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Un 21 de octubre se denunció la traición a la revolución


En octubre de 1959 el pueblo cubano en su inmensa mayoría veía en Fidel Castro un semi dios. Quien dudara o pensara lo contrario y tuviera el valor de expresarlo se convertía un enemigo del pueblo que merecía el máximo castigo. 


En esas circunstancias, uno de los dirigentes de la Revolución, el Comandante Huber Matos, se expuso al paredón de fusilamiento por denunciar lo que sospechaba era una traición a los postulados democráticos de la Revolución.  Matos quería alertar al pueblo cubano. 

Siete días después, el Comandante Camilo Cienfuegos, amigo cercano de Huber Matos desde la Sierra Maestra y quien coincidía con Matos sobre la infiltración comunista, desapareció misteriosamente.

El 21 de octubre de 1959, a solo a diez meses del triunfo revolucionario en enero de 1959 Huber Matos fue arrestado en Camagüey después de haber enviado a Fidel Castro una carta de renuncia donde planteaba su desacuerdo con el rumbo que estaba tomando el proceso revolucionario. En esa carta señalaba la creciente influencia comunista y advertía a Fidel de las terribles consecuencias que sufriría Cuba si no se frenaba esa tendencia. Esta denuncia fue la primera alerta pública de un dirigente revolucionario de primera fila sobre lo que estaba sucediendo a espaldas del pueblo cubano. 

Con motivo del fallecimiento de Huber Matos el 27 de febrero de 2014, el periodista Víctor Ariel González escribió el artículo que reproducimos hoy 21 de octubre de 2017.
Víctor Ariel González

  Mi homenaje a Huber Matos

La Habana, febrero 28 de 2014

Jamás conocí personalmente a Huber Matos Benítez, aunque hubiera querido hacerlo. Desde que leí ese gran testimonio que es "Cómo llegó la noche" me impresionaron el valor y el civismo en el carácter de su autor. Fue un hombre que no renunció a sus principios ni aún bajo las más severas circunstancias.

Ayer en la mañana, a sus 95 años murió en EE.UU. este luchador incansable, que hasta los últimos instantes de su vida quiso una Cuba libre y próspera. Con ese noble propósito primero se unió a la lucha guerrillera contra el dictador Fulgencio Batista y en 1959 bajó triunfante de la Sierra Maestra, convertido en Comandante de una revolución que sembró grandes esperanzas. Pero la decepcionante verdad acerca de aquél proceso, revelada casi de inmediato, le mostró que el largo camino hacia la libertad de su tierra no había hecho sino empezar y que aún el tramo más difícil estaba por delante.

Debido a sus ideas, incompatibles con el totalitarismo de Fidel Castro, el Comandante Huber Matos fue acusado por sedición aunque no se había alzado contra el joven poder establecido. Vivió el presidio político durante 20 años, hasta 1979. Mientras muchos de sus compañeros de lucha depusieron su moral ante la adoración a un Líder Supremo y ante la falta de derechos humanos, este cubano permaneció fiel a su voluntad de ver a su país finalmente libre de todos sus tiranos. Mantenerse apegado a sus ideas, sin quebrarse, le convirtió en ejemplo de resistencia, en un ícono de la disidencia.

Incluso después de su salida de prisión, con la salud maltratada, el cuerpo envejecido por las continuas torturas y el prolongado encierro que sufrió en cárceles castristas, Huber Matos demostró que su alma permanecía intacta. Su esencia emancipadora no se había dañado. Ya en el exilio, condenado a no vivir en el país que lo vio nacer, desplegó un intenso activismo político que sin duda será determinante en la futura realidad de la nación. La organización Cuba Independiente y Democrática (CID), que él mismo fundó, encarna ese deseo de emancipación y actualmente constituye un partido opositor de importancia dentro de la Isla. Sus miembros tendrán la responsabilidad de continuar defendiendo el espíritu libertario de su ilustre fundador.

El nombre de Huber Matos llegó a mí con la siguiente frase: “no creas lo que te digan en la escuela acerca de este hombre”. Luego lo volví a ver en los libros de historia obligados por la ideología del castrismo, pero por suerte ya estaba advertido. Entonces supe distinguir la mentira, y que el par de líneas infames que le dedicaban en los textos oficiales no eran más que palabras vacías. Después llegó a mis manos su testimonio que, más que revelar, inspiró a quien escribe esta nota. Algún día la historia contada a los niños y jóvenes en Cuba le hará el honor que se merece a este patriota.

Descanse en paz ahora, que otros habrán de continuar la lucha.

Por Víctor Ariel González

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Martí: mito y realidad




Desde que a Fidel Castro se le ocurrió decir, durante el juicio en su contra luego del ataque al Moncada, que José Martí había sido el autor intelectual de aquel hecho que terminó en masacre, la figura del Héroe Nacional de Cuba comenzó a sufrir peor que nunca una distorsión que responde a intereses ideológicos. O más que ideológicos, se trata de los deseos de grandeza de un individuo que no se pareció en nada a Martí, de un pequeño hombre que se vio superado infinitamente por el insigne patriota de fines del siglo XIX.

