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¿Quién traicionó la Revolución cubana: Fidel Castro o Huber Matos?

Fidel Castro y Huber Matos entran a la Habana 
el 1 de enero de 1959

Huber Matos fue arrestado el 21 de octubre de 1959 por protestar por el giro comunista que tomaba la Revolución
  

La Revolución triunfó el 1 de enero de 1959 con el compromiso de que el programa de cambios prometidos se llevaría a cabo por el nuevo gobierno revolucionario dentro de un sistema democrático.  Ese compromiso fue hecho por el propio Fidel Castro el 16 de octubre de 1953 en el juicio por el asalto al Cuartel Moncada. En su discurso de defensa, conocido luego como “La historia me absolverá”, Fidel Castro aseguró que al triunfo de la lucha se pondría en efecto la Constitución de 1940. 

Tal compromiso fue ratificado en el Manifiesto del Movimiento 26 de Julio publicado el 8 de agosto de 1955.  La Constitución de 1940 era una de las constituciones más avanzadas  en el orden social que había en Latinoamérica. Esta constitución  daba el derecho a los cubanos de formar partidos políticos, absoluta libertad de asociación, libertad de prensa y garantías a quien triunfara en las elecciones.  

Una vez en el poder, lejos de cumplir con su promesa, Fidel Castro dio un giro dictatorial al gobierno revolucionario con el fin de convertirlo en una dictadura totalitaria.  Algunos dirigentes revolucionarios estuvieron en desacuerdo con ese cambio que se consideraba una traición al programa del Movimiento 26 de Julio y al pueblo; tampoco estaban de acuerdo con el control que se le estaba dando al Partido Comunista de Cuba, que casi hasta última hora había sido un aliado del dictador Batista.  

El jefe de la Fuerza Aérea Revolucionaria, el Comandante Pedro Luis Díaz Lanz huyó de Cuba en junio de 1959 y denunció la conspiración comunista de Fidel, Raúl y el Che Guevara. El presidente del gobierno revolucionario, el abogado Manuel Urrutia Lleó, fue obligado a renunciar en julio de 1959.  

Tres meses después, en octubre de 1959, Huber Matos, entonces jefe militar de la provincia de Camagüey  y héroe de la Sierra Maestra, le escribió a Fidel Castro: “Si se quiere que la Revolución  triunfe, dígase  a dónde vamos y cómo vamos, óiganse  menos  los chismes y las intrigas y no se tache de reaccionario ni de conjurado al que con  criterio honrado plantea estas cosas…”. Este fue el consejo del invicto Comandante de la Columna 9 del  Ejército  Rebelde al ver el giro torcido que se le estaba dando al proceso revolucionario que había triunfado 10 meses antes, el 1 de enero de 1959.  

Huber Matos había conversado ya varias veces con Fidel Castro sobre la necesidad de mantenerse fiel a las promesas democráticas hechas al pueblo cubano, pero al ver que Castro no reaccionaba,  le envió una carta de renuncia el 20 de octubre de 1959 exponiendo en ella  los  argumentos por los cuales pedía su licenciamiento del Ejército Rebelde. Un día después, el 21 de Octubre de 1959 Huber Matos fue arrestado.

Al igual que Matos otros oficiales y altos funcionarios del gobierno revolucionario estaban muy preocupados por los pasos de Fidel Castro contrarios a las promesas de reestablecer la democracia en Cuba tan pronto triunfara la Revolución.  Entre ellos se encontraba el más popular de los comandantes, el Comandante Camilo Cienfuegos, amigo personal de Huber Matos,  con  quien lo unía una estrecha amistad desde los días de la Sierra. Camilo al igual que Matos mantenía una posición contraria al comunismo; ambos compartían los mismos ideales.  

El destino del pueblo estaba en juego, la desgracia aguardaba a nuestra patria. Se traicionaban los ideales democráticos por los que se había luchado en la Sierra Maestra y en las ciudades, para encadenar al pueblo con una nueva dictadura que le diera el poder de por vida a Fidel Castro,  su familia y a sus cómplices. Huber Matos vio el peligro que traería consigo una dictadura comunista en Cuba: estaba convencido que el comunismo serviría para esclavizar al pueblo y traería un desastre económico al país. Alzó su voz a favor de la libertad, la democracia y en defensa de los desposeídos y los marginados.  

Por denunciar que la Revolución se desviaba hacia una dictadura comunista, Huber  Matos fue  sometido a un juicio sumario y encarcelado durante veinte años en las mazmorras del régimen, donde estuvo sujeto a torturas, tratos crueles, degradantes e inhumanos.  El Comandante de la Libertad cumplió esta injusta sentencia hasta el último día en permanente rebeldía, sin beneficio carcelario alguno. Una semana después del arresto del Comandante Huber Matos, estando éste ya en prisión, el Comandante Camilo Cienfuegos desapareció misteriosamente el 28 de octubre de 1959.  


Huber Matos y Camilio Cienfuegos

Cuando Matos renunció creyó que había una posibilidad de salvar al pueblo de la tragedia que hemos vivido los cubanos y por eso apeló a Fidel Castro para que cumpliera la promesa de una revolución democrática y le dijo: “¡Salvemos la Revolución, Fidel!”  


Por Roberto Blanco Gil

Presidente del Comité Contra los Malos Tratos, de Cuba Independiente y Democrática (CID).

