan”.  Fuesen o no sus palabras, Víctor Mora luego fue condenado a prisión por no adaptarse al comunismo y terminó en el exilio donde está el 20% de la población cubana y donde si fuera por sus deseos estarían la mayor parte de los 11 millones de cubanos que viven en la Isla.  

Los cubanos huyen de ese sistema “maravilloso donde supuestamente la medicina es gratis, la comida se reparte igualitariamente y la educación es otro de los logros de la Revolución”. Sin duda, a los ojos de los que todavía defienden al castrismo en el mundo, el pueblo cubano debe ser un pueblo de ingratos: viven en el paraíso donde lo tienen todo y a pesar de esto huyen.

El hecho es que esa población que vive fuera de Cuba huyó por sus propios medios o fue exportada por miles como parte de la política de la dictadura de aliviar la presión cuando el descontento interno alcanzaba límites peligrosos. Esta migración masiva ha tenido dos consecuencias:

Una, la evidente de un exilio pujante que tiene una influencia determinante en la política de Washington hacia Cuba. Además, los cubanos en los Estados Unidos por sus remesas, visitas y envios de mercadería a Cuba son el motor de la economía de la Isla, según The Havana Consulting Group (THCG) en 2015: “El balance total de esta ayuda familiar (6.634 millones, sumando dinero y bienes) "es superior a la suma de los ingresos de los cinco rubros productivos más importantes de la economía del país, los cuales suman en conjunto 5.168,9 millones de dólares".

Dos, la falta de oportunidades Cuba, la miseria y la represión más la acción del régimen de deshacerse masivamente de descontento, sumado a la prosperidad del exilio ha creado en Cuba una cultura de desesperación por huir de la Isla de cualquier manera y a cualquier precio. La inmensa mayoría de los jóvenes y de los profesionales cubanos en Cuba quisieran escapar hacia los Estados Unidos.  
El problema es grave porque sin recursos humanos calificados competir en este siglo es muy difícil y la economía cubana está en las ruinas y depende de una incierta subvención chavista.  Me arriesgo a afirmar que las mentes más brillantes y más calificadas de Cuba se encuentran en el exterior y que cualquiera que descolle en la Isla no perderá la oportunidad de escapar tan pronto se le presente.  

El régimen castrista hace ratos se dio cuenta de que tenía que lidiar con una población que envejece y otra que huye: “en 2035 existirán en el país 3,6 millones de personas mayores de 60 años de edad frente a dos millones actualmente”. La Oficina Nacional de Estadísticas del gobierno cubano (ONE) ha indicado que esto representa: "una notable sobrecarga para la Seguridad Social, el Sistema de Salud y las disponibilidades de fuerzas de trabajo".   

La población envejece porque el índice de natalidad en Cuba es negativo. El informe dice que en 20 años Cuba se convertirá en el país más envejecido de América Latina y el Caribe y en 2050 en uno de los 11 más envejecidos del mundo.  Elsa Morejón en, Demografía y natalidad en Cuba,  señala que: “Cuba envejece y está muy lejos de alcanzar el reemplazo generacional que es de 2,1. La tasa global de fecundidad (hijos por mujeres) descendió en el 2012 a 1.69, la más baja de América Latina”.

Ante esta situación la dictadura castrista no puede permitir que miles de miles de cubanos sigan huyendo del país, especialmente los jóvenes y los profesionales calificados cuyos sueldos no llegan, en la mayoría de los casos ni a $100 mensuales. Para el castrismo ahora es preferible contrarrestar con represión el descontento interno pero tener mano de obra calificada y barata que pueda ser contratada por las empresas capitalistas extranjeras con las cuales la casta dominante en Cuba espera poder sobrevivir y seguir disfrutando de las prebendas de la corrupción como han hecho sus contrapartes en China y en Vietnam.