Pero se impuso el slogan, el dogma, la mezcla grosera: “Por la ruta de Martí, con la guía de Fidel”. ¿Quién le dio autoridad al líder de la revolución de 1959 de apropiarse de esa aura libertaria, proveniente de Martí? Esa constituyó la primera falta de respeto al imaginario fundacional de la nación cubana.

Porque –y esto debe quedar más claro que el agua– el solo hecho de querer comparar a Fidel Castro con José Martí es lo que un religioso llamaría blasfemia. No se puede poner a uno al lado del otro, aun cuando el discurso oficial lo haga para reconocer que no se puede llegar al escalón del fundador del periódico Patria: siempre se queda por debajo.

Posiblemente sea la envidia del ex dictador cubano lo que le llevó a querer compararse con Martí. Jamás hubiera podido lograr lo que el ilustre Pepe, porque el independentista cubano era, para empezar, un hombre bueno.

José Martí pensó en una República “con todos y para el bien de todos”, y en la actualidad no hay una República de Cuba más distinta de esa realidad. La nación se encuentra dividida por la intolerancia, subdesarrollada y miserable, gobernada por un pequeño grupo de ungidos que, en nombre de la libertad, volvieron al país una prisión y aplastan en lo posible cualquier manifestación de disidencia.

¡Vincular a Martí con el comunismo! Este es otra de las reinterpretaciones aberrantes de la historia cubana: el patriota definió en su día al modelo social marxista como “la esclavitud moderna”.

Ya son varias las generaciones de cubanos que han crecido influidos por ese adoctrinamiento en una relación falsa: Martí como precursor de la revolución de 1959. Se han fabricado miles de bustos con la imagen del Héroe Nacional, que yacen abandonados en rincones de toda la geografía de la Isla porque, desgraciadamente, el dogma ha calado en ese pueblo que Martí amó. La gente, a fuerza de oírlo en el discurso oficial como parte del bombardeo ideológico constante, al final asocia a José Martí con la mentira de la llamada Revolución. Y con el cansancio que ha generado 55 años de sumisión, viene el rechazo a la figura más ilustre de la historia nacional.

Sin embargo, el alcance real de Martí es tal que todavía hay muchos cubanos que reconocen la diferencia que existe entre ese prócer de nuestra historia y la dictadura establecida en Cuba hace más de medio siglo. Algún día, justicia mediante, se le devolverá a José Martí su lugar preciso como parte de la identidad nacional.

Artículo relacionado:

•  “El alma moral de la Revolución” Diario Juventud Rebelde, 18 de agosto de 2014. Pág.2


Por Víctor Ariel González



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El último año del chavismo



Luego de un año de electo, el gobierno de Nicolás Maduro todavía respira, aunque con dificultad. ¿Habrá un próximo cumpleaños para la gestión del actual Presidente de Venezuela?

“La Revolución Bolivariana no retrocederá ni un milímetro”, ha declarado el huésped de Miraflores en varias oportunidades. Sin embargo, su gobierno ha tenido que ceder ante las presiones populares para facilitar un diálogo entre la oposición y el oficialismo. Si no aceptaba los diálogos, el régimen chavista mostraría debilidad; aceptándolos, también ha tenido que ceder.

En los últimos meses, el pueblo venezolano ha vivido duros enfrentamientos durante multitudinarias manifestaciones en contra de la criminalidad, el desabastecimiento y la creciente falta de libertades luego de 15 años de régimen chavista. La respuesta de las autoridades ha sido reprimir a cualquier precio. La escalada de violencia ha dejado un saldo superior a 40 muertos, además de centenares de heridos y miles de detenidos.

Las protestas masivas han exigido también la renuncia del Presidente de la República, a quien acusan de incapaz para lidiar con la profunda crisis venezolana. De paso, sus detractores lo han calificado de peón del gobierno de La Habana, que habría estado beneficiándose de la economía de Venezuela, expoliada por gobiernos populistas con el sistema cubano como modelo a seguir. Primero fue Hugo Chávez y ahora es Nicolás Maduro: ambos son aliados de los hermanos Castro y seguidores de sus doctrinas.

Pese a que ha intentado convertir Venezuela en una versión de Cuba, el chavismo no ha conseguido en todo este tiempo acabar con la oposición o acallar completamente a la prensa independiente del gobierno. De hecho, en las últimas elecciones presidenciales, la oposición venezolana no ganó por un margen ínfimo. Abril de 2013 fue el inicio del peor año que ha tenido que atravesar tanto el chavismo como el pueblo de Venezuela, marcado por la polarización ideológica y una ingobernabilidad creciente.

El motivo fundamental para que este haya sido un año tan funesto es la pérdida de credibilidad de una administración que se niega a aceptar la derrota, y la incapacidad de dicha administración para competir con adversarios políticos que demostraron en la mesa de negociaciones tener más preparación para lo que no ha podido hacer bien Maduro: dirigir una nación. El gobierno venezolano actual fue designado por su predecesor y legitimado a duras penas; ahí fue donde comenzaron los problemas para Maduro, quien heredó las dificultades económicas y los profundos problemas sociales y políticos del ejecutivo anterior. 

