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“Si Cuba sigue de esta manera en realidad es mejor ni haber nacido”


Farmacias sin medicamentos

El gobierno se la pasa afirmando que su sistema de salud es un ejemplo para el mundo, pero cuando se conversa con los pacientes todos están muy inconformes.  Al presentarse a una consulta tienen que esperar largas horas para ser atendidos o simplemente  el médico no llega.  Cada vez más se hace necesaria la presencia de especialistas en los policlínicos y consultorios.   

No se puede ignorar el número creciente de enfermos, los hospitales están llenos, la mayoría por jóvenes y niños.  Es frecuente que haya un solo médico por lo que las colas son numerosas, al punto que algunos pacientes deciden irse y no ser atendidos y esperar a que Dios obre ante el malestar que tienen. ¿Dónde está la esperanza de vida

Solo las personas que tienen buenas relaciones con trabajadores de la salud pueden resolver lo que necesitan con una javita con un regalo. Hasta en el sistema de la salud la corrupción se ha entronizado. 

Una señora que pertenece al policlínico de Raúl Sánchez en Pinar del Río me dijo: “Si Cuba sigue de esta manera en realidad es mejor ni haber nacido”.  Ella lleva más de un mes tratando de ver al psiquiatra que atiende por consulta a su niño para que le de la medicina que necesita y que solo este especialista está autorizado a dar a sus pacientes.  

En conclusión, cuando se encuentran  dos o más personas la salud es tema de conversación: la pobre alimentación, la escaces o ausencia de agua potable, las plagas por los acumulamientos de basura, las aguas estancadas o contaminadas, la pobre atención al paciente, el poco profesionalismo que se muestra y la escases o en muchos casos la falta de medicamentos.


Por Daudy Hermelo Lago, Defensoría del Pueblo

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En bancarrota el sistema de salud venezolano


Como todo lo que toca el socialismo del siglo 21, el sistema de salud venezolano está en crisis y la atención a la población es un desastre. Por descabelladas políticas del gobierno, 12.800 médicos venezolanos, más enfermeros y personal de apoyo, emigraron en los últimos años. La falta de inversiones, reparaciones, mantenimiento, previsión y acciones específicas en los hospitales, dejaron al país, que aunque no era una maravilla sanitaria antes de Chávez no habían los graves faltantes de medicinas y habitaciones hospitalarias que existen hoy en día. 

La falta de divisas, por la crisis estructural de la economía venezolana y la desvergonzada corrupción, limitan importaciones de medicamentos, instrumental médico y equipamiento imprescindible, generando peligrosa escasez y propiciando el resurgir de enfermedades endémicas y epidemias desaparecidas años antes. Muchos pacientes esperan por equipos médicos, anestesia, prótesis, suministros elementales o reactivos químicos para cirugías, tratamientos, análisis y pruebas imprescindibles. La devaluación de la moneda hace ridículos los salarios de los profesionales: un jefe de sala de hospital, a pesar de su preparación, gana el equivalente a 100 dólares mensuales, en Cuba ganan $65 pero en cualquier país del tercer mundo el salario es de $500 y todavía se considera muy bajo.

El gobierno venezolano justifica la hecatombe culpando a “la burguesía pa-rasitaria”, los fascistas, los golpistas, “el imperio”, los acaparadores, los guarimberos, la ultraderecha, lo que se le ocurra, pero cada vez son menos quienes le creen. La formación de médicos se vició con la “experiencia” cubana: ahora gradúan corriendo a los llamados médicos integrales comunitarios, con tres años de estudios, que en realidad los convierte en algo más que enfermeros, nunca verdaderos médicos con la calificación imprescindible para las complejas tareas de la profesión.

Las decenas de miles de médicos cubanos y personal de salud enviados por el castrismo con funciones asistenciales y propagandísticas simultáneamente, desplegados en la misión Barrio Adentro, llevaron asistencia médica gratuita a millones de venezolanos humildes y fortalecieron la popularidad de Hugo Chávez y la revolución “bolivariana”, pero no han bastado para estabilizar el sistema de salud venezolano ante la extraordinaria capacidad del gobierno de Nicolás Maduro y sus cómplices para destruir todo lo positivo que pueda existir en el país y apropiarse de las riquezas de los venezolanos, llevando a una nación con enormes reservas de petróleo y mayor productor latinoamericano al nivel de pobreza y necesidades típicos de países tercermundistas atrasados.  