Me inclino a pensar que el reciente acuerdo entre la dictadura de Raúl Castro y el gobierno del presidente Barack Obama obedece a esta realidad.  Derogar a última hora la política de pies secos, pies mojados no tiene que ver con salvar vidas en el mar, ni con normalizar la migración entre ambos países, ni con evitar crisis migratorias en los países que por años han servido de paso, dejando millones de dólares, en la marcha silenciosa y pacífica de miles de cubanos en su angustiante y azarosa travesía hacia los Estados Unidos. 

Por Huber Matos Araluce

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La historia lo disolverá, como merece



Ha muerto finalmente Fidel Castro y es un día feliz para los millones de cubanos que han sufrido su implacable dictadura por más de medio siglo. Su muerte no es el principio del fin del castrismo, el castrismo comenzó a morir desde hace muchos años y de él cada vez queda menos. Lo que ha heredado Raúl Castro es un legado de desilusión, desesperanza y corrupción que carcome al sistema debilitándolo constantemente. Quienes están en el poder en Cuba son una mafia cuya único fin es evitar a toda costa una rendición de cuentas y continuar explotando al pueblo cubano.  Ha muerto el mafioso en jefe.
.  
Lo que ha terminado con la muerte de Fidel Castro es el fin de su dictadura porque, aunque no lo parezca, aun al borde de la muerte siguió dominado por el miedo a su egocentrismo enfermizo y vengativo. Ahora realmente comienza la dictadura del hermano menor, un personaje que siempre fue menospreciado por su hermano mayor y que a los 85 años de edad teme hacer cambios y teme no hacerlos.  La prensa izquierdista lo ha promocionado en el mundo como un hombre flexible.  No lo es, es un hombre siniestro.  Es un preso de su inseguridad y de los resultados terribles del propio sistema que ayudó a construir con odio y represión. 

No sabemos cuánto durará  la dictadura de Raúl Castro. Entusiasmarnos como si hubiera comenzado la fiesta sería un alegrón de burro. Hay que trabajar con honestidad, inteligencia y tenacidad para lograr que Cuba sea libre y democrática sin tener que entregar su destino a las transnacionales que hoy se sientan con el heredero Raúl a repartirse lo que queda de Cuba. 

Muere Castro en circunstancias internas y externas muy desfavorables para el régimen.  En Cuba los capos de la mafia parecen un desfile de momias que ni prometen ni sonríen porque saben lo que han hecho al pueblo cubano. Viven con el terror de que el chavismo en Venezuela pierda el poder y de que Donald Trump se les convierta en una pesadilla.  Saben que no continuarán recibiendo el oxígeno que el presidente Obama les suministra como el que quiere salvar a una serpiente moribunda con la esperanza de que dejará de  matar con su veneno.  El país está empobrecido y con la infraestructura por el suelo.  No llegan las suficientes inversiones capitalistas necesarias para frenar el deterioro. Una parte de la juventud tiene sus sueños en otros horizontes y la otra ni sueña.  La población envejece y no hay reemplazo. No hay medicinas, no hay comida y no hay combustible.  Lo que hay es hambre de fe en el futuro y eso es lo que necesita el pueblo para disponerse al sacrificio por un mañana mejor. 

Muere Fidel Castro pero siempre vivirán en nosotros los miles de cubanos ejecutados en el pelotón de fusilamiento y los cientos de miles que sufrieron largas condenas de prisión por defender los derechos humanos y la democracia.  Muere Fidel Castro dejando a dos jóvenes cubanos  condenados a cadena perpetua - Harold Alcalá Aramburo y Maykel Delgado Aramburo- por haber intentado huir de la Isla con nueve cubanos más en un pequeño remolcador el 2 de abril de 2003. No lastimaron a ninguno de los pasajeros,  se quedaron sin gasolina y por orden de Castro fusilaron a tres del grupo sin ninguna garantía procesal. Los demás fueron condenados severamente por querer huir del “paraíso de los trabajadores”. 

Un trato muy diferente a su condena en 1953 cuando, capturado por los soldados de Batista, el joven asaltante al Cuartel Moncada, en el que murieron 18 uniformados y 28 fueron heridos,  argumentó en su defensa que lo que quería era la democracia pluripartidista para Cuba y que podría ser condenado pero la historia lo absolvería.  De la sentencia a 15 años de prisión Fidel Castro pasó en la cárcel solo dos en magníficas condiciones carcelarias hasta que fue indultado por el dictador Fulgencio Batista.   