El actual presidente no tiene el carisma de Chávez ni tampoco su inteligencia. No quiere esto decir que el fallecido Hugo fuese bueno, sino que Nicolás es todavía peor. Este último no está a la altura de las circunstancias y ha pasado mucho trabajo para gobernar su país.


Por Víctor Ariel González



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La revolución de los camaleones





“Porque en política no se puede ser tonto”, explicaba mi profesor de historia en el último año del bachillerato, ante la pregunta de por qué, si Cuba era un país claramente anticomunista para mediados del siglo XX, Fidel Castro había traicionado la revolución con la que prometió restaurar la constitución de 1940. 

Es importante aclarar que “traicionado” no fue precisamente la palabra que utilicé aquél día. Hacerlo me hubiese costado quizá muy caro. De todas formas aquel profesor no se tomó a bien mi duda, porque en Cuba el solo hecho de no asimilar mecánicamente la doctrina histórica implica un grado inaceptable de disidencia. “Hay que tener cuidado, mucho cuidado con lo que se pregunta”, sentenció aquel hombre mal llamado “educador”. 

Acabo de recordar esta anécdota porque por estos días, como cada año, se rememora en los medios oficiales los sucesos de abril de 1961: los ataques aéreos, la proclamación del carácter socialista de la revolución y el desembarco armado por Bahía de Cochinos.

Siempre es esta una época donde abundan los reportajes conmemorativos y los testimonios de quienes vivieron de cerca los acontecimientos. Los medios oficiales dedican grandes espacios a decir lo mismo que se dijo antes, y que muchos cubanos están cansados de oír. La épica revolucionaria no resuelve los problemas actuales del país ni la miseria de la gente. 

Volviendo al tema específico de la traición al proyecto revolucionario inicial, no cabe duda que Fidel Castro engañó a la mayor parte del país. Supo aprovechar un momento de efervescencia popular para declararse socialista y crear la imagen del enemigo externo que le serviría para gobernar de la forma en que lo hizo durante casi cincuenta años. 

Aquella revolución, de la cual hoy no quedan sino ruinas, realmente no fue comunista en sus inicios. El propio líder del proceso lo desmintió en varias ocasiones: “esta revolución es verde como las palmas”, decía, para desmentir las suposiciones de muchos críticos que luego demostrarían no haber estado equivocados cuando le acusaban de socialista.

Por ese mimetismo que caracterizó al ex presidente Castro, el proceso que lideró recibiría luego el sobrenombre despectivo de “revolución de los melones: verde por fuera y roja por dentro”, en alusión al contenido estalinista del proceso cubano, en principio puramente emancipador, que pretendía restaurar la República que el golpe de Estado de 1952 violentó.

Si en los primeros años de su dictadura, el régimen cubano cambió los objetivos de una lucha en la cual contó con el apoyo del pueblo, en años recientes ha seguido demostrado esa camaleónica capacidad de renunciar a sus principios. Ha abandonado el socialismo para convertirse a un capitalismo atrasado y miserable, a diferencia del que existía en las décadas previas a 1959, período en el que Cuba emergió como una de las primeras economías de Latinoamérica.

Es la adaptación por conveniencia de la llamada “revolución” lo que ha permitido su supervivencia. Sus cambios de colores no han traído, sin embargo, un cambio en su contenido: sigue siendo totalitaria y represiva, como ha sido siempre desde que llegó al Poder.


Por Víctor Ariel González



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Inversión Extranjera: una ley, dos discursos


Los artículos que hablan sobre el tema más recurrente sobre la actualidad cubana, la nueva Ley de Inversión Extranjera, muestran dos discursos contradictorios. Quieren demostrar que el socialismo como modelo es posible, mas no aceptan que esa posibilidad exista gracias al capitalismo, su archienemigo. Lo cierto es que sin dinero, no hay socialismo que valga: los materiales para construirlo salen excesivamente caros.

Los altos dirigentes han llegado a la conclusión de que la intransigencia no sirve cuando se está solo. Venezuela ya no es una carta segura; por lo tanto hay que cambiar el juego que permitió al régimen cubano sobrevivir los últimos quince años. Pasó lo mismo cuando la metrópoli soviética desapareció y hubo que realizar aperturas a la inversión extranjera. El de ahora es un escenario similar a aquél, pero sus actores han cambiado junto a la realidad global y los paradigmas, que dejaron de ser los de antes. La nación cubana ha ido deformándose –la crisis extendida por décadas es la causa– y las generaciones post-soviéticas no le dan a los viejos símbolos el mismo significado que se les diera antes.

