viernes, 4 de septiembre de 2015

En Cuba: una comunidad víctima de la miseria y el olvido



El informe de la organización independiente Freedom House sobre las libertades en el mundo en 2014 supone un grito de advertencia. “La aceptación de la democracia como la forma dominante de gobierno en el mundo -y de un sistema internacional construido sobre ideales democráticos- está bajo una mayor amenaza que en cualquier momento en los últimos 25 años”, sostuvo Arch Puddington, Vicepresidente de investigación de Freedom House, en el documento presentado en Washington.

Existiendo dos causas principales y evidentes para ello: los regímenes autoritarios emplean métodos más agresivos y el riesgo terrorista se ha extendido. 2014 fue el noveno año consecutivo en que se registró un retroceso global de los derechos políticos y las libertades civiles, según el informe de la organización estadounidense.


Desde la Isla de Cuba y aunque sea en un marco más pequeño en dimensiones geográficas no deja de ser importante la circunstancia que describimos a continuación: Los activistas de la Defensoría del Pueblo del CID, de la delegación municipal de Diez de Octubre, Yoan Guzmán, Ariel Alonzo, Juan Manuel Lara y Steve M Pardo, en coordinación con las Bibliotecas independientes Reinaldo Arenas y Marisol Turraño visitamos el poblado mayabequense de Rίo Blanco, en las afueras de Santa Cruz del Norte, donde repartimos el semanario La Nueva República.



Allí pudimos apreciar las precarias condiciones en que viven sus habitantes ahora acrecentado por la rotura de la única turbina (de antiquísima fabricación soviética) que hacía llegar el agua hasta sus destartaladas viviendas, sembrados y  maltrecho ganado.

Es increíble que a más de 56 años de “revolución”, aun existan en Cuba asentamientos comunitarios en tan deplorables condiciones, muy por debajo del indicador de pobreza en la región.  Condiciones que no dejan tiempo siquiera a sus pobladores para andar pensando en el verdadero significado de la libertad o el valor de la democracia.

¿Será acaso muy atrevido y malévolo imaginarse que el régimen mantiene a comunidades como está al borde de la desesperación como herramienta coercitiva del raciocinio, como un proyecto de ingeniería social que nos hace cada día mas mediocres y dependientes de un estado totalitario que hoy quiere lucir magnánimo a los ojos del mundo democrático con el fin de perpetuarse en el poder con su ayuda?

Solo el tiempo dará la respuesta, mientras en Río Blanco seguirán tomando agua pestilente acarreada por yuntas de buey en pleno siglo 21.

Por Steve Maikel Pardo Valdés, activista del CID y Defensor del Pueblo en el municipio 10
de Octubre 



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