Ahora tendremos que aguantar por un tiempo, en la boca y la pluma de  sus simpatizantes izquierdistas en el mundo, los logros y hazañas de este Atila moderno.  No dirán que los famosos logros de la “revolución” fueron posibles porque la URSS financió la desastrosa economía de Cuba con una enorme y prolongada subvención por tres décadas, y que el régimen ha sobrevivido hasta hoy la ineficiencia y el robo de su clase dominante gracias a la descomunal subvención del chavismo venezolano.

También tendremos que soportar la propaganda de una dictadura que lo ha convertido en ceniza con una velocidad asombrosa.  Pero no habrá ni absolución ni gloria para este sujeto malvado que traicionó la Revolución Cubana, porque la historia lo disolverá, como merece.

Por Huber Matos Araluce


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El New York Times y la solidaridad de los cómplices


Por varias semanas el New York Times estuvo aconsejando al Presidente Obama que sería un triunfo para él restablecer relaciones diplomáticas con Cuba.   Entonces  el  17 de diciembre el Presidente tomó al mundo por sorpresa admitiendo que llevaba 18 meses en conversaciones secretas con el gobierno de la Isla y anunció, entre otras medidas, el restablecimiento de relaciones diplomáticas con el régimen castrista.  Es lógico pensar que el NYT estaba al tanto de las negociaciones. 

Aunque lo que se negoció durante 18 meses es un secreto bien guardado es probable que el NYT  tenga la información  y en sus artículos esté de nuevo anticipando lo que sabe va a suceder en Cuba.  Por ejemplo recientemente el NYT publicó un editorial titulado “Nuevas dinámicas para los disidentes en Cuba” en el cual plantea que hay democracias latinoamericanas que podrían presionar al gobierno de la Isla para que haga cambios que apunten hacia la democracia.

 ¿Sorprendente verdad?  

El periódico argumenta que esto no ha sucedido hasta ahora porque los gobiernos de la región no querían que pareciera que estaban de acuerdo con la política de Washington hacia Cuba.  Pero, como ésta ha cambiado  esos gobiernos están libres de ser solidarios con quienes aspiran a una democracia en Cuba. El editorial comenta que si los disidentes cubanos fuesen invitados a la Cumbre que se celebrará el próximo abril en Panamá, podrían incluso escuchar a la presidenta de Brasil,  Dilma Rousseff  hablar de la Cuba democrática”.  

El argumento es contradictorio. ¿Cómo explicar que la casi totalidad de los gobiernos latinoamericanos, incluyendo el de la señora Rousseff, no han sido solidarios con los demócratas venezolanos? Por el contrario,  por acción u omisión, han respaldado al gobierno chavista que conspira en estrecha colaboración con el régimen castrista para liquidar lo que queda de democracia en Venezuela.  Es difícil entender cómo sería posible que esos mismos gobiernos presionen a Raúl Castro a transitar hacia la democracia.

Otra explicación al probable cambio de comportamiento de los gobiernos señalado por el NYT respecto el régimen en la Isla es que esto sea parte de lo acordado entre Raúl Castro y Barack Obama. El plan consistiría en una serie de cambios cosméticos en Cuba que serían aplaudidos por los gobiernos de Latinoamérica como prueba real de que la transición hacia más libertades en Cuba está en marcha.  De esta manera los cómplices del castrismo y del chavismo en Latinoamérica quedarían legitimados como promotores de la democracia y la dictadura de partido único en Cuba también.

Las conversaciones y los acuerdos fueron secretos porque de esta manera el dictador no cedería ante la oposición ni el pueblo cubano.  El propósito  es legitimar la transición del castrismo comunista al castrismo capitalista en Cuba sin poner en peligro a la dictadura.  Raúl Castro puede continuar enarbolando la soberanía de Cuba, la lealtad a la revolución y al socialismo para que el pueblo cubano ni se desboque ni se ilusione.  Mientras que a cada pequeña concesión raulista la prensa, la izquierda y los gobiernos latinoamericanos aplaudirán sus “espontáneas” decisiones.

