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Mandela y García Márquez: entre la indiferencia y el oportunismo


No hay dudas de la solitaria lucha de los cubanos por su libertad. Después de más de 50 años, los hermanos venezolanos han comprendido el drama que ha sido luchar contra el régimen comunista de los Castro. Una dictadura que todavía cuenta con admiradores en numerosos rincones de América Latina y el mundo, algunos de ellos, notoriamente conocidos.

En los últimos meses, con la muerte de dos personajes de resonancia mundial, ese doble rasero con que se mide a los criminales entre "asesinos buenos y asesinos malos", se ha puesto de manifiesto. Esta contradicción no puede causar otra cosa que pesar en un pueblo que ha sido víctima de complicidad e indiferencia internacional ante la tragedia infligida por el castrismo durante más de medio siglo. 









"Una imagen, vale más que mil palabras". ¿Qué decir de decenas de ellas?

Murió Nelson Mandela con honores. Decenas de presidentes acudieron a su entierro en África del Sur, lágrimas, elogios a su lucha, un cierre para la historia. En el funeral todos los jefes de estado, incluyendo el presidente de los Estados Unidos, estrecharon las manos a Raúl Castro y muchos seguramente le preguntaron por su convaleciente hermano Fidel, el entrañable amigo de Madiba. 

Nadie quiere tener en cuenta que Raúl Castro comenzó su carrera criminal el 4 de enero de 1959  cuando envió al paredón a 72 cubanos sin que hubieran sido juzgados con imparcialidad alegando: "Si uno es culpable, los demás también lo son. Los condenamos a todos a ser fusilados".  Entre los asesinados había personas que colaboraron con los guerrilleros de la Sierra Maestra en la lucha contra Batista.  No se les dio la oportunidad ni el tiempo para defenderse. 

La comunidad internacional prefiere ver en Raúl Castro al hombre de los cambios en Cuba, aunque su lista de víctimas no ha terminado.  Las más recientes son “el accidente mortal” del líder del Movimiento Cristiano de Liberación Oswaldo Payá, la misteriosa enfermedad que terminó con la vida en cuestión de horas de Laura Pollán, dirigente de las Damas de Blanco  y la muerte en una huelga de hambre “asistida” del heroico Orlando Zapata Tamayo en prisión.  

Mandela eran un gran amigo de Fidel Castro y visitó La Habana pero nunca se interesó por los miles de demócratas fusilados en Cuba, ni por los cientos de miles presos políticos. Tampoco indagó por un hombre como Armando Valladares que cumplió 22 años en prisión. A Valladares sólo le permitieron 13 visitas durante los 22 años que estuvo privado de libertad. Los cubanos ya sabemos que para mucha gente importante en este mundo "discriminar por razas está mal, pero discriminar por pensar distinto no".  Mandela fue uno de ellos.  



La amistad es indudable, extensa en letra y en imágenes

Hace algunas semanas recorrió el mundo la noticia de la muerte de otro notable caballero, Gabriel García Márquez. Lluvias de elogios, honores, e incluso incremento de las ventas de sus libros. Murió a los 86 años, al igual que Mandela tuvo tiempo suficiente para decir algo sobre los escritores cubanos perseguidos por el régimen de Castro, pero no dijo ni una palabra. 

¿Por qué Gabriel García Márquez nunca expresó una crítica por las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) donde miles de jóvenes, entre ellos escritores fueron arrestados y obligados a trabajar en campos de concentración. Allí hubo muertos y torturados para que sirvieran de ejemplo a quienes forzadamente se trataba de convertir en “hombres nuevos”. 

¿Por qué Gabriel García Márquez nunca le preguntó a su amigo Fidel Castro por el perseguido escritor disidente Reinaldo Arenas? Quizá el autor de Cien Años de Soledad se enteró del suicidio de Arenas en Nueva York, pero siempre guardó silencio. Como muchos, García Márquez había elegido el "lado correcto", el de los "amigos del comandante".

No hay rencor ni resentimiento al describir la amistad de Nelson Mandela hacia Fidel Castro. Hay tristeza ante el ejemplo de un hombre como Mandela, aclamado por el mundo por su papel en la reconciliación de África del Sur pero indiferente a la tragedia del pueblo cubano, tragedia que justificó y respaldo con su cercana amistad y admiración hacia el criminal más terrible de la historia de Cuba.  Quienes lo aplauden sin criticar esa contradicción también se suman a la insensibilidad sobre de lo que ha sucedido y sucede en Cuba. 

