martes, 28 de abril de 2015

Quedar de brazos cruzados, peor


El 17 de abril se cumplieron 4 meses del anuncio del reestablecimiento de relaciones Cuba-EEUU. El 19 hubo comicios para Asambleas Municipales del Poder Popular: asistieron 8 millones de votantes. Coincidieron con el aniversario de Playa Girón, cuando la intolerancia e incomprensión llevaron a matarnos entre nosotros, y que madres de acá y allá lloraran sin entender la razón del derramamiento de sangre y odios. Los ideólogos de la maquinaria mediática de la Revolución saben hacer lo suyo.

8’000,000. La población ronda 11’300,000. Descontemos niños, adolescentes, enfermos mentales, discapacitados, población penal. Con estadísticas reales, ¿serían elecciones con más asistencia que las de una nación con civismo y democracia? ¿habría una abrumadora mayoría secundando al régimen y acatando todo cuanto disponga?

Mire en cualquier calle: nada ha cambiado: la vida del cubano medio, la vorágine donde lo cotidiano está por superarlo, la cruda realidad, no ha cambiado tangiblemente, aunque exista ilusión, algo común entre cubanos de acá: vivir de ilusiones, sueños dormidos.

Muchos enfrentan una decisión difícil, trascendental. Los comprometidos con el régimen, necesitan un enemigo perenne que ofrezca argumentos para justificarse, los horrores del pasado y las dádivas del gobierno, pero esencialmente garantizar su status quo. Otros, más allá del mar donde se han perdido tantos cubanos inocentes, desean reencontrar seres queridos y la tierra donde nacieron. Otros con profundas heridas aun abiertas niegan el dialogo: obligados a dejarlo todo atrás para comenzar de cero, no pueden perdonar.

Sentimientos encontrados: júbilo, indiferencia, inconformidad, esperanza, escepticismo, ¿cómo caben en agendas de delegaciones diplomáticas, tejemanejes de la economía internacional, y lobbies que tras bambalinas realizan movidas maestras? Difícil vislumbrar qué pasará tras abrir la caja de Pandora; quizás lo necesario sea construir un puente para que los primos corran a abrazarse, como dice la canción de Arjona.

Después de tantos años,  separaciones, silencios y otros demonios, nada es simple; creer que el camino es sencillo es ingenuo. Quedar de brazos cruzados, peor: nuevamente el síndrome del pichón, esperando que todo caiga del cielo, a lo que bochornosamente muchos nos adaptamos, con ausencia total de voluntades y compromiso.


Por Steve Maikel Pardo Valdes, activista del CID en el municipio 10 de Octubre


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1 comments:

khispano atlántico dijo...

LAS ELITES PUTERAS (todas) DEL FIN CIVILIZATIO quieren seguir con su mandanga hasta el mismo dia del Juicio.... y si los bendice paco1 jesuitas mejor que mejor, vía Ortega habanero el del Gay2.

29 de abril de 2015, 13:44

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