Con esta hoja de ruta secreta de la que el pueblo cubano ni la oposición se enteraron, los pasos de Raúl Castro y las presiones y reacciones solidarias de los cómplices de las dictaduras de Cuba y Venezuela le quedarán como anillo al dedo al Presidente Obama y no dejarán de beneficiar las aspiraciones presidenciales del Partido Demócrata en los Estados Unidos en el 2016.  Si algo faltara, por ejemplo, la participación de la oposición cubana en la Isla, ya eso estará previsto, con lista de invitados y todo.

Por Huber Matos Araluce

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OBAMA Y EL “RESET” NÚMERO DOS CON LA DICTADURA


Cuando llegó a la Casa Blanca en 2009,  el primer intento de acercamiento del presidente Barack Obama hacia el castrismo fue un fracaso.

Revisarlo es una tarea obligada, porque en los últimos meses se han intensificados las presiones para que  el mandatario cambie su política hacia un régimen que ha tiranizado a Cuba por más de medio siglo.

Entre estas presiones están las de The New York Times, uno de los más prestigiosos periódicos de los Estados Unidos, que ha dedicado varios editoriales proponiéndole al presidente tal curso de acción.

Según este diario, con una apertura hacia el gobierno en La Habana, Obama tiene ahora la oportunidad de anotarse una victoria internacional.

Quienes la proponen silencian que el primer intento del actual presidente estadounidense fue un fracaso que rayó en el ridículo.

Una iniciativa en el mismo sentido no es recomendable, por varias razones.

El gobierno de los Estados Unidos está lidiando con un panorama internacional en extremo complicado.

Por esta razón, y porque el capital político de Obama en el campo de las relaciones internacionales ha mermado considerablemente, no tiene sentido arriesgarse con una iniciativa conciliatoria en el campo minado de trampas del castrismo.

No sería el primer gobierno de los Estados Unidos que ha fracasado en el intento por desconocer las verdaderas intenciones de la dictadura en la Isla.

Un error de Obama en Cuba disminuiría su influencia en el Partido Demócrata, y dejaría a los Clinton al timón exclusivo de esa organización.

¿Quién puede estar interesado en esto?

Y es que los argumentos a favor de un cambio unilateral de política con el castrismo son tan frágiles, y la visiones de las situación en Latinoamérica y de la realidad cubana tan inexactas, que parecen una fórmula para que Obama se perjudique.

La influencia del gobierno cubano en Latinoamérica ha sido comprada con el petróleo venezolano y con el poder de compras de Venezuela, como es el caso de Colombia.

En las encuestas de simpatía en Latinoamérica el castrismo y el chavismo, simbolizados por Fidel Castro y Hugo Chávez, han ocupado siempre los peores lugares.

En esas encuestas Obama ha  tenido la ventaja sobre todos los políticos latinoamericanos.

Y en cuanto a Cuba, la mayoría de los dirigentes políticos de oposición en la Isla están en contra de un acuerdo entre Estados Unidos y el castrismo que no tenga como prioridad el respeto  a los derechos humanos, o sea, un cambio político en la Isla.

Pero como en una serie de artículos recientes se ha rebatido en forma contundente la posición de The New York Times y de otros, no voy a repetirlos. Recomiendo visitar Capitol Hill Cubans.

Pero creo que hay  razones detrás de toda esta campaña a favor de un acercamiento con el régimen de La Habana que merecen más atención.

Esta situación me ha hecho recordar dos afirmaciones de mi padre, el Comandante Huber Matos, cuando Raúl Castro asumió el poder en Cuba.

Me dijo: Raúl es un incompetente que no podrá resolver los problemas, y es un cobarde que huirá cuando vea peligro.
    
Las evidencias me hacen creer que Raúl Castro y su equipo, aunque quisieran quedarse en el poder, están preparándose para una eventual huida de Cuba, pero antes de hacerlo tienen que vender todo los activos del país.