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Fraudes “revolucionarios”


Ante otro 26 de julio, recapacitemos sobre qué problemas tenía Cuba en 1953 y cómo prometía resolverlos Fidel Castro,de acuerdo a su discurso conocido como “La Historia me absolverá”:

En agricultura denunciaba miles de caballerías de tierra improductivas, mientras muchos no tenían tierra para producir alimentos. Sobre industrialización declaraba que Cuba no podía reducirse a producir algunas materias primas, teniendo que importar casi todo. Sobre vivienda señalaba que muchos vivían en barracones, cuarterías y solares sin  elementales condiciones de higiene y salud. Sobre justicia dijo que enviaban a la cárcel al infeliz que robaba por hambre, no a los ladrones que robaban millones al Estado. Y que los gobernantes vivían en palacetes, sin preocuparle las necesidades del pueblo. Sin que la propaganda castrista pueda confundirnos, se comprobará fácilmente que aquellos problemas de hace más de 60 años siguen presentes en Cuba.

Para resolver esos males, Fidel Castro prometía repartir la tierra a los campesinos y en el resto disponible crear cooperativas. Entregar viviendas a toda la población: “hay piedra suficiente y brazos de sobra para hacerle a cada familia cubana una vivienda decorosa”. Reformar la enseñanza, preparar mejor a futuras generaciones. Sobre la alimentación: “los mercados debieran estar abarrotados de productos; las despensas de las casas debieran estar llenas”. Sobre permanecer en el poder: “la dictadura que ha arruinado al país con la conmoción, la ineptitud y la zozobra, se dedica a la más repugnante politiquería, inventando fórmulas y más fórmulas de perpetuarse en el poder”. 

Fidel Castro imaginaba cinco leyes revolucionarias para supuestamente solucionar esos problemas: Restablecer la Constitución de 1940 como verdadera ley suprema de la nación. Entregar la propiedad de la tierra a todos los que la trabajaran. Conferir a los trabajadores el 30% de las utilidades de sus empresas. Otorgar beneficios a los pequeños productores cañeros. Y confiscar todos los bienes malversados por los gobernantes. Es evidente que no tenía la menor idea de cómo funcionaba un país.

Lo peor y más grave no fueron sus ideas disparatadas para resolver problemas, sino sus burlas, mentiras y engaños a todos los cubanos, la traición a los postulados democráticos de la revolución. Nunca restableció la Constitución de 1940 suspendida tras el golpe de estado de 1952, una de las más avanzadas de la época y que contaba con respaldo popular. En su lugar inventaron “leyes revolucionarias” que reflejaban los intereses y caprichos del gobierno y del propio Fidel Castro.

Y como la Constitución de 1940, la ley más importante del país, nunca fue restablecida, todo lo que vino posteriormente ha sido dictadura, ilegalidad, mentiras, arbitrariedades y fracasos absolutos.

Ese es el verdadero legado histórico de Fidel Castro y del asalto al Cuartel Moncada.

Por Zuleidys Lisbeth Pérez Velázquez, presidenta nacional del CID




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La revolución de los camaleones





“Porque en política no se puede ser tonto”, explicaba mi profesor de historia en el último año del bachillerato, ante la pregunta de por qué, si Cuba era un país claramente anticomunista para mediados del siglo XX, Fidel Castro había traicionado la revolución con la que prometió restaurar la constitución de 1940. 

Es importante aclarar que “traicionado” no fue precisamente la palabra que utilicé aquél día. Hacerlo me hubiese costado quizá muy caro. De todas formas aquel profesor no se tomó a bien mi duda, porque en Cuba el solo hecho de no asimilar mecánicamente la doctrina histórica implica un grado inaceptable de disidencia. “Hay que tener cuidado, mucho cuidado con lo que se pregunta”, sentenció aquel hombre mal llamado “educador”. 

Acabo de recordar esta anécdota porque por estos días, como cada año, se rememora en los medios oficiales los sucesos de abril de 1961: los ataques aéreos, la proclamación del carácter socialista de la revolución y el desembarco armado por Bahía de Cochinos.

Siempre es esta una época donde abundan los reportajes conmemorativos y los testimonios de quienes vivieron de cerca los acontecimientos. Los medios oficiales dedican grandes espacios a decir lo mismo que se dijo antes, y que muchos cubanos están cansados de oír. La épica revolucionaria no resuelve los problemas actuales del país ni la miseria de la gente. 

Volviendo al tema específico de la traición al proyecto revolucionario inicial, no cabe duda que Fidel Castro engañó a la mayor parte del país. Supo aprovechar un momento de efervescencia popular para declararse socialista y crear la imagen del enemigo externo que le serviría para gobernar de la forma en que lo hizo durante casi cincuenta años. 

Aquella revolución, de la cual hoy no quedan sino ruinas, realmente no fue comunista en sus inicios. El propio líder del proceso lo desmintió en varias ocasiones: “esta revolución es verde como las palmas”, decía, para desmentir las suposiciones de muchos críticos que luego demostrarían no haber estado equivocados cuando le acusaban de socialista.

Por ese mimetismo que caracterizó al ex presidente Castro, el proceso que lideró recibiría luego el sobrenombre despectivo de “revolución de los melones: verde por fuera y roja por dentro”, en alusión al contenido estalinista del proceso cubano, en principio puramente emancipador, que pretendía restaurar la República que el golpe de Estado de 1952 violentó.

Si en los primeros años de su dictadura, el régimen cubano cambió los objetivos de una lucha en la cual contó con el apoyo del pueblo, en años recientes ha seguido demostrado esa camaleónica capacidad de renunciar a sus principios. Ha abandonado el socialismo para convertirse a un capitalismo atrasado y miserable, a diferencia del que existía en las décadas previas a 1959, período en el que Cuba emergió como una de las primeras economías de Latinoamérica.

Es la adaptación por conveniencia de la llamada “revolución” lo que ha permitido su supervivencia. Sus cambios de colores no han traído, sin embargo, un cambio en su contenido: sigue siendo totalitaria y represiva, como ha sido siempre desde que llegó al Poder.


Por Víctor Ariel González



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