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¡PERDONAR ES MAS DIFICIL QUE ASESINAR! (Editorial de La Nueva República)


La respuesta del pueblo colombiano al referendo sobre la paz firmada en La Habana con el beneplácito de los Castro ha sido un contundente: ¡NO!

¿Cuál puede ser la explicación de esta derrota del Presidente Santos, de las FARC y…de Raúl Castro que desplego un increíble esfuerzo propagandístico vociferando a los cuatro vientos que su gobierno había obtenido lo que nadie en más de 50 años de guerra civil?

Sin lugar a dudas que el pueblo colombiano quiere y busca la paz, pero no al precio que Timochenko y Raúl, a fuerza de banquetes, cohíbas y fotografías habían obtenido de Santos, más deseoso de pasar a la historia que de obtener una paz con justicia.

Darle el beso del perdón a una banda de criminales y terroristas que cometieron durante años las peores atrocidades sobre campesinos indefensos el colombiano medio no lo quiere. Verle la cara eufórica en pasquines electorales a quienes pusieron bombas y ametrallaron mujeres y niños seria como ver a Hitler de nuevo candidato a la Cancillería alemana. O darle la oportunidad de obtener con votos el poder que no pudieron obtener con fuego y balas.

Y yo me pregunto: ¿podría Raúl prestarse a buscar la reconciliación entre el fascismo de los nostálgicos de Pinochet y la democracia de Michelle  Bachelet? ¿Por qué esa histeria colectiva en Argentina contra los militares para resucitar odios pasados mientras en La Habana se trata de callar odios presentes y donde los fusiles aún están calientes?

Aquí resalta esa terrible y cruel paradoja de la historia: ver como una de las dictaduras más crueles que haya conocido el mundo desde hace casi 60 años, que nació sobre miles de cadáveres fusilados, se haya convertido en templo de la fraternidad, el perdón y la paz. El pueblo colombiano ha comprendido perfectamente la trampa que le habían tendido porque quienes dieron armas y bombas a las FARC no pueden ser anfitriones de un tratado de paz honesto y justo. 

El pueblo colombiano sabe que el castrismo, un gobierno cómplice de los crímenes de las FARC, que ni siquiera supo perdonar a sus enemigos al triunfo de la Revolución ni ha sabido dialogar con sus propios disidentes no puede ser un interlocutor honesto de la paz.

¿Raúl Castro disfrazado en paloma de la paz cuando ayer sus cómplices de Venezuela proveían con armas y cobijaban a esos mismos terroristas en la frontera con Colombia?

La farsa ha terminado y las caretas de lágrimas no podrán esconder la sangre que derramaron en suelo colombiano.

Sí, Señor Presidente Santos, su pueblo quiere la paz pero no la de Raúl Castro y los hijos bastardos de la Revolución de Fidel y el Che que fueron Timochenko, Cesar Reyes y Marulanda, cuyo seudónimo era ya el título de un poema para la paz: ¡“Tirofijo”!

¡Perdón sí, pero también justicia!

Por Francisco Condis y Troyano
Profesor Emérito de Economía (Universidad Católica de Lovaina Bélgica).
Ex Consejero del Ministerio de Industria en Polonia.  
Miembro del Comité Ejecutivo del CID
Representante del CID ante la Unión Europea.  

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Ex capitán de las FAR denuncia injusticias del régimen


Yo fui capitán de las FAR y mi nombre es José Raúl Quevedo Hechevarría, en estos momentos estoy condenado a cinco años en la causa # 11 del 2016 por el Tribunal Militar de Holguín por el delito de malversación.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias me entregaron el apartamento ocho del edificio 13 del Reparto Hermanos Aguileras en la provincia Holguín.  Ese apartamento se le facilitó a más de diez oficiales, que lo usaban como un ingreso adicional. Yo llevaba más de nueve años viviendo en él y en los primeros cinco años me descontaron parte del salario como pago del apartamento.  Al final me comunicaron que ya era de mi propiedad, que es donde vive mi familia, mi esposa e hijos. 

En la sentencia de mi juicio ordenan quitarme el apartamento alegando que es un medio de ingreso de la FAR, pero yo pasé cinco años pagándolo y se me informó que ya era de mi propiedad.  Además, no han tenido en cuenta que si me lo quitan mi familia queda en la calle en total desamparo.

Me pregunto ¿cómo pueden desalojar a mi familia si ya ese apartamento no es de la FAR?  Lo que veo claramente es el extremismo para reprimir a los ciudadanos que no gozan de la confianza del Estado.  Esto sucede mientras los grandes están viviendo como reyes persas o faraones a costa de una sociedad humilde y empobrecida.

Por ex capitán de las FAR José Raúl Quevedo Hechevarría


Defensora del Pueblo y presidente nacional del CID Zuleidys Pérez Velásquez 


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