sábado, 3 de mayo de 2014

Mandela y García Márquez: entre la indiferencia y el oportunismo


No hay dudas de la solitaria lucha de los cubanos por su libertad. Después de más de 50 años, los hermanos venezolanos han comprendido el drama que ha sido luchar contra el régimen comunista de los Castro. Una dictadura que todavía cuenta con admiradores en numerosos rincones de América Latina y el mundo, algunos de ellos, notoriamente conocidos.

En los últimos meses, con la muerte de dos personajes de resonancia mundial, ese doble rasero con que se mide a los criminales entre "asesinos buenos y asesinos malos", se ha puesto de manifiesto. Esta contradicción no puede causar otra cosa que pesar en un pueblo que ha sido víctima de complicidad e indiferencia internacional ante la tragedia infligida por el castrismo durante más de medio siglo. 









"Una imagen, vale más que mil palabras". ¿Qué decir de decenas de ellas?

Murió Nelson Mandela con honores. Decenas de presidentes acudieron a su entierro en África del Sur, lágrimas, elogios a su lucha, un cierre para la historia. En el funeral todos los jefes de estado, incluyendo el presidente de los Estados Unidos, estrecharon las manos a Raúl Castro y muchos seguramente le preguntaron por su convaleciente hermano Fidel, el entrañable amigo de Madiba. 

Nadie quiere tener en cuenta que Raúl Castro comenzó su carrera criminal el 4 de enero de 1959  cuando envió al paredón a 72 cubanos sin que hubieran sido juzgados con imparcialidad alegando: "Si uno es culpable, los demás también lo son. Los condenamos a todos a ser fusilados".  Entre los asesinados había personas que colaboraron con los guerrilleros de la Sierra Maestra en la lucha contra Batista.  No se les dio la oportunidad ni el tiempo para defenderse. 

La comunidad internacional prefiere ver en Raúl Castro al hombre de los cambios en Cuba, aunque su lista de víctimas no ha terminado.  Las más recientes son “el accidente mortal” del líder del Movimiento Cristiano de Liberación Oswaldo Payá, la misteriosa enfermedad que terminó con la vida en cuestión de horas de Laura Pollán, dirigente de las Damas de Blanco  y la muerte en una huelga de hambre “asistida” del heroico Orlando Zapata Tamayo en prisión.  

Mandela eran un gran amigo de Fidel Castro y visitó La Habana pero nunca se interesó por los miles de demócratas fusilados en Cuba, ni por los cientos de miles presos políticos. Tampoco indagó por un hombre como Armando Valladares que cumplió 22 años en prisión. A Valladares sólo le permitieron 13 visitas durante los 22 años que estuvo privado de libertad. Los cubanos ya sabemos que para mucha gente importante en este mundo "discriminar por razas está mal, pero discriminar por pensar distinto no".  Mandela fue uno de ellos.  



La amistad es indudable, extensa en letra y en imágenes

Hace algunas semanas recorrió el mundo la noticia de la muerte de otro notable caballero, Gabriel García Márquez. Lluvias de elogios, honores, e incluso incremento de las ventas de sus libros. Murió a los 86 años, al igual que Mandela tuvo tiempo suficiente para decir algo sobre los escritores cubanos perseguidos por el régimen de Castro, pero no dijo ni una palabra. 

¿Por qué Gabriel García Márquez nunca expresó una crítica por las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) donde miles de jóvenes, entre ellos escritores fueron arrestados y obligados a trabajar en campos de concentración. Allí hubo muertos y torturados para que sirvieran de ejemplo a quienes forzadamente se trataba de convertir en “hombres nuevos”. 

¿Por qué Gabriel García Márquez nunca le preguntó a su amigo Fidel Castro por el perseguido escritor disidente Reinaldo Arenas? Quizá el autor de Cien Años de Soledad se enteró del suicidio de Arenas en Nueva York, pero siempre guardó silencio. Como muchos, García Márquez había elegido el "lado correcto", el de los "amigos del comandante".

No hay rencor ni resentimiento al describir la amistad de Nelson Mandela hacia Fidel Castro. Hay tristeza ante el ejemplo de un hombre como Mandela, aclamado por el mundo por su papel en la reconciliación de África del Sur pero indiferente a la tragedia del pueblo cubano, tragedia que justificó y respaldo con su cercana amistad y admiración hacia el criminal más terrible de la historia de Cuba.  Quienes lo aplauden sin criticar esa contradicción también se suman a la insensibilidad sobre de lo que ha sucedido y sucede en Cuba. 

El contubernio de Gabriel García Márquez con Fidel Castro si merece un juicio más severo porque con sus frecuentes visitas  al dictador cubano el escritor se convirtió en palabras de Álvaro Vargas Lloza, en un “lacayo de Fidel Castro”. 

Así que podrán aplaudirlos los amantes de la literatura que separan al hombre y su arte del hombre y su moral.  Son los mismos que olvidan o no quieren saber que con el apoyo de Fidel Castro las guerrillas colombianas sembraron la muerte y la desolación en las ciudades y los campos de Colombia. 

García Márquez habrá inventado el realismo mágico mientras practicaba en Cuba un oportunismo reprochable y vulgar. 

Por Karel Becerra

Secretario de Relaciones Internacionales del CID. Es licenciado en Ciencias de la Computación (Universidad Central de Las Villas, Cuba).

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3 comments:

Nacho Montcada dijo...

Intereses, siempre los "intereses"

3 de mayo de 2014, 12:17
Anónimo dijo...

ESTA SY ES UNA MIERDA PERO ESAS MIERDAS QUE SE PAREN CON SANGRE DEL CULO JEJEJEJEJEJEJEJEJ QUE MALDITA MIERDA DE EL WEON QUE ESCRIBE ESTAS COSAS ME JOR DICHO QUE BOMITA TANTA MIERDA QUE SALE DE SU CABEZA RETORCIDA . JAJAJAJAJAJJAJAJAJAJA LES DIGO QUESU LENGUA SE LE COLOCARA BIFIDA TANTO HABLAR PESTES Y POR QUERIAS JEJEJEJEJEJE PERO IWAL ME ACEN REIR UN POCO Y ME ENTRETIENEN JAJAJAJAJA

8 de mayo de 2014, 20:56
Anónimo dijo...

Álvaro Vargas Lloza y quien es Alvaro jajajajajaja un contador de chistes jajajajaj

8 de mayo de 2014, 21:05

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