La experiencia de aperturas económicas previas condiciona a varios inversionistas que se atrevieron a poner capitales en Cuba y que hoy no quieran regresar. Inclusive, puede que algunos de ellos hayan hecho advertencias sobre los riesgos que implica negociar con los dirigentes cubanos. Y es que Cuba puede ser ciertamente un mercado virgen, o un país trabajador que está ávido de consumo (tales rasgos lo harían atractivo para invertir), pero como mismo se “aprueba” de un día para otro una ley que protege a los capitalistas que vienen a invertir, mañana se elabora otra que nacionalice sus negocios por una “cuestión de interés público” (así se ha anunciado en la ley). En tal caso los inversionistas, decepcionados e inconformes, se sorprenderán cuando vean de nuevo un “consenso unánime” en los diputados del mismo Parlamento que antes los invitase a la fiesta, y que luego ha decidido quitarles las empresas. Ya se ha hecho antes.

Se dice que la recién nacida “es una ley que beneficia las políticas de la Revolución en el camino del socialismo”, cuando fueron precisamente las políticas de la Revolución las que violentaron las inversiones que abundaban en el país, durante los meses en los cuales camino del socialismo no era más que una acusación que hacían los enemigos del pueblo a la naciente tiranía. 

Permitir la inversión extranjera en Cuba “no quiere decir bajo ningún concepto que se venda el país al mejor postor”, se han apurado en aclarar los funcionarios de la Isla. Afirmando tal cosa, se ponen en evidencia pues reconocen que esa es la primera reacción no sólo del público, sino también lo primero que piensan ellos mismos. Pero “la atracción del capital extranjero está orientada hacia grandes y necesarios proyectos que contribuyan al desarrollo económico y social de Cuba”, cuestiones a las que está obligado un régimen cuya deuda de promesas incumplidas pesa cada vez más.

Según el ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, con esta ley se trabajará “sobre la base de nuestros proyectos y necesidades, (…) dándole prioridad a las asociaciones y empresarios serios, con buena situación financiera y que por supuesto, no estén involucrados en acciones contra Cuba de ninguna índole” ¿Quiénes serán? Los mejores candidatos son estados similares al cubano en cuanto al trato que dan a su ciudadanía y la carencia de derechos humanos. En este discurso, para empezar, se evidencia la arrogancia de un funcionario público que cree conocer “nuestras necesidades”, muy distintas entre la clase dirigente –a la cual él pertenece– y el pueblo cubano.

Por otra parte en cuanto a la posibilidad de que los cubanos residentes en el exterior inviertan en el país, se dice que “la Ley de Inversión extranjera vigente contempla esa opción”. Es difícil imaginarse un empresario cubano residente en el extranjero, con buena situación financiera y a la vez serio, que quiera involucrarse con los sátrapas del comunismo caribeño.

“Existirán agencias empleadoras por sector de inversión que facilitarán la contratación del personal cubano (…) Serán igualmente las encargadas de negociar el salario de los empleados y otras condiciones de trabajo” Esta es una forma de esclavitud moderna: si un extranjero quiere pagar bien a sus trabajadores no podrá hacerlo porque el gobierno cubano no quiere. 

El crecimiento del PIB en años anteriores ha sido del 3.1% (2012) y del 2.7% (2013). Se planea que para 2014 el crecimiento sea del 2.2%, lo que significa que hay una franca desaceleración. Si el comportamiento de la economía cubana en los últimos años no ha propiciado el grado de satisfacción que espera la nación, que se ve reflejado en esos números, ¿cómo estar seguros de que ahora sí va a haber resultados que eleven los índices económicos positivos? 

No debe sonar atractivo para un inversionista que esta se trate de una propuesta de Ley “desde la convicción socialista de nuestra economía”, como ha afirmado el diario Granma. En cuanto a si es necesaria y oportuna, cabe preguntarse si llegó en el tiempo justo y no demasiado tarde. Quizá sea un poco pronto para también darle la calificación de “acertada” que le han puesto los analistas de la oficialidad.

Tampoco debe ser alentador el comentario oficial de “nadie imagine un tropel de inversionistas ‘plantando’ fondos donde y del modo que quieran”. Esto, antes de ser una garantía, es de un desincentivo poco disimulado. Además, la política de inversiones se materializará basándose en las necesidades del país, es decir, los intereses de los dirigentes. Veremos quién está dispuesto a seguirles su errático paso.

En definitiva, esta ley estará emparentada con sus homólogas asiáticas en China o Vietnam, con mayor o menor apertura. Los estudios que se han realizado sobre experiencias previas en otros lugares del mundo acusan estos dos ejemplos. Se ha hablado mucho a los cubanos sobre el significado político de esta nueva ley, en principio económica. Ahora cabe preguntarse qué le habrá dicho al mundo el gobierno de La Habana por tal de sacar el país a la subasta mundial para “salvar el socialismo”. No sería de sorprender que el discurso nacionalista que se ha dado al pueblo cubano sea muy distinto cuando se dirige al exterior.

