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II parte: El asesinato de Alexander Litvinenko. ¿Por qué Putin lo quería muerto?


El primero de noviembre del 2006 en horas de la tarde dos ex compañeros del servicio de inteligencia ruso FSB que habían viajado a Inglaterra, invitaron a Alexander Litvinenko a reunirse.  En ese encuentro Litvinenko tomó una taza de té sin saber que había sido envenenada con un poderoso pero difícil de trazar material radioactivo conocido como Polonio 210. Litvinenko tardó en morir 22 días durante los cuales sus órganos vitales fueron destruyéndose. En Rusia había solamente un hombre con el poder y las razones para ordenar su muerte y dar la autorización para que se usara el Polonio 210: Vladimir Putin.  

Vladimir Putin en sus tiempos de agente de la KGB

Estas son las razones: en septiembre de 1999 explotaron bombas en tres ciudades rusas causando 307 muertos y 1700 heridos.  La masacre se llevó a cabo el día 4 en Buynaksk, el 9 en Moscú y el 16 en Volgodonsk. En una cuarta ciudad,  Ryazan, se encontraron explosivos similares que fueron desactivados y 36 horas después la policía arrestó por este fallido intento a tres agentes del servicio secreto ruso FSB, organización de la que Putin había sido jefe  y en la que como Primer Ministro tenía una gran influencia.  Los agentes fueron puestos en libertad con la excusa de que se encontraban en entrenamiento.  

Volgodonsk

Un día después de las explosiones en Volgodonsk, Vladimir Putin, entonces Primer Ministro de Rusia, ordenó el bombardeo de la ciudad de Grozny en la república separatista de Chechenia,  dando inicio a la segunda guerra contra Chechenia. En cuestión de meses esa guerra elevó la popularidad de Vladimir Putin, facilitó que el Partido Unidad controlara el poder en la Duma (parlamento) y que Putin alcanzara la presidencia de Rusia. 

Alexander Litvinenko

En 1999 Alexander Litvinenko era teniente coronel de la FSB, organismo de inteligencia sucesor de la KGB soviética. Trabajando como agente de la FSB Litvinenko estuvo implicado en la primera guerra de Rusia contra Chechenia en 1995.  Según la investigación de su muerte,  Litvinenko había quedado muy afectado por esa guerra y llegó a simpatizar con los chechenos.  Conocedor de las actividades de los espías de su país, Litvinenko decidió en noviembre de 1998 denunciar públicamente un complot para asesinar al magnate ruso Boris Berezovsky, crítico del presidente ruso Vladimir Putin y de la corrupción dentro del FSB. Esto motivó su expulsión de los servicios secretos y el comienzo de un proceso legal que le llevó a la cárcel a finales de los años noventa.

Boris Berezovsky 

A raíz de esta situación, además de temer por su vida, Litvinenko tomó la decisión de huir de Rusia con su mujer, Natalia y su hijo, para buscar asilo. Al llegar en noviembre de 2000 al aeropuerto londinense de Heathrow, donde estaba como pasajero en tránsito, Litvinenko solicita asilo político a las autoridades británicas.  Tres años después de entrar al Reino Unido, Litvinenko empezó a colaborar con los servicios secretos británicos MI6. Trabajó, para el el Sr. Boris Berezovsky y en Inglaterra trabajó como periodista, concedió entrevistas y escribió algunos libros, pero con el tiempo aumentó sus críticas contra el Kremlin, al que consideraba responsable de la muerte de la periodista Anna Politkovskaya.  

Litvinenko antes de morir

El libro Rusia dinamitada

Durante la investigación de la muerte de Litvinenko el servicio secreto británico MI6 llegó a la conclusión de que Litvinenko cruzó dos líneas rojas al acusar directa y mediáticamente al presidente Putin.  La primera tiene que ver con el libro que co-escribió "Rusia dinamitada", sobre el ataque terrorista que mató a cientos de personas en Moscú en septiembre de 1999 y por el que fueron culpados los chechenos.  El ex espía tenía otra explicación: los servicios secretos rusos pusieron la bomba para culpar a los chechenos e iniciar una nueva guerra.  

Historiador ruso americano Yuri Georgievich Felshtinsky

Felshtinsky, quien coescribió el libro, defiende sus conclusiones. "Este [ataque] ayudó a Putin (…) la reacción de la población fue: necesitamos un líder fuerte".  La segunda línea roja tiene que ver con un artículo que Litvinenko publicó en internet en julio de 2006 donde acusaba al presidente Putin de pedofilia. Su envenenamiento y muerte con Polonio 210 solo podía haber sido ordenada por el propio Vladimir Putin. En la próxima edición: El camino del Polonio 210.



