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Poco o nada ha cambiado


Casi diez años han pasado desde que Raúl sustituyó a Fidel y poco o nada ha cambiado en la realidad de nuestra nación. Cuánto tiempo ha pasado desde el famoso discurso pronunciado por Raúl Castro en Camagüey en el acto central por el 26 de julio y cuánto tiempo ha pasado desde que se anunciaron las medidas del proceso de actualización del modelo económico cubano, y hasta el momento ninguno de los anuncios ha traído nada nuevo a la inmensa mayoría de nuestro pueblo.  

La situación de la familia cubana en cuanto a vivienda, servicios de transporte, servicios de salud, alimentación, educación y todos en general sigue sin mostrar que haya ocurrido la más mínima mejoría.  La situación sigue siendo critica, el poder adquisitivo de los cubanos no ha mejorado en nada, los salarios siguen siendo muy bajos, los alimentos escasos y caros, y esto hace que la mayoría del pueblo siga atravesando y viviendo momentos muy difíciles. 

Aquí en el centro del país, que es donde vivo, ni siquiera las limitadas medidas que se han puesto en práctica han traído mejorías para la gran mayoría de los ciudadanos. Los negocios que han abierto han sido muy pocos y muchos de los que en un primer momento abrieron, los dueños se han visto obligados a cerrarlos por los altos impuestos y la falta de un mercado mayorista que afecta grandemente el desarrollo de toda iniciativa privada.  

Sin dudas Raúl Castro busca ganar más tiempo con sus anuncios y con sus medidas; las nuevas leyes de inversión extranjera nada resolverán en la mesa de los cubanos. Los dirigentes están conscientes de las graves crisis que vive la nación, pero no están dispuestos a implementar verdaderas medidas que hagan salir al pueblo de la crisis en la que se encuentra.  

En medio de esta situación se necesitan medidas concretas como, por ejemplo, si el régimen castrista ratificara y respetara los artículos de los pactos internacionales de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales otra cosa sería y estoy convencido que sentaríamos las bases para que comencemos a salir de la compleja situación en la que vive la nación cubana. De la implementación de estos pactos es que sale precisamente nuestra propuesta y nuestra demanda ciudadana por otra Cuba. 

Sin dudas el grave problema que enfrentamos los cubanos es la falta de derechos tantos civiles como políticos, económicos, sociales y culturales. El cubano es trabajador y emprendedor, tanto los de aquí como los del exilio, y soñamos todos con una Cuba donde tengamos un verdadero estado de derecho y libertades básicas. Todos juntos podríamos sacar a nuestra patria de la difícil situación en que el régimen totalitario de los hermanos Castro la ha sumido. 

Por Norge Luis García Molinillo. Delegado provincial del CID en Cienfuegos


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La Nueva República: 2015, año de fracasos y mentiras


El gobierno terminó 2015 anunciando que la economía creció un 4%. Será solamente en informes y discursos, porque en la vida real ¿dónde está ese supuesto crecimiento? Ni hay más comida en la mesa de los cubanos, ni más productos en los agromercados, ni mejora el abastecimiento de agua a la población, o el transporte, ni se consigue más ropa y calzado, ni mejoran la enseñanza en las escuelas o los servicios médicos a la población.  Ni se reducen la insalubridad o las epidemias. O los apagones.  

¿De qué crecimiento hablan? ¿Que el gobierno recibió más dinero explotando médicos y trabajadores de la salud en el extranjero? ¿O que vinieron más turistas, aislados en cayos y playas inaccesibles a los cubanos? Esos ingresos no mejoran la vida de la población, que no logra ver el supuesto “crecimiento”.

Nada mejora. Siguen gastando miles de millones de dólares importando alimentos que podrían producirse en Cuba, pero la alimentación de los cubanos no está mejor que el año anterior y las tierras atiborradas de marabú se multiplican. ¿Recuerdan la promesa de Raúl Castro del vaso de leche diario para cada cubano? En 2015 se produjo menos leche que en 2006, cuando el dictador asumió el poder. Y la producción de leche del 2015 es la mitad de la de 1958. 

¡Qué manera de crecer durante 57 años!  En el 2014 dijeron que con la Ley de Inversión Extranjera aprobada las cosas mejorarían. Necesitaban entre 2 mil y 2 mil quinientos millones de dólares anuales en inversión extranjera para crecer entre un 5 y un 7% anual. Y crearon la Zona de Desarrollo Especial de El Mariel para facilitar esas inversiones. Pero los esperados capitales extranjeros no aparecen. Muchos inversionistas extranjeros no creen en las promesas de la dictadura y no arriesgan su dinero irresponsablemente. 

