sábado, 11 de octubre de 2014

La Serie Nacional de Béisbol: pase de lista con varios ausentes

Antonio Pacheco

La caída en picada de la calidad de nuestra pelota, entretenimiento nacional por antonomasia, no ve su fin cerca. Entre los peloteros estelares que comenzaron la pasada Serie Nacional de Béisbol (SNB) muchos no se encontrarán para la próxima. 

¿Dónde están los que faltan hoy? Muchos, cumpliendo el sueño dorado de jugar en Grandes Ligas. Otros, con un poco menos de suerte, compitiendo en torneos menos exigentes y quizá esperando la Gran Oportunidad. Pero eso sí: absolutamente todos están jugando en libertad, recibiendo el pago que merecen sus talentos y que de ninguna forma iban a poder tener en Cuba.

Cada SNB que comienza una buena parte del público se hace la misma pregunta: ¿quiénes no estarán la próxima temporada? Menos, definitivamente menos de los que hay hoy. 

El béisbol en la isla sigue decayendo, lo cual no quiere decir que el béisbol de la isla es malo, porque el boom de cubanos en la pelota norteamericana de los últimos años demuestra que en Cuba todavía se juega buena pelota y que de aquí salen buenísimos atletas. Lo que pasa es que a Cuba le falta lo fundamental que necesita cualquier beisbolista o cualquier ser humano: libertad. Quien juega en libertad es capaz de brillar; quien juega en un país como Cuba termina deseando irse.

Las grandes escapadas no se dan sólo con los jugadores del terreno, que levantan al público de sus asientos con sus jugadas espectaculares y todo el mundo se alegra cuando consiguen llegar al extranjero. También hay escapadas de los que conforman el cuerpo directivo o de entrenamiento: Antonio Pacheco, hasta hace poco un feroz defensor del régimen, estelar jugador de Santiago de Cuba, capitán de la selección nacional durante más de una década y todo un símbolo del castrismo y su béisbol “revolucionario”, pidió asilo político en Tampa, EE.UU. Esto quiere decir que hasta los más reconocidos símbolos del pasado renunciaron a sus famosas “convicciones”.

Está ocurriendo un fenómeno curioso: mientras más cubanos van para Grandes Ligas, más partidos de ese béisbol se transmiten en Cuba. Es como si les estuvieran incitando a irse a los que quedan aquí. ¿Quién hubiera dicho hace diez años que en Cuba se verían partidos de los Yanquis de Nueva York transmitidos por la televisión nacional?

La justificación para este comportamiento ambiguo de las autoridades cubanas puede significar, más allá del interés declarado de transmitir el mejor béisbol del mundo como mismo se transmite el mejor fútbol (las ligas europeas cuyos partidos son emitidos desde hace años), en lo innegable de ciertos hechos como que ya la ideología está agotada. Sólo falta reconocerlo de una vez. Pero quizá aún se tengan que ir muchos peloteros más para que finalmente los gobernantes de Cuba reconozcan abiertamente su fracaso, si es que no se lo llevan con ellos a la tumba.


Por Víctor Ariel González



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