Por Víctor Ariel González

Artículos relacionados:

•“Una ley estratégica” Diario Juventud Rebelde, 29 de marzo de 2014. Pág.4
•“Ley dentro de mi casa” Diario Granma, 2 de abril de 2014. Pág.8
•“Defender siempre los intereses del país” y “Legislar para el desarrollo” Diario Granma, 29 de marzo de 2014. Pág.2

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Zunzuneo, la apología anti tecnológica de la dictadura


Miles de jóvenes la utilizaron para recibir información que la prensa oficial no brinda. Sirvió para crear redes sociales y conectar a la desconectada sociedad cubana. Fue tan útil y tan neutral en principio, que incluso después de desmantelada le ha servido a los medios de comunicación del régimen castrista para reforzar su retórica anti tecnológica, que es en definitiva hacia donde ha derivado su voluntad de aislamiento: efectivamente, Zunzuneo sirvió para muchas cosas, incluido el papel de “mensajero del mal” que el discurso del gobierno cubano le ha dado.

Zunzuneo recientemente ha sido lanzada al estrellato en Cuba por los propios medios de comunicación del régimen. Antes de eso poca gente la conocía. 40 000 personas dentro de una población total de 11 millones representa una cifra bastante pobre. Para hacerle justicia, hay que reconocer que logró tamaña cantidad de usuarios en sus escasos tres años de vida, superando las tremendas dificultades que tuvo que enfrentar como vehículo alternativo de información en uno de los países menos libres del hemisferio occidental. 

Su número de usuarios refleja que la gente en Cuba necesita conocer la realidad desde otras perspectivas distintas a la del Estado, que en definitiva no tiene mucho que ofrecer sobre todo a una juventud que busca éxito. Dicho grupo etario conformaba el grueso de los usuarios de Zunzuneo.  No basta con lo que informa Granma, Juventud Rebelde o el Noticiero de Televisión. Estamos hartos de eso. 

Su objetivo no era “crear una red dirigida a los jóvenes cubanos para promover entre ellos la oposición al Gobierno Revolucionario y, eventualmente, movilizarlos y utilizarlos en sus propósitos desestabilizadores”. Claro está, los “propósitos desestabilizadores” son del gobierno de EE.UU.

Es curioso: el régimen cubano, que dice tener el sistema más justo del mundo, el gobierno más sólido y democrático, el país más libre, le tiene un miedo enorme a algo tan simple como un mensaje de texto de 140 caracteres. ¿Cómo puede ser tan terrible un SMS?

Ya lo dijo el periodista Reinaldo Taladrid en la Mesa Redonda del viernes 4 de abril, algo así como que “los mensajes crearían descontento”. ¿Es que, con todo y lo “buena” que está la situación en Cuba, la gente aún no está convencida? ¿Acaso la gente no está descontenta ya, y nada más necesitaría la chispa que comenzaría un fuego incontrolable?

La prensa oficial ha publicado durante toda la semana extensos artículos sobre el tema en cuestión. Ha saturado todos los medios, en su afán de poner en evidencia que “los laboratorios de subversión ideológica de EE.UU.” continúan ideando planes para “regresar al pasado” y que la Isla se convierta en una “neocolonia”. Le ha venido muy bien, por cierto, para echar tierra sobre el asunto de la nueva Ley de Inversión Extranjera, cuyos debates en el mal llamado Parlamento fueron a puertas cerradas y vinieron a publicarse por estos días en que Zunzuneo se ha puesto de moda, ahora que sus SMS ya no hacen “daño”.

Quien los conozca un poco, sabe que los órganos de inteligencia cubanos no dejarían escapar un detalle tan importante como la red social ilegal que EE.UU. sembró en Cuba. ¿Por qué vienen a destaparla precisamente ahora, más de un año después que cerró sus servicios?

La propia dictadura se pone en evidencia cuando dice que “las esperanzas del imperio acerca de una supuesta fisura generacional, son totalmente infundadas”, porque nada más que el concepto de “fisura generacional” merece ser reconocido: eso es precisamente lo que está ocurriendo en Cuba. Solo que es impreciso, porque cada vez menos gente cree en el paraíso socialista y la fisura generacional se ha vuelto un abismo a medida que pasan los años.

Con todo el descaro que la caracteriza, la prensa cubana oficial ha denunciado que los mensajes que se mandaban a través de Zunzuneo eran “no deseados” o “spam”. Por supuesto, los SMS que manda Cubacel, la empresa cubana que gestiona la red de celulares, sí son “deseados”. Sobre todo aquellos textos que recibimos hasta los opositores al gobierno y que dicen “Viva el aniversario de la Revolución”, así como otros contenidos indeseables.

El servicio de móviles en Cuba viola además la privacidad de los ciudadanos, algo de lo que acusan a la red destapada. Todo el mundo ha visto que menudo se publican por televisión las conversaciones privadas de algunos disidentes al régimen, cuyo contenido sirve para desprestigiar la imagen de la oposición en Cuba. En este caso –como sucede siempre que es posible– hubo tiempo de emprenderla contra los “grupúsculos contrarrevolucionarios que trabajan al servicio del imperio”.

