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Mi manera de pensar nunca cambiará

Yoan Labrada Morgado

Holguín, 26 de junio del 2017

A: Fiscalía Municipal de Holguín y Atención a la Ciudadanía.

De: Yoan Labrada Morgado, vecino de Calle 1ra # 1f3 % 6 y 12, Reparto La Quinta, Holguín, con número de identidad 80040520044.

Me dirijo ante ustedes teniendo en cuenta que vengo amparado en el ejercicio de queja y petición establecido en el Artículo 63 de la Constitución de la República.  La queja es en contra del agente de la seguridad del Estado quien se hace llamar Espinoza, debido al acoso, amenaza y persecución que constantemente mantiene en contra de mi persona y de mi familia.

Debido a mi manera de pensar y a mi convicción política, este señor me hace la vida insoportable y estoy seguro que en ninguna parte del mundo libre, el pensar diferente al gobierno es un delito. En esto, me apoyo en las palabras formuladas recientemente, en conferencia de prensa trasmitida por televisión, cuando hablaba de los derechos que no se violan en Cuba, y uno de ellos es el de pensar y hablar libremente.

A Espinoza no le basta con detenerme arbitrariamente y citarme a la unidad policial cada vez que quiere, sino que también manipula a los médicos en el hospital, como hizo hace poco cuando, encontrándome ingresado por dolores fuertes en el pecho, quiso cambiar los resultados de los exámenes.  Mi esposa, Esmeralda Cera, lo escuchó, y al reclamarle, también fue maltratada y detenida.

Ahora, ella también es un blanco de acoso por parte de Espinosa, quien no se mide para llegar a mi casa a cualquier hora y dejar, verbalmente la citación y la amenaza de meternos presos. La última vez lo hizo con nuestra hija de 11 años, Lisandra Tamayo Cera, quien se encontraba sola pues nosotros habíamos salido, a dos casas de allí, a buscar unas viandas.

Es posible imaginar el estado de nervios de la niña, como consecuencia del hecho de que ese señor sin escrúpulos le dijo que, si sus padres no concurrían a la unidad policial, vendría a detenerlos, y ella se quedaría sola.

Espero que la investigaciones necesarias sean realizadas, pues de todo lo antes expuesto existen testigos presenciales y que se tome la medidas que corresponda, que cesen el acoso y las amenazas en contra de mi familia y de mí, pues mi manera de pensar nunca cambiará y con este tipo de acciones se intensificará.

En espera de su respuesta, sin más Yoan Labrada Morgado.

Por Luis Jaime Merino Defensor del Pueblo.  Carta entregada a los responsables de Atención a la Población y a Fiscalía Municipal.   En las dos instituciones, cuando la leyeron, se negaron a firmar las copias de recibido. Yoan es delegado del CID en Holguín. 

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Sentí un dolor muy grande al ver a mi niña de siete años como me miraba y como gritaba desesperada: papa, papa...


El día 25 de febrero del año 2017a las 10 a. m. más de 25 uniformados nos rodearon la casita en que vivimos en la calle 41-A- casa  #8 F, Reparto Varona, Velasco, Holguín. Habían llegado en varios carros, entre ellos un jeep del Banco de color azul y blanco,  un Lada rojo-vino con unas listas verde oscuro sobre el capó y una patrulla de las que usa la policía.  

De inmediato me agarraron a empujones y golpes, me esposaron y me echaron como a un saco dentro del Lada que se encontraba a unos 10 metro de la casa.  Sentí un dolor muy grande al ver a mi niña de siete años como me miraba y como gritaba desesperada: papa, papa... 


Todos los esbirros empezaron un registro minucioso rebuscando cualquier huequito en la pared. Se subían en las camas saltaban, rompían los colchones para mirar lo que había dentro. A las ropa que estaba dentro y fuera del armario le registraban bolsillo por bolsillo y luego la tiraban al piso y le caminaban por encima. Sacudían la mochila de la escuela de la niña y ojeaban los libros y las libretas en busca de dinero, estaban obsesionados por encontrar dinero.

Se llevaron un disco digital donde teníamos las fotos de la niña desde que era pequeñita hasta hace poco, eran cientos de fotos y se las robaron.  Se llevaron el teléfono de mi esposa, Ana Rosa, un Alcatel que ella compró en ETECSA. Se robaron unos cuantos libros, entre ellos uno de José Martí que tenía más de 1000 pensamiento de nuestro apóstol.  También se robaron un herbicida que me había entregado una cooperativa a cambio de 1000 semillas de plátanos que necesitaban.