Hay ocho propuestas de inversión aprobadas para Mariel, pero solamente una funciona: la compañía de Singapur que administra el puerto. Otras 40 propuestas están “avanzadas” en la negociación, dice el gobierno. De ahí a la aprobación final y comienzo de las inversiones falta mucho tiempo y Raúl Castro dice que Cuba camina “sin prisa pero sin pausa”.   Así que vendrá 2016 con más promesas, más proyectos grandiosos y más “victorias” y “crecimientos”. Pero solamente en discursos y la prensa oficial. Para el cubano de a pie, más de lo mismo: necesidades, carencias, dificultades; y muchos abusos, arbitrariedades y negligencias por parte de los funcionarios.   Solamente habrá un crecimiento que la población podrá palpar claramente: cada vez será mayor la represión. 



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Razones por las que Cuba se ha dado la vuelta



POR JORGE CASTAÑEDA -4 de enero de 2015

CIUDAD DE MÉXICO – La liberación hecha por el Gobierno de Cuba del preso-espía-rehén estadounidense Alan Gross, y la de los tres espías-héroes-agentes encubiertos cubanos en Estados Unidos, junto con los anuncios respectivos de Raúl Castro y Barak Obama, y su reciente conversación telefónica, marcan el momento más importante en la historia de las relaciones de Estados Unidos y la Isla desde 1977. Como se recordará, ese año, Jimmy Carter y Fidel Castro llegaron a varios acuerdos entre ambos Gobiernos que permitieron la apertura de dos oficinas de intereses en cada capital. La intervención del Vaticano y de Canadá, uno de los Gobiernos más anticastristas del mundo democrático, fue decisiva y asegura el cumplimiento de todas las etapas del acuerdo. La valentía de Barack Obama y de Raúl Castro garantiza lo demás.

No es el fin del embargo, ya que eso solo lo puede cambiar el Congreso norteamericano. No es una normalización plena: habrá embajadas, pero no embajadores. Pero sí es un avance notable: podrán viajar más fácilmente a La Habana los norteamericanos sin ascendencia cubana, se liberarán las transacciones bancarias entre ambos países, se abrirán algunos temas comerciales y el Departamento de Estado retirará a Cuba de la lista de países que apoyan el terrorismo.

A primera vista, esto sugiere un gran triunfo cubano, una reculada y rectificación norteamericana, tardía pero bienvenida. Parece una confirmación de las posturas más pro cubanas y antiyanquis en América Latina. A cambio, Cuba entrega muy poco: Gross, liberar a 53 presos políticos, permitir la entrada de observadores de la Cruz Roja internacional y de relatores de derechos humanos de Naciones Unidas (lo que pedimos nosotros hace 14 años), y la ampliación del acceso a Internet en la Isla. No es gran cosa, en vista de lo obtenido: el restablecimiento de relaciones diplomáticas al cabo de más de medio siglo de ostracismo.

Falta una variable en la ecuación. ¿Dónde encontrarla? La respuesta se halla en Caracas, en Moscú y en los yacimientos de gas y crudo shale en Dakota del Norte y en Eagle Ford, en Texas. Me explico. Debido al incremento espectacular de la producción petrolera de Estados Unidos, a la recesión europea y japonesa, así como a la decisión saudí de reventar a Gobiernos poco afines a Riyadh y al enfriamiento de las economías china e india, los precios del petróleo se han desplomado. El Gobierno mexicano se ha cubierto para este año, pero hay dos Gobiernos que no pudieron: el ruso y el venezolano. Son, precisamente, aquellos que, en el segundo caso, mantenían a flote la inexistente economía cubana y, en el primero, se constituyeron en la esperanza de recambio cuando Nicolás Maduro y los restos del chavismo no pudieran salvar a la Isla.

El caso de Venezuela es el más importante. No solo se han desplomado los ingresos del Estado venezolano y de la economía en su conjunto. El tipo de cambio negro se encuentra a 30 múltiplos del oficial, la hiperinflación acecha, las escaseces se generalizan, y los países beneficiarios de anteriores subsidios venezolanos en materia petrolera recompran su deuda con Caracas a 40 centavos por dólar. Para cualquiera que vea las cosas de frente, es obvio que Venezuela no podrá seguir subsidiando al régimen castrista con hasta 100.000 barriles de petróleo diarios; es cada vez más probable que se produzca un cambio político importante en Venezuela, en un sentido u otro, que imposibilite perpetuar la tabla de salvación para Cuba.