La “revelación” que hizo The Associated Press ha sido burdamente manipulada también para justificar el pésimo servicio que se oferta a los usuarios de la telefonía móvil en Cuba. Dicen que Zunzuneo congestionaba las líneas, cuando en verdad no hay un solo día festivo del año en que no colapse el servicio por la inoperancia de las redes de comunicación, anticuadas e insuficientes.

Zunzuneo es sólo el comienzo. Dentro de esta campaña mediática se han denunciado las “redes inalámbricas clandestinas” que sirven a muchos para “intercambiar música, películas, tener conversaciones e incluso jugar en línea”. Realmente, esas son herramientas que han creado espontáneamente los jóvenes para comunicarse entre sí, independientemente del Estado.

Ellos son los que la prensa ha dado en llamar “los emprendedores tecnológicos cubanos”. El gobierno de aquí sería uno de los pocos que condena el desarrollo, cuando dice que “esos planes [los del gobierno de EE.UU., presuntamente] tienen como objetivo quebrar la unidad [o sea, no comportarse más como un rebaño humano], sembrar la duda [pensar], modificar patrones de conducta [no obedecer ciegamente] y promover el individualismo [tener iniciativa personal, creatividad] entre jóvenes”.

Zunzuneo no sembraría “el pesimismo y el desánimo”. Esos males son inherentes al Estado Revolucionario. La paranoia oficial ha llegado a teorizar sobre un plan global de desestabilización que el gobierno de EE.UU. está llevando a cabo: “Ya lo han hecho en Libia, Siria, Egipto, Ucrania y Venezuela”, declara un periodista pagado por el régimen.

El final que pueda tener todo el alboroto respecto a las redes sociales que la dictadura no puede controlar, es imprevisible. Lo que salta a la vista, es que se trata de un sistema que le tiene pánico a las nuevas tecnologías que sirven para interconectar al mundo y que, más temprano que tarde, ayudarán a los cubanos a ser libres. 

De hecho, ya lo estamos consiguiendo.

Por Víctor Ariel González



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Relacionado:

“Mesa Redonda” 4 de abril de 2014
“Es escándalo de Zunzuneo suena en el mundo entero” Diario Granma, 5 de abril de 2014. Pág.4
“Arte joven contra la guerra cultural” Diario Juventud Rebelde, 6 de abril de 2014. Pág.1
“Subversión más allá del ZunZuneo (I Parte)” Diario Juventud Rebelde, 6 de abril de 2014. Pág.6
“No nos sorprenden con sus zunzuneos” Diario Juventud Rebelde, 8 de abril de 2014. Pág.1
“Continúan las revelaciones en torno a la red subversiva anticubana” Diario Juventud Rebelde, 8 de abril de 2014. Pág.3
“Los ‘Zunzuneos’ del Pentágono” Diario Granma, 8 de abril de 2014. Pág.5
“Jefe de la USAID defiende programa subversivo contra Cuba” Diario Granma, 9 de abril de 2014. Pág.5
“ETECSA condena el uso de servicios de telecomunicaciones ilícitos contra sus redes y usuarios” Diario Granma, 10 de abril de 2014. Pág.2
“Confirman planes de utilizar contenido político en ZunZuneo” Diario Granma, 10 de abril de 2014. Pág.5

Foto: Los colibrís (Zun zun)  abeja, nativos de Cuba, son el pájaro más pequeño del mundo, miden cerca de 2 pulgadas (5 cm) y pesan 0,06 oz (1,7 g). Ellos han hecho una serie de adaptaciones morfológicas como especie durante millones de años, haciéndolos a ellos y a todos los colibrís únicos entre las aves.

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¿Hacia dónde apunta la unificación monetaria?



La desaparición hace meses de las Casas de Cambio (CADECA) está, para muchos, relacionada con la anunciada unificación monetaria. La prensa oficial afirma que esta última ya ha echado a andar “definitivamente”.

No se puede negar que constituye un paso de avance el hecho que el gobierno de la Isla haya reconocido la existencia de dos monedas nacionales como una aberración financiera. Sin embargo, la pregunta lógica que surge tras conocer que existe la voluntad real de la unificación es por qué ésta no se había hecho antes, o más aún, por qué existió la dualidad en primer lugar.

Los zares económicos de Cuba han cambiado a voluntad la legislación y el funcionamiento financiero del país en varias ocasiones. La “actualización del modelo”, propuesta e iniciada por Raúl Castro, es la expresión actual de una vieja práctica de la dictadura que consiste en su metamorfosis a partir de los intereses de supervivencia del totalitarismo. 

El surgimiento del CUC fue, en su momento, un ejemplo de la camaleónica actitud de la nomenklatura socialista: durante décadas estuvo fuertemente penalizada la tenencia de dólares hasta que un buen día de 1994, en medio de una severa crisis económica, poseer dinero norteamericano pasó de ser un delito grave a una ventaja clara. No sólo se permitió la circulación de dólares, sino que el Peso Cubano Convertible apareció como una imitación criolla de la antes demonizada moneda norteamericana.

