¿Quién era el Comandante Huber Matos?
¿Un héroe? Desde luego. ¿Un pensador y un estratega militar? Seguro. Pero también un hombre generoso y capaz de perdonar lo imperdonable.
Estábamos en París rumbo al Parlamento francés a una de las tantas reuniones que organizamos en Europa. En mi máquina iba el Comandante junto a mí, mientras yo iba manejando. Justo detrás del Comandante llevábamos a la reunión un escritor cubano cuyo nombre no diré porque aún vive. De momento ese señor agarra a Huber por los hombros y le dice con una voz de penitencia compungida:
“¿Huber, me perdonas por todo lo que te hice en Cuba? El Comandante se vuelve hacia él y con la condescendencia del profesor que perdona a su alumno que hubiera cometido una falta le responde: “Claro que si… (fulano) de todos modos todos hemos sido fidelistas en algún momento”.
Cuando estuvimos solos en el hotel Huber me contó que ese señor, en aquel entonces gran líder de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), durante el simulacro de juicio organizado por Fidel tras su renuncia, fue uno de sus principales acusadores, que lo trató de traidor y vende patria. Solo un hombre de la talla del Comandante era capaz de perdonar esa infamia.
“La palabra empuja pero el ejemplo atrae”.
El Comandante Huber Matos aplicó a la letra el adagio de San Francisco de Asís: “la palabra empuja pero el ejemplo atrae”. Aunque fue un orador extraordinario fue siempre un ejemplo de humildad.
Nunca olvidaré un gran mitin de cubanos en Barcelona. En la tribuna había muchos oradores tratando de arengar la masa. Huber estaba a mi lado junto a Paco Benítez y rodeado por esa masa oyendo los discursos con la atención que siempre prestó a la palabra del otro. De pronto alguien grito: “aquí esta Huber, aquí esta Huber…que hablé el Comandante”… Inmediatamente se oye un clamor surgido de todas partes: “Huber, Huber,…”. El Comandante no se movía y yo recuerdo que lo empujé casi hasta la tribuna mientras le decía al oído: “Huber te quieren escuchar y tienes que ir”. Su voz rompió un silencio casi de iglesia y los aplausos resonaron durante mucho tiempo. ¡Ah Huber, si nuestros hermanos del CID pudieran escucharte hablando de nuestra Cuba!
¡Gracias Maestro que me ensenaste de niño el amor por Cuba!
Ya hace tres años que te fuiste, Comandante y parece que fue ayer. No podemos olvidar tu mensaje y el destino que tú nos trazaste: “La lucha continúa”! Ya sé que es difícil luchar cuando nos falta el jefe para guiarnos y cuando sabemos (como yo) que por la edad y las enfermedades no veremos probablemente (como Moisés con la tierra prometida) la libertad en nuestra Patria. Nos consuela saber que en Cuba millones de cubanos podrán gozar de esa libertad que tu soñaste y por la cual sacrificaste la tuya. Comandante, descansa en paz que ya el deber de la lucha reposa sobre ese pueblo que ya no puede soportar más la tiranía. Tú nunca morirás en el corazón de tu pueblo porque cada año que pasaste privado de libertad en las prisiones de Fidel se convertirá en cien años de libertad para tu pueblo. ¡Gracias Comandante Huber Matos, gracias Maestro que me ensenaste de niño el amor por Cuba!
Por Francisco Condis y Troyano. Profesor Emérito de Economía (Universidad Católica de Lovaina Bélgica). Ex Consejero del Ministerio de Industria en Polonia.
Miembro del Comité Ejecutivo del CID
Representante del CID ante la Unión Europea.
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