El contubernio de Gabriel García Márquez con Fidel Castro si merece un juicio más severo porque con sus frecuentes visitas  al dictador cubano el escritor se convirtió en palabras de Álvaro Vargas Lloza, en un “lacayo de Fidel Castro”. 

Así que podrán aplaudirlos los amantes de la literatura que separan al hombre y su arte del hombre y su moral.  Son los mismos que olvidan o no quieren saber que con el apoyo de Fidel Castro las guerrillas colombianas sembraron la muerte y la desolación en las ciudades y los campos de Colombia. 

García Márquez habrá inventado el realismo mágico mientras practicaba en Cuba un oportunismo reprochable y vulgar. 

Por Karel Becerra

Secretario de Relaciones Internacionales del CID. Es licenciado en Ciencias de la Computación (Universidad Central de Las Villas, Cuba).

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El conflicto entre Fidel y Raúl:


 Nivel de atención en las noticias entre Fidel y Raúl medido por Google


Ante los ojos de los cubanos, con la aparición del “Período Especial”, que no fue otra cosa que el hambre repartida entre todos, algunos grupos de poder comandados por los militares comenzaron a adaptar las viejas empresas estatales a nuevas formas de gerenciamiento. Aparecieron grupos económicos dirigidos por los propios generales o en algunos casos discípulos civiles, que con anterioridad habían demostrado con palos y turbas su fidelidad al sistema.

Desde inicios de los 90 comenzó a gestarse esa separación entre los burócratas del comunismo más recalcitrante y los camajanes de verde olivo deseosos de vivir la buena vida sin tener que estar a escondidas. Ambos grupos estaban comandados por dos hermanos, de nombre Raúl y Fidel, que siempre fieles entre sí, debieron llegar a un pacto “tu coje pa allá y yo cojo pa acá, a ver a cuál nos sale mejor”. Raúl tomó el rumbo de la economía controlada y Fidel la batalla de ideas.

Entre esas dos visiones nos hemos comido los cubanos 20 años, tiempo suficiente para probar que ambos llegaron al mismo lugar, al descalabro total de la economía. Pero como buenos comunistas, ya cansados de culpar a otros, deben estar ahora mismo culpándose entre ellos. Claro está que esos 20 años no pasaron en vano, y hoy se mueven como vejestorios o marionetas de sus herederos. Raúl tiene sus herederos, los militares de verde; y Fidel tiene los suyos, los burócratas de traje. Integran estos grupos, como lideres agazapados sus respectivos hijos, los de Raúl de “carrera” y los de Fidel “a la carrera”.

Las disputas tienen origen en las pocas áreas de la economía insular que pueden ser rentables y dar dividendos. Los herederos de Raúl se disputan el turismo, industrias mineras, transporte, automotores, comercio minorista, tecnología. Por otra parte habanos, bebidas como Havana Club, majestuosos campos de golf para el placer burgués y la incipiente industria deportiva mediante contratos esclavos y exportación del beisbolistas a las Grandes Ligas, copado los herederos de Fidel. Los padres prepararon el camino lanzando a la calle a miles de cubanos y cerrando lo que no dé dinero, simple, asumieron el costo político pues van pronto para el “reparto boca arriba” y no tendrán que pagar en vida los platos rotos.

Pero, como decimos en Cuba, “de los planes, salen planazos” y esta repartición económica los hará estallar por los aires pues en el medio hay un tema que para ambos grupos es primordial. Esto es la larga disputa con los cubanos y ciudadanos norteamericanos a los que les fueron robadas sus propiedades. No sólo que aún no logran salir de ese atolladero, sino que fidelistas y raulistas no coinciden en cómo se debe salir. Los primeros creen que deben seguir firmes y ganar por cansancio y los segundos creen que deben llegar a un “arreglo”.

Esta diferencia no pasó desapercibida en los últimos 30 días; al menos, no para todos. Se evidenció claramente con el “apretón de manos de Raúl y Obama” el día 10 de diciembre, donde el desesperado Raúl intenta avanzar con su plan, de acercamiento, para llevarse el gato al agua.