A partir de entonces se definieron con más claridad que antes dos sectores sociales, ahora diferenciados entre sí en tanto uno tenía acceso a la moneda fuerte y el otro no. La burbuja igualitaria había reventado oficialmente. Pero la supresión de la dualidad monetaria, anunciada para 2014, no significaría que hay un acercamiento a la justeza de la redistribución socialista (esa utopía que los dirigentes cubanos dicen perseguir y de la cual siempre se llevan el mejor pedazo).

Como el régimen jamás ha obrado desinteresadamente, es presumible que la unificación monetaria no esté dirigida a mejorar las condiciones económicas de la nación. El objetivo primario sería tratar de poner un orden en el caos financiero al que contribuyen los complicados mecanismos cambiarios actuales en el país. De no ejecutar esta medida, quizá habría  menos posibilidades de que la inversión extranjera (ese gran capital corruptor que, según se ha afirma hoy, salvará al socialismo virginal) tuviera interés en venir a Cuba.

Todos los procesos que están teniendo lugar en Cuba parecen girar en torno a una apertura económica que no contempla un salto democrático, en lo que a política se refiere. ¿Algo parecido al caso Chino? El General-Presidente es un presunto seguidor del modelo económico del gigante asiático. Se está construyendo una enorme Zona de Desarrollo Especial en el Mariel, modificando la Ley de Inversión extranjera y, como parte de este proceso global, la unificación monetaria no es más que un paso incluido en el mismo.

El proceso de unificación monetaria ya incluye experimentos. En La Habana funcionan tiendas en donde es posible pagar con cualquier tipo de dinero cubano, incluidas las tarjetas de crédito en CUP. Para empezar, se ha mantenido vigente el cambio oficial de 25 CUP por 1 CUC y no se habla de una disminución en los precios. Según la prensa oficial, vocera de los burócratas del gobierno,  esta medida inicial de por sí es buena, “pues ahora el consumidor (…) podrá elegir la manera y la moneda con la cual pagará”. 

Tan vedado está el asunto de la unificación, que ningún reportero puede acceder a información detallada. Los directivos de los comercios estatales en donde ha comenzado a funcionar el experimento no están autorizados a hablar al respecto, pese a que los dirigentes del país se han referido en varias ocasiones a la “transparencia” que debería existir en la ya mencionada “actualización del modelo”. 

En su emisión nocturna del jueves 3 de abril, el Noticiero Nacional de Televisión transmitió un reportaje sobre los centros comerciales donde se está experimentando con las dos monedas. Actualmente son sólo los de “La Puntilla” y “La Copa”, ambos en el municipio capitalino de Playa, los que venden sus productos tanto en CUC como en CUP. Funcionarios de las cadenas de tiendas que operan esos establecimientos anunciaron que hay otros puntos de venta en donde se prevé esté lista, en breve, la nueva modalidad de pago. Dichos establecimientos incluyen a las provincias del interior del país.

¿A dónde conduce la desaparición de la dualidad monetaria? Ya lo han dicho los altos cargos del gobierno: la unificación no será la fórmula “mágica” que solucione los problemas. Poniendo esta premisa, se lavan las manos con cualquiera que vea el principio del fin de la crisis cubana en las medidas raulistas. 

No se debe olvidar que, tal vez, las reformas han llegado demasiado tarde. Y no sólo eso, sino que el éxito de los planes del régimen (dentro de los cuales se pasa por la unificación monetaria) dependen en buena medida de factores externos que la dictadura cubana no puede controlar.

En cualquier caso, la demora en la erradicación del Peso Convertible sugiere que no se tratará de la conversión automática de CUC a CUP utilizando el cambio vigente. Además, ha habido anuncios sobre la modificación en los precios, que han provocado preocupación en los consumidores. La palabra final la tendrá, como siempre, un gobierno que trabaja sin oposición y que redefine su curso sin consultar al pueblo que debería representar. 

Notas:

*CUC: Su nombre oficial es Peso Cubano Convertible. Es, de las dos monedas que circulan en Cuba, la más fuerte. 
**CUP: Es la otra moneda que circula en Cuba. Su nombre oficial es Peso Cubano y vale 25 veces menos que el Peso Cubano Convertible. También es la más abundante: la mayoría de los empleados estatales (que al mismo tiempo representan el grueso de la población laboral activa) cobra su salario en este tipo de dinero.

Relacionado:

“Pagar con las dos monedas para llegar a una” Diario Juventud Rebelde, 29 de marzo de 2014. Pág.8
Noticiero Nacional de Televisión, Emisión Estelar. Jueves 3 de abril de 2014


Por Víctor Ariel González



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Cuba jamás fue tan pobre como lo es ahora. ¿Cuba como paraíso fiscal?


El sábado 29 de marzo se presentó al Parlamento cubano la nueva Ley de Inversión Extranjera, otra de las anunciadas transformaciones de las últimas semanas para el sistema económico cubano. Este proceso tiene que ver, entre otras cosas, con los lineamientos aprobados por el 6to Congreso del PCC.