Las continuas deserciones de médicos cubanos en Venezuela agravan la crisis del sistema de salud en el país, que junto al deterioro permanente de la economía venezolana, la corrupción galopante, la violencia y la creciente inseguridad ciudadana, convierten a Venezuela en un barril de pólvora que pudiera estallar en cualquier momento, o derivar hacia la más brutal dictadura que hayan conocido los venezolanos en toda su historia.

Por Rolando Pupo Carralero
del Comité Ejecutivo Nacional


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Desbalances en el sistema de salud cubano


Con el envío de miles de médicos al extranjero para cumplir “misión internacionalista”, lo que sucede inmediatamente es que disminuye el número de profesionales de la salud en Cuba y empeora la situación de la población para acceder a un servicio no ya necesario, sino fundamental. 

La paradoja es que, luego de tanto pregonar un aparato estatal de salud perfecto, últimamente se prioriza llenar las plazas que abren gobiernos foráneos para completar sus propios programas de salud en sus respectivos países, dejando descubiertas las plazas de trabajo en Cuba. El motivo para tal movimiento es el dinero que va a parar al Estado Cubano directamente por concepto de contratación de personal altamente calificado y exportación de servicios médicos.  

Mientras tanto, ¿qué pasa en la Isla?

La situación higiénica de los centros urbanos es muy precaria. Dada la obsolescencia de las redes hidráulicas y sanitarias, así como la ausencia de un sistema efectivo de recogida y tratamiento de desechos, la exposición a brotes epidémicos es alta. De hecho, este problema ha dado lugar a que en los últimos tiempos hayan resurgido enfermedades que estaban erradicadas no ya en las ciudades, sino en todo el territorio nacional. Los medios oficiales de difusión siempre echan tierra sobre el asunto y lo tratan de forma distorsionada por tal de ocultar la realidad a una población cada vez más enterada de que ya la salud no es la misma de antes (refiriéndose a los tiempos en que Cuba sí llegó a tener índices en el tema que eran verdaderamente envidiables). 

Hacia las zonas rurales es todavía peor, porque a la falta de infraestructuras adecuadas hay que sumar la carencia de transporte para trasladar a las personas que requieran servicios de urgencia. Los habitantes del interior de Cuba que necesitan tratamientos especializados deben realizar larguísimos viajes y sacrificar varias jornadas para moverse a las cabeceras provinciales o, inclusive, a la capital del país para ser atendidos. Esto suma una carga más a ese sistema de salud del que se habla.  Pero volviendo al tema de exportación de doctores, véanse las consecuencias de la política actual en las clínicas municipales y hospitales: la ausencia de médicos que “están de misión” ha creado un vacío que dificulta una atención de calidad.

Ni hablar de las instalaciones y centros de atención destinados “al pueblo”. Las grandes quintas que antes albergaron cómodos hospitales en La Habana se han convertido en ruinas que carecen de las más elementales medidas profilácticas, y en donde los ingresados sufren las desatenciones de un personal quizá cada vez más rebajado moral y éticamente, pero que tampoco tiene las condiciones para brindar un servicio medianamente bueno.  A modo de ejemplo, vale mencionar que ya servicios como los de dentista y oftalmológicos, han pasado a ser casi completamente privados. Es un secreto a voces que para obtener un buen tratamiento dental o hacerse unos lentes es necesario tener mucho dinero. En caso contrario, pasarán meses antes de conseguir que el Estado, ese “generoso padre” que dice garantizarlo todo, finalmente resuelva el problema.

No pasa lo mismo con los centros hospitalarios donde se atienden militares y dirigentes. Por supuesto, si se pertenece a la clase social de “los ungidos” (aquellos que desempeñan algún cargo en los aparatos del Poder) se tendrá una mejor atención y mayores posibilidades de bienestar. Mientras tanto, los cubanos comunes, “de a pie”, deben utilizar tanto sobornos como amistades para acceder a estos lugares exclusivos.


Por Víctor Ariel González
 
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