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Sentí un dolor muy grande al ver a mi niña de siete años como me miraba y como gritaba desesperada: papa, papa...


El día 25 de febrero del año 2017a las 10 a. m. más de 25 uniformados nos rodearon la casita en que vivimos en la calle 41-A- casa  #8 F, Reparto Varona, Velasco, Holguín. Habían llegado en varios carros, entre ellos un jeep del Banco de color azul y blanco,  un Lada rojo-vino con unas listas verde oscuro sobre el capó y una patrulla de las que usa la policía.  

De inmediato me agarraron a empujones y golpes, me esposaron y me echaron como a un saco dentro del Lada que se encontraba a unos 10 metro de la casa.  Sentí un dolor muy grande al ver a mi niña de siete años como me miraba y como gritaba desesperada: papa, papa... 


Todos los esbirros empezaron un registro minucioso rebuscando cualquier huequito en la pared. Se subían en las camas saltaban, rompían los colchones para mirar lo que había dentro. A las ropa que estaba dentro y fuera del armario le registraban bolsillo por bolsillo y luego la tiraban al piso y le caminaban por encima. Sacudían la mochila de la escuela de la niña y ojeaban los libros y las libretas en busca de dinero, estaban obsesionados por encontrar dinero.

Se llevaron un disco digital donde teníamos las fotos de la niña desde que era pequeñita hasta hace poco, eran cientos de fotos y se las robaron.  Se llevaron el teléfono de mi esposa, Ana Rosa, un Alcatel que ella compró en ETECSA. Se robaron unos cuantos libros, entre ellos uno de José Martí que tenía más de 1000 pensamiento de nuestro apóstol.  También se robaron un herbicida que me había entregado una cooperativa a cambio de 1000 semillas de plátanos que necesitaban.

Registraban todas las vasijas, el refrigerador que tiene pegatinas que dicen “yo no coopero con la dictadura” por poco lo tumban tratando de arrancárselas pero no pudieron, están bien pegadas.

El esbirro Juan C. Espinoza y una  mujer policía le decían a mi niña que les dijera dónde estaba mi teléfono y la computadora, que si se los decía le iban a soltar a su papa. Cuando Ana Rosa fue a detener el acoso a la niña, que ya estaba aterrorizada, una policía la agarró y mientras le aplicaba una llave de estrangulamiento en el cuello para inmovilizarla, Espinoza le ayudaba sacarle el dinero y el móvil del ajustador, en el forcejeo le rompieron el ajustador a Ana.

Con las manos en la espalda por unas esposas tan apretadas que lastimaban, uno de los sicarios que se hace llamar Toni acercó su asquerosa cara a la mia y casi escupiéndome me decía:

“Alzate para casarte como una jutia, para llenarte de plomos y cuantas veces te manden dinero, sea quien sea, te lo voy a quitar”.

Ellos buscaban desesperadamente un computador y una impresora para que nuestra delegación no publicara más el semanario La Nueva República, que distribuimos al pueblo y que gusta mucho porque denuncia los abusos del régimen y la corrupción de los dirigentes y sus esbirros.  Con el computador hacemos los trabajos de la Defensoría del Pueblo con lo que reclamamos ante los entes oficiales los casos de las personas desprotegidas  y abandonadas para que no los deje morir o en el olvido.

Hicieron lo mismo con la  casita de la Gegira que yo uso cuando voy a trabajar en el campo.  Alli se subieron a la cama donde duermo, me rompieron el colchón y se robaron mis libros.

Con todo aquel aparataje de asalto contra un hombre desarmado y su familia me llevaron y me encerraron en las mazmorras de Pedernal, del centro de torturas que tienen a la salida de  Holguín.

Durante el tiempo que estuve detenido en este lugar me negué a ingerir alimentos. Estuve ochenta horas acostado en un muro de cemento porque no había otra cosa donde descansar.  Cuando pasaban la inspección me mandaban a ponerme de pie y yo les dije que no, que yo no había cometido delitos por lo que no tenía porque pedir clemencia ni rebajarme ante ellos. El primer día no insistieron pero el segundo día el calabocero Yander me agarró para arrástrame diciéndome muchas ofensas, hasta que uno que estaba allí le dijo que me dejara. 

Al día siguiente,  al grito de “deja que venga Michel para ver si es verdad que no te paras”, llegaron Michel y Yander. Michel me gritó “vamos a ver si tú no te paras” y yo le respondí: “solo no”.  Entonces me echó garra por un brazo y me arrastró hasta el pasillo donde caí dándome un golpe fuerte en la cabeza. Yander me agarró por los pies para arrastrarme cuando alguien les dijo que no, que me dejaran tranquilo.  Todo esto sucedió delante de dos enfermeras y como cuatro más de ellos.   

El propósito del robo, la destrucción de nuestras pertenencias, el atropello contra nosotros y el daño psicológico a mi hija son para obligarnos a retirarnos del CID y para que no hagamos oposición. No lo lograrán porque con ese proceder nos convencemos más de que hay que enfrentar a la dictadura, cueste lo que cueste.  La tiranía sabe que el pueblo no los quiere y teme mucho que nuestro ejemplo estimule a la gente a enfrentárseles. 

¡La lucha continua! ¡Viva Cuba Libre!

Por Manuel Martínez León, Auditor del CID en las Provincias Orientales y responsable de la Defensoría del Pueblo en Velasco.         

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Maestro abusa de niño de familia opositora



María del Rosario Guillen denuncia que su nieto Jonathan Ruiz Tamayo de 8 años, estudiante de la escuela Salvador Cisneros en Guáimaro, regresó a su casa con un tablazo  en una pierna el día 26 de Mayo propinado por el maestro Lisan Portugués. 

Los familiares del niño se han dirigido a la dirección municipal de educación para plantear el abuso pero no reciben respuesta. También denuncia que los profesores le dicen al niño que a los  estudiantes en EE.UU  los castigan quemándolos con una plancha caliente (la de planchar la ropa). Los familiares han informado a la directora Yarisleidy Osoria que al niño no lo dejan ir al baño ni a tomar agua porque le dicen que tiene que hacerlo en la casa, el niño dice que es solo a él le aplican esto.  

Por otra parte el abuelo del niño explica que la represión contra su familia se agudizo desde el 2005 cuando les quitaron una finca de 16 hectáreas.  Ellos denunciaron la situación y en respuesta le quemaron la casa que habitaban. La policía reconoce que el incendio fue intencional pero que no pueden culpar a nadie porque ellos (la policía) no son adivinos. 

Según la familia fueron los simpatizantes del régimen los culpables del incendio. Para el abuelo lo ocurrido con los despojos y daños a su familia son secundarios, pero el problema del abuso contra su nieto no sabe cómo manejarlo e incluso ha pensado en soluciones drásticas para que cese el abuso contra su nieto de solo 8 años. Por suerte el reconoce que lo mejor es continuar denunciando la situación y apelar al sentido común de los funcionarios.    

La familia considera que este es un caso más, en sus palabras…los maestros en Cuba no solamente hacen fraude también le dan golpes a los niños.  El nietecito de nosotros es una muestra de eso, este no es un caso aislado, a él (al nieto) le hacen mucho más que otros niños, pero los maestros están dando golpes.   Barrió Sandino, Guáimaro, Camagüey 27 de Mayo .  

Por Kadir Culley Martínez  delegado del CID en Guáimaro

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