Así se cierra el círculo. Todos los economistas que han estudiado las llamadas “reformas cubanas” reconocen que no han surtido el efecto deseado. La economía isleña está desahuciada. Todos admiten que, sin la subvención venezolana, Cuba se encontrará de nuevo en una crisis como la de los años 90. Y todos saben que la única posibilidad de éxito de dichas de reformas radica en una normalización plena con Estados Unidos. Pero, a pesar de la mejor voluntad de Obama, y de muchos demócratas en Washington, esa normalización es imposible sin algún tipo de concesión cubana de fondo en materia de democracia y derechos humanos.

Como lo demuestra el libro Back Channel to Cuba: The Hidden History of Negotiations Between Washington and Havana , publicado hace unas semanas, los cubanos siempre se han negado a negociar su régimen político contra el fin del embargo o una normalización con Estados Unidos. Por tanto, eso no fue incluido en los recientes anuncios. Sin embargo, apuesto doble contra sencillo a que muy pronto veremos cambios políticos y en materia de derechos humanos de gran envergadura en Cuba. No es comprensible que Obama le haya dado tanto a Raúl, a cambio de tan poco. La correlación de fuerzas es la que es, y el hasta ahora inexistente pragmatismo cubano se le ha impuesto al régimen por necesidad. Quién hubiera pensado que petroleros, tipo James Dean, en Dakota del Norte y Texas, junto con príncipes de la familia Saud, lograran abrir el cerrojo castrista, cuando nadie más había podido.

Jorge Castañeda, exministro de Relaciones Exteriores de México (2000-2003), es profesor de Política y Estudios Latinoamericanos y Caribeños en la Universidad de Nueva York. © Project Syndicate.

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El New York Times y la solidaridad de los cómplices


Por varias semanas el New York Times estuvo aconsejando al Presidente Obama que sería un triunfo para él restablecer relaciones diplomáticas con Cuba.   Entonces  el  17 de diciembre el Presidente tomó al mundo por sorpresa admitiendo que llevaba 18 meses en conversaciones secretas con el gobierno de la Isla y anunció, entre otras medidas, el restablecimiento de relaciones diplomáticas con el régimen castrista.  Es lógico pensar que el NYT estaba al tanto de las negociaciones. 

Aunque lo que se negoció durante 18 meses es un secreto bien guardado es probable que el NYT  tenga la información  y en sus artículos esté de nuevo anticipando lo que sabe va a suceder en Cuba.  Por ejemplo recientemente el NYT publicó un editorial titulado “Nuevas dinámicas para los disidentes en Cuba” en el cual plantea que hay democracias latinoamericanas que podrían presionar al gobierno de la Isla para que haga cambios que apunten hacia la democracia.

 ¿Sorprendente verdad?  

El periódico argumenta que esto no ha sucedido hasta ahora porque los gobiernos de la región no querían que pareciera que estaban de acuerdo con la política de Washington hacia Cuba.  Pero, como ésta ha cambiado  esos gobiernos están libres de ser solidarios con quienes aspiran a una democracia en Cuba. El editorial comenta que si los disidentes cubanos fuesen invitados a la Cumbre que se celebrará el próximo abril en Panamá, podrían incluso escuchar a la presidenta de Brasil,  Dilma Rousseff  hablar de la Cuba democrática”.  

El argumento es contradictorio. ¿Cómo explicar que la casi totalidad de los gobiernos latinoamericanos, incluyendo el de la señora Rousseff, no han sido solidarios con los demócratas venezolanos? Por el contrario,  por acción u omisión, han respaldado al gobierno chavista que conspira en estrecha colaboración con el régimen castrista para liquidar lo que queda de democracia en Venezuela.  Es difícil entender cómo sería posible que esos mismos gobiernos presionen a Raúl Castro a transitar hacia la democracia.

Otra explicación al probable cambio de comportamiento de los gobiernos señalado por el NYT respecto el régimen en la Isla es que esto sea parte de lo acordado entre Raúl Castro y Barack Obama. El plan consistiría en una serie de cambios cosméticos en Cuba que serían aplaudidos por los gobiernos de Latinoamérica como prueba real de que la transición hacia más libertades en Cuba está en marcha.  De esta manera los cómplices del castrismo y del chavismo en Latinoamérica quedarían legitimados como promotores de la democracia y la dictadura de partido único en Cuba también.