Son los dirigentes del Partido Comunista, los actuales dueños de Cuba, quienes a partir de 1959 comenzaron a expropiar a las empresas privadas que radicaban aquí, tanto nacionales como extranjeras. La centralización de la economía alrededor del Estado, que pasó a ser el propietario absoluto de cuanta riqueza había en la Isla, condujo a la situación que enfrentamos hoy, cinco décadas más tarde: la peor y más larga crisis en la historia del país. Cuba jamás fue tan pobre como lo es ahora.

Luego de la revolución que se hizo en nombre del comunismo, la economía pasó a depender de la U.R.S.S. como no había dependido ni siquiera de los EE.UU. La enfermiza relación comercial con el bloque soviético provocó que, a la caída del muro de Berlín, le sucediera al régimen castrista la brutal crisis de los 90’, que no ha terminado. Fue el resultado de la dependencia hacia una potencia extranjera, a una economía foránea.

En aquel entonces, hubo de despenalizarse el dólar norteamericano y abrir el país a la inversión extranjera. Varias empresas, principalmente del sector turístico, comenzaron a traer capital a Cuba y gracias a ellas la dictadura pudo resistir el duro golpe que representó la pérdida del asidero soviético. Por primera vez, luego de 1959, la Isla se puso a la venta. Fidel Castro tuvo que recurrir al gran capital para salvar su querido “socialismo”.

Con la entrada al escenario de Venezuela a fines de la década de 1990, la situación de apertura varió un poco. El castrismo tuvo la oportunidad de cerrarse otra vez, de monopolizar la vida del país, una vez más. La economía cubana ahora dependía de otra, extranjera, esta vez de la nación petrolera sudamericana y de la alianza con Hugo Chávez, un megalómano discípulo de Castro.

La dependencia hacia Venezuela se ha hecho creciente, de forma tal que de aquel país Cuba obtiene inmensos subsidios energéticos. De interrumpirse ese flujo de recursos fundamental para Raúl Castro (el sucesor dinástico de Fidel), el régimen cubano experimentaría una contracción financiera muy peligrosa para conservar su statu quo.

Sobre todo porque ya Cuba no es la misma que la de principios de los 90’. La gente está mucho más despolitizada y cansada de una situación que nunca mejora lo suficiente como para decir que se ha superado la crisis. Hay demasiados problemas acumulados.

Por eso, es que la nueva legislación sobre la inversión extranjera está destinada sobre todo a diversificar la economía cubana: se necesitan nuevos socios, porque es casi seguro que las relaciones Venezuela-Cuba no podrán seguir teniendo la escala que actualmente poseen. Raúl Castro está a punto de perder a su gran aliado, y no sabe para dónde va a mirar después de que caiga Maduro. Actualmente estudia a socios potenciales. Por otra parte, el presidente venezolano está demostrando ser un inepto para lidiar con las protestas de su pueblo. Los venezolanos están cansados también, con razón.

Porque, tal como dice la célebre frase: “no se puede engañar a todo el mundo, todo el tiempo”. Venezuela se tambalea porque su gente está cansada de crisis. La relación con Cuba también peligra porque se basa en intereses ideológicos más que económicos, y la vez los cubanos ya no creen en lo que dicen sus gobernantes. 

¿Cómo soportarán los cubanos otra caída sin haberse recuperado de las anteriores?

El nuevo engaño de la administración raulista está en hacerle creer a inversionistas extranjeros que su capital estará seguro aquí. Está tratando de convencerlos de que Cuba llegará a ser, inclusive, un paraíso fiscal en donde no tendrán que hacer declaraciones sobre los ingresos personales. El país se convertirá, tal vez, en una lavadora gigante de dinero ilegal, pues no importa de dónde provengan las finanzas de los que se arriesguen a invertir en el Mariel: lo que quieren los gobernantes cubanos es dinero para mantenerse eternamente en el poder. Lo demás, no importa. No es hora de tener escrúpulos, si es que alguna vez los tuvieron.

Finalmente, ¿qué dirían todos esos propietarios en Cuba cuyas economías fueron destruidas con la llegada de los comunistas al poder? Para 1958, meses antes de la revolución, Cuba tenía una de las mejores economías del continente. El progreso que se logró en los años de la República ha llegado hasta nuestros días, reflejado en las construcciones de dejaron los grandes empresarios de antaño, las cuales no han podido ser igualadas en toda la era revolucionaria. Ellas son el símbolo de lo que alguna vez existió aquí. 

Los dirigentes cubanos se dedicaron a destruir el país, y ahora lo sacan de nuevo a la venta. Han terminado pareciéndose a los ricos propietarios que tanto critican con su propaganda igualitarista. Sólo que aquellos sí eran los dueños legítimos del gran capital cubano, del que hoy quedan sólo las migajas, que el general-presidente pretende convertir en el pan del cual él y su camarilla se llevarán el mayor pedazo.

No se puede invertir en el país de los grandes ladrones.

Artículo relacionado:

“La inversión extranjera se actualiza” Diario Juventud Rebelde. 26 de marzo de 2014. Pág.4

Por Víctor Ariel González



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