miércoles, 24 de junio de 2015

Desde lo profundo del dolor de Cuba




“Doce voces gritaban enfurecidas, y eran todas iguales. No había duda de la transformación ocurrida en las caras de los cerdos. Los animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y, nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro”. 
                                                                 
Párrafo final del libro  “Rebelión en la granja”  de  George Orwell


Cuando el alma sacrifica su transparencia, y la libertad ya no es una aspiración del espíritu, el hombre y el animal son identidades de un mismo rostro.       

E. Aquino

A veces caemos bajo el hechizo de las mismas corrupciones contra las que estamos luchando, y convertimos a los demás en víctimas de los mismos tormentos que hemos padecido.

Todos vivimos de fugas cotidianas; siempre hay algo de lo que queremos escapar. Sin embargo, esas necesidades de la inconformidad humana se vuelven patológicas cuando lo único que le da sentido a nuestras vidas es huir de la realidad que no podemos cambiar.

La vida bajo el totalitarismo nos convierte a todos en enemigos; de ahí, que para sentirse menos abusado -y hacer más soportable su condición de víctima- el ciudadano transite de la pasividad del esclavo a la ofensiva del abusador.

Han sido más de 50 años de sometimiento y extremas carencias; y aquellos sectores (en número muy reducido) que han mejorado su economía a través de diferentes alternativas –incluyendo la lucha política- tienen miedo regresar al estado de miseria que padecieron en toda su brutalidad, y volver a experimentar la humillación de la dependencia absoluta, lo que hace que muchos de esos nuevos favorecidos adopten las mismas estrategias y técnicas de lucha de sus verdugos, con el propósito de aumentar su capacidad defensiva -o cuando menos reducir su vulnerabilidad-, orientando la cólera de las fuerzas en el poder hacia víctimas más frágiles e indefensas.

Claro, que esta nueva clase surgida a la sombra de una tolerancia oportunista no es la consecuencia de una autonomía ganada a fuerza de trabajo, sino el resultado de alianzas y coqueteos ladinos donde el necesitado vuelve a someter a servidumbre su independencia; esta vez a intereses más negociables.



Miro en lo profundo del dolor de Cuba, y veo en su rostro el pesar inconsolable de sus mártires, con el alma crispada por la vergüenza de ver como la patria sigue expuesta al saqueo de los que la degradan y prostituyen, entre pujanzas y regateos, en una subasta donde lo más valioso ya fue vendido.


Por Ernesto Aquino

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1 comments:

PANCHO dijo...

Que palabras tan bellas y dramáticas para describir los más recónditos y obscuros sentimientos del verdugo de las dictaduras…Esas frases casi poéticas duelen más profundamente y describen mejor la tragedia cubana que cualquier panfleto.
Recuerdo aquella tarde en Paris en que yo llevaba al Comandante Huber Matos en mi automóvil a una de esas tantas reuniones que tuvimos en Europa. En la parte trasera del auto viajaba con nosotros uno de aquellos “testigos de la ignominia” que habían gritado “paredón, paredón…” en aquel show organizado por la Dictadura en forma de juicio…
Ese individuo (que supongo habrá muerto con la conciencia de los judas…) puso sus manos en los hombros de Huber y le pidió perdón por aquella ignominia.
El Comandante, con esos gestos que dan la medida de los grandes hombres, se volvió y simplemente le respondió: “No te preocupes C… todos fuimos fidelistas alguna vez…”. Lo que Huber no dijo es que él supo rebelarse a tiempo, antes de caer en la trampa que describe Orwell…

25 de junio de 2015, 14:12

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