Las conversaciones y los acuerdos fueron secretos porque de esta manera el dictador no cedería ante la oposición ni el pueblo cubano.  El propósito  es legitimar la transición del castrismo comunista al castrismo capitalista en Cuba sin poner en peligro a la dictadura.  Raúl Castro puede continuar enarbolando la soberanía de Cuba, la lealtad a la revolución y al socialismo para que el pueblo cubano ni se desboque ni se ilusione.  Mientras que a cada pequeña concesión raulista la prensa, la izquierda y los gobiernos latinoamericanos aplaudirán sus “espontáneas” decisiones.

Con esta hoja de ruta secreta de la que el pueblo cubano ni la oposición se enteraron, los pasos de Raúl Castro y las presiones y reacciones solidarias de los cómplices de las dictaduras de Cuba y Venezuela le quedarán como anillo al dedo al Presidente Obama y no dejarán de beneficiar las aspiraciones presidenciales del Partido Demócrata en los Estados Unidos en el 2016.  Si algo faltara, por ejemplo, la participación de la oposición cubana en la Isla, ya eso estará previsto, con lista de invitados y todo.

Por Huber Matos Araluce

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Capitalismo: ¿un “remedio chino” para Cuba?





Las modificaciones que el General-Presidente Raúl Castro lleva a cabo en la economía cubana de hoy recuerdan en muchos aspectos al caso de China, un país controlado por un Estado totalitario similar al cubano, que quiso salvar su “socialismo” con la ayuda del llamado enemigo eterno de la clase obrera: el capitalismo, precisamente.

De hecho, la aplicación de un sistema de producción capitalista es lo que ha llevado a China a convertirse en una de las primeras potencias económicas. El volumen de su PIB es enorme y algunos expertos afirman que sobrepasará a EE.UU. como primera economía global en menos tiempo de lo previsto.

A escala mucho menor que el gigante asiático, Cuba aplica la misma fórmula para sí: salvar el “socialismo” cubano con el capitalismo que antes fuese llamado cruel e injusto. Los medios oficiales han calificado el paquete de medidas relativas al Mariel (que van más allá de la obra de ingeniería e incluyen nuevas legislaciones relativas, por ejemplo, a la inversión extranjera) como “un mal necesario” para lograr lo que 55 años de régimen castrista no han podido. La llamada construcción del socialismo no se termina aún, cuando es un secreto a voces que las relaciones mercantilistas han derrotado la quimera comunista. Los más altos dirigentes del Partido único se han quitado sus caretas rojas y muestran casi sin ningún pudor los rostros burgueses que estaban debajo. Su hipocresía es monumental.

El mejor ejemplo de la fórmula capitalista aplicada a Cuba es la construcción de la Zona Especial de Desarrollo de Mariel (ZEDM). Será un área restringida  para el coqueteo con el capital del mundo. Lo contradictorio es que por un lado se apueste por este tipo de solución para el desarrollo nacional, supuestamente, y por otro los medios oficiales de comunicación dediquen páginas y horas enteras a criticar al mundo occidental así como a grandes centros financieros internacionales (exceptuando a los aliados de la dictadura).

Los cubanos de la Isla no están autorizados por el Estado para invertir en este nuevo lugar, que las autoridades cubanas venden desesperadamente como “prometedor”. El megapuerto de Mariel será propiedad del gobierno, ese gran monopolio que posee absolutamente todo en la Cuba castrista. Ese gobierno ha decidido que cualquiera puede traer dinero de donde sea -no importa el origen de los fondos-, que mientras no sea un cubano residente en el país todo estará bien. Parece que la riqueza no le toca a ese pueblo “aguerrido y heroico” que todos los primeros de mayo llena plazas y calles para celebrar “el sistema más justo del mundo”.

Difícilmente este “remedio chino” llamado ZEDM, que se le quiere dar a la severa crisis económica que sufre Cuba, sea la solución ideal. Sería mucho más productivo crear un clima de libertad tanto financiera como política y, claro está, permitir que los cubanos también sean una parte importante de los negocios en Mariel.

Pero, una vez más, las cosas se harán como los caciques digan. Los mandatarios dictan y la gente debe obedecer. Así están las cosas en Cuba.


Por Víctor Ariel González



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