Tendencias de Raúl y Fidel Castro en Google en los últimos 30 días: es notable cómo ambos “volvieron como zombies” a su nivel más alto, gracias a Obama el día 10 de diciembre. También cómo Fidel logró un máximo de atención el 22 con Maduro y el 9 de enero con su “paseo cultural”. El pico de atención que tuvo Fidel el 6 de diciembre no fue controlado, fue gracias a la profunda amistad del dictador con Nelson Mandela, quien murió el día anterior.

Luego del encuentro con Obama, Raúl Castro tuvo el mayor momento de exposición en los medios de comunicación desde el retiro de su hermano mayor. Dicho en criollo, “Obama le dio una mano”.

Fidel, con mayor preponderancia desde siempre y por el temor de sus grupos de poder, no tuvo más remedio que publicar un artículo sobre ese “saludo” menospreciando a su hermano. Indirectamente reconociéndolo como su discípulo y dedicando sólo 40 palabras a su hermano de las 2271 palabras utilizadas en un bodrio interminable de batallas en África, en fin, “tremendo tabacón”.

“Felicito al compañero Raúl por su brillante desempeño y, en especial, por la firmeza y dignidad cuando con gesto amable pero firme saludó al jefe del gobierno de Estados Unidos y le dijo en inglés: ‘Señor presidente, yo soy Castro’”. Esto significa que Fidel y su grupo, le dedicaron menos del 2% de sus palabras al evento más relevante que ha provocado Raúl Castro durante más de 6 años. ¡Lo hicieron talco!

Pero como no fue esto suficiente y para borrar de un plumazo los “8 segundos de fama de Raúl”, Fidel apareció públicamente días después luego de meses sin siquiera en foto alguna. No apareció una, no dos, sino tres veces seguidas, primero con Ignacio Ramonet, luego Nicolás Maduro -benefactor económico del régimen, señalando con esto que “la caja la manejo yo”- y finalmente paseo por un centro cultural de La Habana. Fidel salió tres veces a negarlo, a negarle la autoridad y para decir “aquí quien manda soy yo”. Los Castros están divididos, están debilitados, están desesperados y también con temor porque el tiempo se les terminó.
 
Por Karel Becerra



Es licenciado en Ciencias de la Computación (Universidad Central de Las Villas, Cuba), Secretario de Relaciones Internacionales del CID (Cuba Independiente y Democrática).

Fuente Infobae

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La Nueva República: Raúl no soltaba a Obama


Cuando Raúl Castro  saludó a Obama en Sudáfrica este pasado 10 de diciembre era como si Raúl Castro estuviera pidiéndole algo al presidente de los Estados Unidos porque no lo soltaba.  Obama quería continuar y saludar a la presidenta de Brasil como se pudo ver en el video.  Fíjense la impaciencia que denuestra la presidenta Dilma Rousseff.

Luego para salir del aprieto en declaraciones a la emisora La F.M de Colombia desde Johannesburgo, Raúl calificó como “normal” y de gente “civilizada” el apretón de manos que se dio  con el mandatario estadounidense. Pero como el comportamiento de  Raúl pareció humillante,  Fidel Castro se vio en necesidad de aclarar en un largo artículo insertando solo esto:

“Felicito al compañero Raúl por su brillante desempeño y, en especial, por la firmeza y dignidad cuando con gesto amable pero firme saludó al jefe del gobierno de Estados Unidos y le dijo en Inglés: “Señor presidente, yo soy Castro”.  

Es una aclaración de Fidel que fue necesaria por el sumiso  comportamiento de Raúl. 

La historia no termina con esta “aclaración de Fidel” porque por la misma razón Raúl se vio obligado, o fue obligado por su hermano mayor,  a decir:

"No reclamamos a Estados Unidos que cambie su sistema político y social, ni aceptamos negociar el nuestro…Ni nosotros, la llamada generación histórica de la revolución, ni las nuevas generaciones, permitiremos que se pierda la obra de la revolución".

La verdad es que una  foto habla por mil palabras. Como el mundo entero sabe, la revolución está en la quiebra, el país está en la quiebra y para mantenerse en el poder los Castro necesitan la inversión capitalista extranjera.  Necesitan a Obama y a los capitalistas de Estados Unidos.

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