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El crimen casi perfecto: El asesinato de Alexander Litvinenko


El ex agente de espionaje ruso Alexander Litvinenko, que había acusado al presidente de Rusia, Vladimir Putin, de crímenes y corrupción, fue envenenado con Polonio 210 a través de un té contaminado que tomó en un céntrico hotel de Londres, Inglaterra.  Estuvo a punto de convertirse en un crimen casi perfecto, porque este material radioactivo no puede ser detectado por los equipos normales que miden la contaminación radioactiva.  

Pero, casi diez años después, la investigación pública por la muerte de Litvinenko en Londres finalmente concluyó con la identificación de varios culpables. "Estoy seguro de que los señores Lugovoi y Kovtun colocaron el polonio 210 en la tetera", dijo el juez a cargo de la investigación, refiriéndose a los dos antiguos colegas de Litvinenko en FSB, la moderna KBG.  Pero Sir Robert Owen fue incluso más allá. "Hay indicios que permiten concluir que este fue asesinado por estos agentes de los servicios de inteligencia rusos en una operación "probablemente aprobada [...] por el presidente Putin", dijo. 

Alexander Litvinenko pidió asilo en Inglaterra en el 2000 después de haber huido de Rusia a Turquίa. A finales de octubre del 2006, Litvinenko recibió llamadas telefónicas de su excompañeros los agentes Lugovoi y Kovtun. Acordaron reunirse a tomar el té en un lugar céntrico de Londres, el primero de noviembre del 2006, en horas de la tarde. 

Litvinenko solo tomó té verde y todo concluyó de manera amable y amistosa. Esa misma tarde, el ex agente de la KGB comenzó a sentirse indispuesto, con síntomas que se acentuaron por la noche, incluidas altas fiebres.

El hematólogo Amit Nathwani quien fue uno de los principales miembros del equipo médico de Litvinenko explicó que: "Sus órganos vitales comenzaron a ser destruidos en un patrón secuencial. Primero su hígado, luego rápidamente sus riñones y su corazón. Estábamos en una carrera, tratando de descubrir la causa antes de que otros órganos fueran atacados".  

Tras 18 días en el hospital, su condición seguía siendo un misterio. Como último recurso, decidieron enviar una muestra de orina y una de sangre al ultra secreto centro de desarrollo nuclear de Aldermaston, al oeste de Londres. 

Primero utilizaron una técnica llamada espectroscopia gamma, que consiste en pasar energía para buscar elementos radiactivos que emiten rayos gamma. Cada elemento tiene una señal única a un nivel de energía particular.  

Los resultados parecían negativos, excepto por un pequeño aumento por encima de los niveles de base. Por pura casualidad otro científico, que había trabajado en las primeras décadas del programa de bombas atómicas británico escuchó al pasar la discusión de sus colegas. Lo reconoció de inmediato: la pequeña señal de rayos gamma correspondía a polonio-210, un componente vital de las primeras bombas nucleares.  

De pronto, todo hizo sentido. Por eso la radiación había pasado desapercibida en el contador Geiger del hospital: el polonio-210 emite una fuerte radiación de rayos alfa, pero muy poca, prácticamente nula, de rayos gama.  El científico Ian Shipsey explicó que el polonio-210 produce muchísima energía, pero en lugares limitados, ya que puede ser bloqueada fácilmente por elementos como papel o piel. Así que es difícil de detectar. "El polonio es 100% mortal. De ser ingerido, destruye las células del cuerpo". 

La mañana siguiente y tras examinar una muestra mayor de orina con instrumentos de primera generación, en Aldermaston tenían los resultados finales: polonio-210 confirmado. La noche de ese día, miércoles 22 de noviembre, los doctores de UCLH fueron notificados de que el veneno probablemente era polonio-210. No había mucho que hacer. Al tomarse el té contaminado en el hotel Millennium, Litvinenko comenzó a ser asesinado poco a poco, por dentro. No había vuelta atrás, ese té fue su sentencia de muerte.  Ese mismo 23 de noviembre murió Alexander Litvinenko.  

Antes de morir hizo una grabación acusando a Putin de ser el autor intelectual de su asesinato.  Entonces comenzó una larga y minuciosa investigación sobre su asesinato que La Nueva República publicará en su próxima edición.

LNR 184 La Nueva República A (1)
 

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