jueves, 3 de julio de 2014

El raulismo, el vaso de leche y la realidad


“¿Dónde está el ‘vaso de leche’ que prometió Raúl?” es una pregunta muy frecuente entre los cubanos que prestaron atención a un discurso que hace años ofreciera el General-Presidente. Ese detalle sirve hoy como indicador para evaluar el avance de los “Lineamientos”, que son el eje del discurso raulista. Se esperaba que las políticas del sucesor de la dinastía Castro dieran lugar a modificaciones importantes, pero lo que se ha conseguido desde 2008 (cuando el actual presidente asumió oficialmente el cargo) ha quedado bastante por debajo de las expectativas de cambio: el vaso de leche no ha llegado, y todavía parece muy lejano.   La filosofía del gobierno cubano de hoy, “sin pausas pero sin prisas”, es un enfoque alejado de la realidad, en tanto la población continúa sufriendo los problemas cotidianos que existen desde hace décadas y que exigen soluciones inmediatas, sin pausas y con mucha prisa. Ahora también está el agravante de que cada día que pasa dichas soluciones están más lejos aún.

Para intentar justificar, si existe, el poco avance en materia económica que ha experimentado Cuba, los funcionarios del régimen afirman que “no puede haber terapias de choque”. El objetivo primordial, no declarado, de los cambios que han tenido lugar, es que el poder establecido se mantenga inalterable. El bienestar del país sería un efecto secundario o de menor importancia que no aparece por ninguna parte.  El vicepresidente del Consejo de Ministros, Marino Murillo, ha declarado que la solución de los problemas debe partir de “las políticas de Gobierno definidas en los lineamientos y no desde los actores económicos”.  O sea,  que el representante de los autores del fracaso económico de Cuba desprecia la fórmula de quienes conocen la economía de cerca, es decir, del sector privado. ¿Qué saben los burócratas del partido comunista sobre economía? ¿Qué han aportado de bueno? ¿Cómo puede funcionar una política económica que desoye a sus actores?

Más aún, el funcionario alega que una “mayor prevención” hará que desaparezcan las ilegalidades y los factores que ralentizan el crecimiento económico.  Sin embargo,  resulta difícil imaginar cómo sobrevivir en Cuba sin robar o, siendo un burócrata, sin corromperse.  El representante del gobierno no reconoce que el sistema de producción socialista en sí es un fracaso. Califica el crecimiento económico como “moderado”, cuando la tasa de crecimiento del PIB indica que el país anda muy mal.  El pequeño grupo que dirige Cuba continúa dando la espalda a las necesidades de sus gobernados. Los problemas, las carencias, seguirán su marcha hacia una situación todavía más crítica. Hay un viejo dicho que ilustra la situación: “haciendo lo que siempre se ha hecho, se conseguirá lo que siempre se ha conseguido”. De esa forma, se sigue postergando el cambio real mientras el futuro amenaza y el presente pasa la cuenta. 

Por Víctor Ariel González



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