Venderlos, pero a buen precio, y esto no se puede hacer sin la cooperación de Barack  Obama.

¿Por qué llamarlo un “reset” con el castrismo?

En 2009 La Casa Blanca planteó el inicio de una nueva relación con Rusia, la llamaron un reset (algo así como borrar el pasado y comenzar de nuevo).

En marzo de 2009 la secretaria de Estado Hillary Clinton regaló al Ministro de Relaciones Exteriores ruso Sergey Lavrov una cajita amarilla con  un botón rojo de “reset” dijo:

“Me gustaría presentarles un pequeño regalo que representa lo que hemos estado diciendo el Presidente Obama y el Vice Presidente [Joe Biden] y yo, y eso es: 'queremos restablecer nuestra relación y  lo haremos juntos”.

La reacción de un grupo de europeos ante el cándido gesto, entre ellos Lech Walesa,  fue de preocupación.  La revista Time lo resumió  de esta manera:

“En el verano de 2009, dos docenas de estadistas de la Europa Central y Oriental emitieron un llamamiento conjunto para el Presidente Barack Obama diciéndole que no hay que olvidar las lecciones de la historia reciente.

La Casa Blanca  había hecho público su “reset” en las relaciones con Rusia como una pieza central de la política exterior de Obama, y los europeos estaban preocupados de que Estados Unidos estaba dando un visto bueno a Moscú por su invasión de Georgia el verano anterior.

“Hay nerviosismo en nuestras capitales”, le dijeron en una carta abierta a Obama, que fue firmada por los ex dirigentes de nueve estados de la Unión Europea.

“La OTAN hoy parece más débil que cuando nos unimos”, escribieron. Al mismo tiempo, la carta añadía, “Rusia es como una potencia revisionista persiguiendo una agenda del siglo XIX”.

Los resultados de ese “reset” están a la vista:

Después de haber agredido a Georgia, Rusia invadió a Ucrania, se apoderó de Crimea y actualmente los aviones de su fuerza área ingresan desafiantes en espacio aéreo europeo.
  
Los principales países que fueron sometidos por la URSS están alarmados por su seguridad, y la NATO está reforzándose  tardíamente.

Hay duda en las capitales europeas sobre cuál sería la reacción de Estados Unidos si Rusia continúa su política agresiva.

Por mucho que el presidente Obama ha insistido en su disposición a respaldar la integridad territorial de la zona, la duda persiste.

Las consecuencias dentro de Rusia han sido graves. Las aventuras externas de Putin, que no se pueden desligar de la percepción que tuvo de un Obama débil y amigable, lo han transformado de un autócrata corrupto a un héroe nacionalista.

Esto, más la continua represión contra la oposición democrática rusa, a la que el gobierno de Estados Unidos, en su afán de “reset” con el Kremlin, no respaldó, han hecho retroceder y debilitar el movimiento democrático en Rusia de una forma dramática y triste.

Considero que este retroceso democrático en Rusia y el resurgimiento de un nacionalismo, tan absurdo como peligroso, son daños a largo plazo que se pudieron haber evitado.

Por supuesto, otros dirigentes europeos también son responsables junto a Obama de este desenlace.

El primer “reset” de Obama con el castrismo

El primer “reset” de Obama con el castrismo fue otro fracaso para los cubanos y para la democracia latinoamericana, pero no tuvo mucha repercusión. 

Cuba no es muy importante en los círculos políticos estadounidenses, ni en sus medios de comunicación, a menos que se trate de alguna noticia que culpabilice directa o indirectamente a Washington, o que demuestre algún logro real o falso del sistema en la Isla.

Después de instalarse en la Casa Blanca en 2009, Obama, fiel a sus promesas de campaña, eliminó restricciones de los viajes de los cubanos a Cuba y del envío de dinero a la Isla.

Sin dudas, una acción conciliatoria hacia el régimen de La Habana que, con una economía que el propio Raúl Castro caracterizó cercana al abismo, comenzó a recibir cientos de millones de dólares, que a estas alturas ya suman miles de millones de dólares.