Registraban todas las vasijas, el refrigerador que tiene pegatinas que dicen “yo no coopero con la dictadura” por poco lo tumban tratando de arrancárselas pero no pudieron, están bien pegadas.

El esbirro Juan C. Espinoza y una  mujer policía le decían a mi niña que les dijera dónde estaba mi teléfono y la computadora, que si se los decía le iban a soltar a su papa. Cuando Ana Rosa fue a detener el acoso a la niña, que ya estaba aterrorizada, una policía la agarró y mientras le aplicaba una llave de estrangulamiento en el cuello para inmovilizarla, Espinoza le ayudaba sacarle el dinero y el móvil del ajustador, en el forcejeo le rompieron el ajustador a Ana.

Con las manos en la espalda por unas esposas tan apretadas que lastimaban, uno de los sicarios que se hace llamar Toni acercó su asquerosa cara a la mia y casi escupiéndome me decía:

“Alzate para casarte como una jutia, para llenarte de plomos y cuantas veces te manden dinero, sea quien sea, te lo voy a quitar”.

Ellos buscaban desesperadamente un computador y una impresora para que nuestra delegación no publicara más el semanario La Nueva República, que distribuimos al pueblo y que gusta mucho porque denuncia los abusos del régimen y la corrupción de los dirigentes y sus esbirros.  Con el computador hacemos los trabajos de la Defensoría del Pueblo con lo que reclamamos ante los entes oficiales los casos de las personas desprotegidas  y abandonadas para que no los deje morir o en el olvido.

Hicieron lo mismo con la  casita de la Gegira que yo uso cuando voy a trabajar en el campo.  Alli se subieron a la cama donde duermo, me rompieron el colchón y se robaron mis libros.

Con todo aquel aparataje de asalto contra un hombre desarmado y su familia me llevaron y me encerraron en las mazmorras de Pedernal, del centro de torturas que tienen a la salida de  Holguín.

Durante el tiempo que estuve detenido en este lugar me negué a ingerir alimentos. Estuve ochenta horas acostado en un muro de cemento porque no había otra cosa donde descansar.  Cuando pasaban la inspección me mandaban a ponerme de pie y yo les dije que no, que yo no había cometido delitos por lo que no tenía porque pedir clemencia ni rebajarme ante ellos. El primer día no insistieron pero el segundo día el calabocero Yander me agarró para arrástrame diciéndome muchas ofensas, hasta que uno que estaba allí le dijo que me dejara. 

Al día siguiente,  al grito de “deja que venga Michel para ver si es verdad que no te paras”, llegaron Michel y Yander. Michel me gritó “vamos a ver si tú no te paras” y yo le respondí: “solo no”.  Entonces me echó garra por un brazo y me arrastró hasta el pasillo donde caí dándome un golpe fuerte en la cabeza. Yander me agarró por los pies para arrastrarme cuando alguien les dijo que no, que me dejaran tranquilo.  Todo esto sucedió delante de dos enfermeras y como cuatro más de ellos.   

El propósito del robo, la destrucción de nuestras pertenencias, el atropello contra nosotros y el daño psicológico a mi hija son para obligarnos a retirarnos del CID y para que no hagamos oposición. No lo lograrán porque con ese proceder nos convencemos más de que hay que enfrentar a la dictadura, cueste lo que cueste.  La tiranía sabe que el pueblo no los quiere y teme mucho que nuestro ejemplo estimule a la gente a enfrentárseles. 

¡La lucha continua! ¡Viva Cuba Libre!

Por Manuel Martínez León, Auditor del CID en las Provincias Orientales y responsable de la Defensoría del Pueblo en Velasco.         

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De aquí no me muevo hasta que le den la libertad a mi esposo


Yo Ana Rosa Tamayo Torres, delegada del CID, Cuba Independiente y Democrática en Velazco,  denuncio que mi esposo Manuel Martínez León fue detenido y hago responsables a los agentes de la seguridad del estado y esbirros Toni y Espinoza de su desaparición. 


Me encuentro frente a la Seguridad del Estado de Holguín junto a Pedro Pablo Celestrin Reina,  otros hermanos que están por llegar aunque no sé si los han detenido.  Estoy aquí pidiendo la libertad para mi esposo y lo único que he recibido de los esbirros es maltrato y ofensas aún frente a mi niña de seis años de edad. Les juro por la libertad de Cuba que de aquí no me muevo hasta que le den la libertad a mi esposo.

Les pido ayuda a todos los hermanos del CID de toda Cuba y a los cubanos del exilio.  Gracias, Ana Rosa Tamayo Torres.

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