miércoles, 20 de agosto de 2014

Huber Matos…la última vez que lo vi


A poco tiempo de la apertura de mi pequeña tienda y pocos a años de mi llegada al exilio en 2003 lo vi descender de su viejo carro y dirigirse a la Bakery San Lago en este Sur de Miami. Pasaba casi a diario en busca del pan cubano. No dude en acercármele, tomar su mano  y buscar su mirada esmeralda amiga. Fue una presentación breve, duró segundos que bastaron para mantener una amistad sencilla, que aboné con ahínco en agradecimiento a su sacrificio.

Durante sus visitas, conversación obligada era el tema Cuba y los escenarios que se planteaban cada día. Lo vi vibrar de indignación ante la muerte de Orlando Zapata Tamayo, muerto en desafío al régimen y junto a patriotas del exilio protestar en embajadas de países que apuntalan a los asesinos de la Patria. 

Le echaba de menos cuando faltaba a su visita y verle aparecer daba un toque alegre a esa hora del día. En una de esas oportunidades me regalo su libro. Su denuncia, ahí plasmó su dolor por Cuba  -Cuando llegó la noche- para que conociera yo, para que conocieran  la verdad los que nacimos con y bajo el sistema castro-comunista. En sus visitas no me obsequiaba flores, traía en sus manos de hombre bueno, tomates y calabazas que el mismo en su huerta cosechaba.

Situaciones personales me llevaron lejos del lugar de los encuentros. Llamarle por teléfono resultaba asunto algo difícil. Su edad, su esposa enferma. Pero cuanto le gusta al destino juntar a los que padecen del mal patrio! La vida me dio la oportunidad de acompañarlo ya en su hogar algunas veces. 

En un pequeño local  juntábamos voces y corazón. Minutos para trabajar “Hacia la Nueva República” el programa radial de la organización que fundara a la salida de prisión -Cuba Independiente y Democrática-  con la ilusión real de que su voz llegara a los cubanos de intramuros. Cada sábado pude estar a su lado en ese empeño.  Algunas veces enfermo, sin quejarse, se levantó para trasmitir su discurso. Su paso acompañado del bastón se mantenía erguido y si por breves segundos se tornaban imprecisos rehusaba el apoyo de mi hombro. La última vez que le vi se alejó a su habitación entonando una canción de los mambises “No recuerdas gentil bayamesa…”

Llego la noticia del adiós. Rosas blancas para el amigo que dormía el sueño eterno de la Patria libre. Mi sencilla despedida. Nos veremos Huber, ojala poder ser yo quien te lleve la noticia que te haga descansar en paz en la eternidad de los valientes! 

Patria, Pueblo, Pan y Libertad!  Tu grito de combate por siempre, Comandante Huber!

Por Lori Dίaz



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