La reacción de La Habana a la nueva política de Obama no fue la mejor:

Purgas a funcionarios que no se consideraban incondicionales del raulismo.

  • El ascenso de Ramiro Valdés, represor por excelencia, miembro de la vieja guardia y jefe del Ministerio del Interior en sus épocas más siniestras.

  • La ausencia de medidas que respaldaran los cambios implícitos en las críticas de Raúl Castro al sistema.

  • La eliminación de elementos moderados del régimen, que simbolizaban por su juventud y sus experiencias promesas hacia menos estatismo.

  • La sistemática negativa del gobierno a comunicarse con la oposición democrática, la insistencia de medidas represivas contra la disidencia y -en una supuesta antesala a la apertura-  hasta la inexplicable persecución de cubanos que recibían señales de televisión vía satélite.

El gobierno cubano  parecía actuar más sincronizadamente con Hugo Chávez y con su retórica anti imperialista.

Se continuaba machacando en el tema del “bloqueo”, con una demagogia que no correspondía con la nueva disposición y acciones de la administración estadounidense.

Finalmente, el 3 de diciembre de 2009 fue arrestado y luego condenado a 15 años de prisión el ciudadano estadounidense, Alan Gross.

Gross había estado llevando a Cuba equipo digital, financiado por un proyecto del gobierno de los Estados Unidos, para que la pequeña comunidad judía de La Habana pudiera romper el monopolio informativo.

La falta de una actitud conciliatoria de parte del régimen castrista se mantuvo en secreto hasta que el 25 de octubre de 2009, el periódico español El País reveló la verdadera situación de las relaciones entre el gobierno de Obama y el de Raúl Castro:

El País informó que Barack Obama le había pedido al Presidente José Luis Rodríguez, durante su visita a la Casa Blanca, que le mandara este mensaje a Raúl:

“Decidle a Raúl que si él no da pasos tampoco yo podré darlos”.

Según El País, Obama insistió en el tema de los pasos:

“Nosotros estamos dando pasos, pero si ellos no dan pasos también, será muy difícil que podamos continuar”.

En el mismo artículo se cita a Obama pidiéndole a Rodríguez Zapatero:

“Que les diga a las autoridades cubanas que comprendemos que no se pueden cambiar las cosas de la noche a la mañana, pero que, pasados unos años, cuando se mire hacia atrás, debe quedar claro que éste fue el momento en el que empezaron los cambios”.

La política de tomarlo con calma

No habían pasado dos meses desde que Obama le había pedido a Rodríguez Zapatero intervenir con Raúl Castro a ver si continuaban dando “pasos”, cuando Arturo Valenzuela, Secretario de Estado Adjunto para Latinoamérica, le declaró a EFE, y el Nuevo Herald publicó, que:

“El Gobierno de EEUU se está tomando con “calma” el acercamiento y el diálogo que inició la Administración del presidente Barack Obama con Cuba, porque no busca un ‘‘cambio súbito” en este momento en sus relaciones con La Habana…Washington pretende “tomar el pulso a la situación” en Cuba para “ver cómo salir adelante”… “Lo que estamos viendo de cara al futuro es cómo seguir avanzando” en los temas de interés común para EEUU y Cuba, agregó el alto funcionario… Sin embargo, recalcó que se trata de “algo que nos estamos tomando en estos momentos con calma”… “No es una cosa en que se está buscando un cambio súbito en este momento. Estamos avanzando”, subrayó el diplomático”.

Al buen entendedor pocas palabras: las peticiones de Obama a Raúl Castro a través del presidente del gobierno español Rodríguez Zapatero habían fracasado.

Lo curioso y sorprendente es que pareciera que la Casa Blanca se quedó en el limbo ante la negativa castrista, es decir, sin estrategia.

Por lo menos eso se desprende de las declaraciones de Arturo Valenzuela cuando dijo: “algo que nos estamos tomando en estos momentos con calma”.

Lo más grave de esta situación es que ya la Casa Blanca había unido  esfuerzos con el gobierno español para desmantelar la política de la Posición Común de la Unión Europea.

