martes, 28 de febrero de 2017

¿Quién era el Comandante Huber Matos?


¿Un héroe? Desde luego. ¿Un pensador y un estratega militar? Seguro. Pero también un hombre generoso y capaz de perdonar lo imperdonable. 

Estábamos en París rumbo al Parlamento francés a una de las tantas reuniones que organizamos en Europa. En mi máquina iba el Comandante junto a mí, mientras yo iba manejando. Justo detrás del Comandante llevábamos a la reunión un escritor cubano cuyo nombre no diré porque aún vive. De momento ese señor agarra a Huber por los hombros y le dice con una voz de penitencia compungida: 

“¿Huber, me perdonas por todo lo que te hice en Cuba? El Comandante se vuelve hacia él y con la condescendencia del profesor que perdona a su alumno que hubiera cometido una falta le responde: “Claro que si… (fulano) de todos modos todos hemos sido fidelistas en algún momento”. 

Cuando estuvimos solos en el hotel Huber me contó que ese señor, en aquel entonces gran líder de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), durante el simulacro de juicio organizado por Fidel tras su renuncia, fue uno de sus principales acusadores, que lo trató de traidor y vende patria. Solo un hombre de la talla del Comandante era capaz de perdonar esa infamia.

 “La palabra empuja pero el ejemplo atrae”.

El Comandante Huber Matos aplicó a la letra el adagio de San Francisco de Asís: “la palabra empuja pero el ejemplo atrae”. Aunque fue un orador extraordinario fue siempre un ejemplo de humildad. 

Nunca olvidaré un gran mitin de cubanos en Barcelona. En la tribuna había muchos oradores tratando de arengar la masa. Huber estaba a mi lado junto a Paco Benítez y rodeado por esa masa oyendo los discursos con la atención que siempre prestó a la palabra del otro. De pronto alguien grito: “aquí esta Huber, aquí esta Huber…que hablé el Comandante”… Inmediatamente se oye un clamor surgido de todas partes: “Huber, Huber,…”. El Comandante no se movía y yo recuerdo que lo empujé casi hasta la tribuna mientras le decía al oído: “Huber te quieren escuchar y tienes que ir”. Su voz rompió un silencio casi de iglesia y los aplausos resonaron durante mucho tiempo. ¡Ah Huber, si nuestros hermanos del CID pudieran escucharte hablando de nuestra Cuba!

¡Gracias Maestro que me ensenaste de niño el amor por Cuba!

Ya hace tres años que te fuiste, Comandante y parece que fue ayer. No podemos olvidar tu mensaje y el destino que tú nos trazaste: “La lucha continúa”! Ya sé que es difícil luchar cuando nos falta el jefe para guiarnos y cuando sabemos (como yo) que por la edad y las enfermedades no veremos probablemente (como Moisés con la tierra prometida) la libertad en nuestra Patria. Nos consuela saber que en Cuba millones de cubanos podrán gozar de esa libertad que tu soñaste y por la cual sacrificaste la tuya. Comandante, descansa en paz que ya el deber de la lucha reposa sobre ese pueblo que ya no puede soportar más la tiranía. Tú nunca morirás en el corazón de tu pueblo porque cada año que pasaste privado de libertad en las prisiones de Fidel se convertirá en cien años de libertad para tu pueblo. ¡Gracias Comandante Huber Matos, gracias Maestro que me ensenaste de niño el amor por Cuba!

Por Francisco Condis y Troyano. Profesor Emérito de Economía (Universidad Católica de Lovaina Bélgica).  Ex Consejero del Ministerio de Industria en Polonia. 
Miembro del Comité Ejecutivo del CID
Representante del CID ante la Unión Europea.  

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3 comments:

Santiago25 dijo...

El era incansable. A mí me sorprendía la fortaleza física que poseía con su noventa y tantos años encima. Tengo una anécdota muy bonita de una vez que íbamos para México. Ya su nieto, (quien lleva su mismo nombre) y Mijael Bonito habían preparado el recibimiento, entrevistas y homenajes en ciudad México. Nosotros saldríamos el día anterior al evento. Cuando llegamos al aeropuerto nos dimos cuenta que el pasaporte de Huber estaba vencido. Hicimos algunas llamadas y nos dijeron que nos llegaría un permiso especial del gobierno de México para que nos dejaran entrar, pero perdimos el vuelo esa tarde. Al día siguiente nos fuimos al aeropuerto temprano en la mañana y el permiso llegó como a las dos de la tarde, justo a tiempo para tomar el vuelo que salía esa tarde. Todo el que conoce el aeropuerto de Miami sabe los lejos que están los gates (puertas) de embarque de la terminal. Con el trajín del día anterior, la espera todo el día en el aeropuerto, más la larga caminata de los interminables pasillos, pensé que él ya estaba agotado. Cuando íbamos casi llegando a la puerta asignada, vi unos asientos en el pasillo y le dije: “Mira Huber, como tenemos tiempo aun para abordar, vamos a sentarnos un ratito”. Se me quedó mirando y con una sonrisa burlona me dijo: “¿Ya te cansaste?....está bien, siéntate que yo te espero aquí parado”. Abordamos el avión riéndonos de su ocurrencia.

28 de febrero de 2017, 9:15
Santiago25 dijo...

Angel Nicasio Bueno (Santiago25) Estuve junto a Huber desde mis 16 años hasta dos días antes de su partida.
Acababa de llegar al campamento de Mata Yeguas, en la finca El Carmen y después de entregar el mensaje que traía desde el Llano de Maceira, me acosté bajo la sombra de una enorme mata de macaguita a descansar la larga caminata entre potreros, bosques y cañaverales para evadir a las patrullas del ejército de Batista que se movían en la zona en busca de los rebeldes. Desperté y vi a mi lado, montado en un caballo a un guerrillero parado muy cerca de mí. Mirándome fijamente me preguntó: “Estas cansado?” Sin darle mucha importancia le contesté afirmativamente con un movimiento de la cabeza. Se sonrío y continuó su camino a la tienda de los Aranda, donde estaba la comandancia en aquel momento. Antonio Abella, un amigo y vecino nuestro de Sabanilla, cerca de El Cristo, vino a donde yo estaba y me preguntó:- “Que te dijo el comandante?” - Yo le pregunté, ¿Cuál comandante?, - “Ese que te habló es Huber Matos”. A pesar de haber estado alzado como dos meses, fue la primera vez que le vi y me extrañó que fuera él por la sencillez de su actitud, su forma de vestir y en el caballo tan destartalado que montaba. Desde siempre, su modestia y sencillez les acompañaron.

28 de febrero de 2017, 9:49
PANCHO dijo...

Sobre la resistencia física del Comandante Huber Matos pudiéramos escribir mil anécdotas. El recorrió conmigo en maquina miles de kilómetros entre Bruselas, Paris, Estrasburgo. Viajo por docenas de países en América (Norte y Sur), en Europa desde Las Islas Canarias hasta Polonia, pasando por Francia, Bélgica, Austria… Huber fue un verdadero peregrino, un misionero de la libertad de Cuba, denunciando en todas partes la Dictadura de los Castro y los sufrimientos de nuestro pueblo. Solo la muerte pudo detener su ímpetu y su carisma a la edad en que muchos viven tranquilamente su vejez. Su retiro le llegó cuando su corazón no pudo más…

28 de febrero de 2017, 13:30

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