miércoles, 17 de agosto de 2016

Convertir los cantos de sirena en la última cruzada



Al igual que en Venezuela en Cuba se atraviesa una crisis económica  y moral que castiga con severidad a la mayoría del pueblo.  Recientemente Raúl Castro admitió que el PIB (Producto Interno Bruto) de la Isla solamente creció un 1 % en el primer semestre del año, es decir la mitad la mitad de lo proyectado durante la última reunión plenaria del parlamento, celebrada en diciembre de 2015. Esta situación tiene muy preocupado a los cubanos que vivieron momentos amargos en la década de los 90 cuando la URSS colapsó y se desintegró  su imperio.  

En esos tiempos la economía cubana se fue a pique porque ya no podía contar con el cordón umbilical de la URSS que la mantenía a flote con una subvención anual de miles de millones de dólares.  Antes de esa crisis los cubanos no se preocupaban porque recibían educación, comida y salud pagada por los soviéticos. Si la economía de la Isla tenía un pobre desempeño, como era lo normal, la subvención soviética mantenía cierto nivel de vida en la Isla para efectos de propaganda. A cambio el imperio contaba con los soldados cubanos en Africa y el entrenamiento y exportación del terrorismo adonde conviniera, armas útiles  durante la llamada Guerra Fría.

Fue hasta la llegada del “periodo especial”  que los cubanos se dieron cuenta que ya no había URSS para vivir de ella y algunos empezaron a entender que con marchas multitudinarias y coreando contra los yanquis no se podía sostener a un país.  

Ante el fracaso del castrismo y la repetición por imitación de ese mismo modelo en Venezuela,  el heredero del poder en Cuba bautizó como “Sin pausa, pero sin prisa” el lento proceso de actualización que no es más que transformar la economía cubana en una capitalista en la que empresarios extranjeros en sociedad con los militares castristas se hacen dueño de las empresas estatales y de nuevas empresas aprovechándose de los sueldos de miseria que se paga a los trabajadores cubanos y por supuesto ignorando la participación ciudadana. Este es un nuevo periodo especial en que los cubanos se graduarán de esclavos al servicio de nacionales ya muy ricos  y extranjeros millonarios.

Sin duda alguna el régimen cubano vive momentos muy tensos y se encuentra nuevamente “caminando por el borde del precipicio” como ellos mismos admitieron en el 6to congreso del PCC. Saben perfectamente que el pueblo cubano no aguanta ni acepta otro periodo especial.  

El llamado de Raúl Castro a la calma con la falsa consigna que las medidas para el ahorro de combustible no afectaran a la población, es otro canto de sirena para calmar los ánimos de quienes, cansados de aguantar el peso del látigo en sus espaldas, se pueden revirar contra la crueldad del castro-comunismo y con el machete en la mano convertir los cantos de sirena en la última cruzada.

Por Rolando Pupo Carralero
del Comité Ejecutivo Nacional

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