Impulsada en 1996 por el ex presidente del Gobierno español José María Aznar, la “Posición Común” de la UE condicionaba la normalización de relaciones con Cuba a los avances que debía dar el régimen comunista hacia la democracia, la liberación de todos los presos políticos, y la mejora de los derechos humanos.

En otras palabras, sin ninguna garantía de que habría cambios democratizadores en Cuba en correspondencia a un acomodo con los Estados Unidos, ya el gobierno de Obama estaba trabajando con el gobierno español para neutralizar y desmantelar la Posición Común europea.

La prueba irrefutable de esta situación la expuso francamente el 28 de octubre de 2009 el embajador de España en Costa Rica, Arturo Reig, en un revelador artículo en el periódico La Nación: Nueva Política hacia Cuba, donde dice:

“Por cuanto antecede y a la vista del callejón sin salida a que han conducido dichas políticas de la UE y de los EE. UU., había que preguntarse si valía la pena persistir en ellas y tanto la actual Administración Estadounidense como España se han planteado si no había llegado el momento de establecer una auténtica interlocución con el régimen cubano para intentar que el ya mencionado proceso de reforma, pacífico, ordenado y negociado entre todos los cubanos, pueda iniciarse, contando con la ayuda y el apoyo de la comunidad internacional y, en particular, con los EE. UU., la OEA y la UE, y dentro de esta última, con el país que todos los europeos reconocen como el que tiene el mejor conocimiento de la situación en Cuba; es decir, España”.

Es realmente insólito que el presidente Obama y su equipo en el Departamento de Estado no hayan tenido la precaución de esperar por una reacción positiva del régimen castrista antes de comenzar a debilitar la Posición Común.

A menos que haya sido la insistencia de Hillary Clinton, entonces Secretaria de Estado,  quien le dio luz verde a tal acción en conjunto con el gobierno español  y el presidente Obama, no se hubiera comprendido todo lo que esto implicaba.

El hecho es que habían puesto en marcha un “reset” a lo Putin, es decir, una estrategia que asumía una reacción positiva de la dictadura, y no tenían lista una política alterna si la acción fracasaba.

Por esa razón cuando fracasó el acercamiento, no tenían otra salida que decir que “lo estaban tomando con calma”.

Las consecuencias

Los resultados del primer “reset” de Obama con el régimen de La Habana han sido favorables para el castrismo, que se ha beneficiado de miles de millones de dólares de remesas, más los ingresos por los viajes de los cubanos a la Isla.

La oposición democrática en la Isla perdió misteriosamente a dos de sus más respetados dirigentes: Laura Pollán y Oswaldo Payá, mientras la represión ha continuado implacable, y la violación de los derechos humanos sigue siendo sistemática.

La asistencia del gobierno estadounidense a los programas de apoyo a la oposición democrática se paralizó por un tiempo, y ha sido de sumas minúsculas comparadas con la asistencia a la lucha por la democracia en otros países.

El gobierno castrista no ha tenido que pagar ningún precio en su preponderante papel de guiar el aniquilamiento de la democracia en Venezuela.

Su complicidad con un estado terrorista como Corea del Norte quedó ampliamente expuesta con el contrabando ilegal de armas que fueron confiscadas en Panamá, sin absolutamente ninguna consecuencia real.

Los cambios en Cuba

El fracaso de los cambios económicos en Cuba no es solamente una prueba de la incompetencia de quienes tienen el poder en la Isla.

Fueron políticas anunciadas con otro propósito verdadero:

El de simular una apertura que le permitiera a la clase dominante repartirse los activos del país bajo la simulación de una apertura económica.

La muerte de Hugo Chávez y el peligro de perder la subvención venezolana cambió los planes, y ha obligado al régimen a un esfuerzo desesperado por acercarse al gobierno de los Estados Unidos.

Todos los demás supuestos beneficios de viajes al exterior y una flexibilización del aparato económico estatal son parte del despliegue de  trucos.

Sirven para confundir y darle argumentos al periodismo incauto en el exterior, a los políticos e intelectuales comprometidos históricamente con el castrismo, y para estimular a los grandes manipuladores de inversiones, y a los pequeños también.

La campaña anti embargo y pro acercamiento se lleva a cabo por diferentes grupos con diferentes motivaciones, pero de lograrse el objetivo, será uno solo:

Un acomodo con Estados Unidos le aliviará al castrismo la grave crisis que se vive en Cuba en estos momentos, dándole la oportunidad de mantenerse en el poder.

No solo le ingresarán más recursos por la llegada del turismo estadounidense a Cuba. Lo más importante es que garantizará una revaloración de activos cubanos en el mercado internacional.

Esto podría facilitar que la familia Castro venda a extranjeros esos activos y amase una fortuna de proporciones incalculables, para disfrutarlas en el exilio.

La familia Castro multiplicará su fortuna en el exterior sin preocuparse demasiado si el chavismo colapsa y la ausencia de la subvención venezolana provoca la caída del régimen.

De hecho, casi toda esa familia o vive o viaja con frecuencia al exterior.

Hay poderosos intereses que conscientes de que están en juego ganancias por miles de millones de dólares  generan  presión detrás  de bambalinas  para que Obama intente un segundo reset con el castrismo.

Copio una información de Cinco Días, el diario español dedicado a temas económicos. Saquen ustedes sus propias conclusiones (el subrayado es mío).

Occidental Hoteles sale de Cuba

A finales de año dejará de gestionar cuatro establecimientos en el país

L.S. MADRID 29-10-2014 19:33

Occidental Hotels & Resorts no renovará los contratos de gestión de sus cuatro establecimientos en Cuba, que vencían a finales de año, lo que supone la salida de Cuba de la cadena controlada por BBVA y Partler 2006, la sociedad patrimonialista de Amancio Ortega, según han confirmado fuentes del sector.

La decisión se habría adoptado al tratarse de unos contratos que vencían a finales de año y que de renovarse tendrían una duración de otros cinco años, lo que podría impedir a la cadena operaciones futuras. Se trata de los hoteles Occidental Miramar y Occidental Montehabana, situados en La Habana, y de los complejos turísticos Allegro Varadero y Allegro Club Cayo Guillermo, este último incorporado a principios de este año, según Efe.

Fuentes del sector han asegurado además que la salida de Cuba tendría un impacto escaso en la cuenta de resultados del grupo, dado que apenas suponen un 1% del Ebitda. [Nota de Cubanálisis: Ebitda es un acrónimo del indicador financiero Earnings before Interest, Taxes, Depreciation, and Amortization, en español beneficio antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones].

Los actuales propietarios de la cadena hotelera, BBVA y Amancio Ortega, mantienen sus planes de salir de Occidental Hoteles, en la que entraron en 2007 por unos 700 millones. El proceso de venta, controlado por Morgan Stanley, sigue su curso después de recibir el interés de varios grupos, como la cadena española Barceló, la firma estadounidense Marriott, la mexicana Posadas, Host Hotels y Playa, en consorcio con Hyatt, y los fondos KSL Capital Partners -asesorado por Iberostar- y Caribbean Property Group junto con Perella.

La decisión de salir de Cuba podría facilitar el interés de grupos inversores de Estados Unidos, dado que la legislación estadounidense les prohíbe tener intereses en la isla. A partir de 2015 Occidental Hoteles gestionará 15 hoteles en siete países tras la salida de Cuba y de que en diciembre de 2013 decidiera no renovar el contrato del hotel Miguel Ángel de Madrid.

Conclusión

Obama puede caer en una trampa si se deja llevar por los consejos de quienes tienen otras agendas, que no son ni sus aciertos en política exterior ni mucho menos el respeto a los derechos humanos en Cuba.

El presidente tiene las evidencias en sus manos, son sus propias experiencias con Rusia y con el régimen castrista. El precio de ignorarlas será muy alto para los cubanos demócratas, y también para él.

Por Huber Matos Araluce, Cubanalisis

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